Por Eduardo Martínez
La costumbre de tener en las casas un espejo cerca de la puerta principal a la calle, a veces para verse de cuerpo completo, tiene su origen en el chismorreo hogareño sobre el aspecto de las demás mujeres que se encontraban al salir.
Esa costumbre viene de una vieja expresión que oíamos en nuestras casas, dicha por supuesto entre mujeres, era cuando veían en la calle a una vecina mal ataviada, que desentonaba con vestimenta, maquillaje o peinado: ¿y esa no se vio en un espejo antes de salir de su casa?
Eso llevaba a las mujeres, que se auto calificaban de “decentes” a verse en un espejo como una especie de revisión última y estar a la altura de su condición familiar. Era como una especie de “control de calidad” en su protocolo de salida a la calle, en el ítem de la “apariencia familiar”.
Hoy en día esa costumbre se ha perdido. Es raro ver en el pasillo de salida de los hogares a la calle un espejo. A lo sumo, un espejito para verse la cara.
Sin embargo, la idea se mantiene…aunque con el tiempo ha evolucionado.
El objetivo cambió. Es más personal, de auto revisión. Tiene que ver con el comportamiento de quien se ve en el espejo. Y para ello, no es necesario un espejo físico. Es de escudriñamiento del activar propio, del desenvolvimiento. Aunque en el caso de las mujeres, esa inclinación femenina de verse bien, sigue vigente.
Los hombres no escapan de ese verse en el espejo antes de salir. Es un rito el revisar el peinado, el nudo perfecto de la corbata, las arrugas de la camisa y el saco, y hasta el rasuramiento de la cara y hasta el orden en la barba y el bigote… en fin, es la vanidad masculina que también se impone.
Viendo hacia adentro
Pero verse hacia adentro puede ser también auto-reflexivo, casi un acto de autocrítica. Eso sí, si se tiene conciencia de que se pueden estar cometiendo errores, y es el primer paso hacia la enmienda, porque de los errores también se aprende. Lo que requiere que la persona tenga conciencia, y además, tenga capacidad de enmienda y rectificación como consecuencia.
Extrañamente nos conseguimos con personajes del tipo “sabroson”, que con una gran estima personal siempre piensan que se la “están comiendo”. ¿Errores? ¿Cuáles?.
Simultáneamente, existen otras personas que son inseguras. Esas, que al verse en el espejo están sujetas a las influencias de quienes se le acercan para sugerirle los colores que le hacen destacar, la moda que deben seguir, la tonalidad de los maquillajes, y los estilos del peinado. Esas personas que ante el espejo se preguntan: ¿Estaré bien? Siempre supeditando la respuesta al criterio de otros.
Cuando se tiene poder…
Cuando se llega a un puesto de poder, sea grande o pequeño, las influencias aumentan en eso de “congraciarse” con la jefa o el jefe”.
Así entramos en el terreno de la adulación. Y con el ingrediente de la vanidad, tal vez, si es una jefa, las expresiones “está perfecta jefa”, “como le asientan los colores pasteles”, “es una reina en la corte de Luis XIV”, “ese pelo de un solo color sin matices, sin tonalidades, y perfectamente alisado como Lila Morillo” (a lo mejor sin el cocotero), son expresiones que hacen mella en el ánimo del adulado y eso sin duda alguna se va a reflejar en el espejo.
Lo cual nos lleva a señalar que verse en el espejo tiene también sus riesgos. Porque, así el espejo sea un inerte objeto, una cosa, puede decir mentiras y hacer, contra toda racionalidad, que la esposa de Shrek se vea como Blanca Nieves. Y seguirá siendo, la esposa de Shrek.
Hay que verse en el espejo, y aprender de los errores para no volver a cometerlos … porque esos: No los queremos de vuelta.
Editor, www.eastwebside.com
Gráfica: fotomontaje de fotografía publicada por dw.com con fotografía de las vallas en las autopistas.