Venezuela: Industrializar desde “cero”

Por Eduardo Martínez

Desde 1999, la acción de la “Revolución Bonita” destruyó casi todo el esfuerzo emprendido para sembrar de industrias a Venezuela. Ese esfuerzo, de todos los gobiernos anteriores desde la administración colonial, había  fomentado en mayor o menor grado. Obteniéndose los mejores índices a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial (1945), y acelerándose con la instauración de un régimen democrático (1958).

Para principios de 1999, en el país estaban en funcionamiento cerca de 12 mil empresas manufactureras, con un alto porcentaje de uso de su capacidad instalada.

Entre los sectores industriales destacaban la industria petrolera, y las llamadas empresas básicas de aluminio y acero. Su producción, alimentaba no la manufactureras locales de plásticos, productos refinados, láminas y perfiles, tanto de hierro como de aluminio.

En el área de los servicios, la generación y distribución eléctrica alimentaba a plenitud la producción de las 12 mil empresas.

Hoy en día, todo eso fue borrado. Las urbanizaciones industriales son cementerios de galpones -muchos de ellos desmantelados- a lo largo y ancho del país.

No todo se destruyó, quedan cerca de 2.500 industrias -de las existentes para 1999- que todavía producen “algo”. Un “algo” que Conindustria ha estimado entre un 25% y un 30% de su capacidad instalada.

Esas empresas no solo satisfacían necesidades del mercado interno venezolano, también exportaban sus excedentes. No tanto como el país requería que se exportara, aunque generaban también ingresos en dólares.

El petróleo seguía siendo la gran fuente de exportaciones, y se nos había sido difícil cambiar nuestra dependencia del petróleo. Éramos un país “monoproductor”. Ahora, no sabemos que somos.

A simple vista, sin profundizar en los detalles de la situación, es obvio que necesitamos re-abrir esas industrias que cerraron. Lo que no será fácil en algunos casos, y en la mayoría será imposible.

Para empezar, hay que tener presente que la mayor parte de las industrias fueron desmanteladas. No será cuestión de abrir los portones, y luego pasar el suiche a “ON”.

En segundo lugar, luego de 20 años de  desinversión industrial, la infraestructura maquinarias, equipos y procedimientos productivos está anticuada. El país ya no cuenta con tecnología moderna para producir en términos de eficiencia y efectividad, para competir en los mercados internacionales – en exportación- y de competir localmente con las importaciones que el mismo Estado fomenta y alienta.

En tercer lugar, las políticas bancarias y financieras, ha estrangulado de tal manera la actividad intermediadora de la banca, que el “crédito” es una actividad inexistente en Venezuela, sobre todo para el sector industrial.

En cuatro lugar, hay que repotenciar el sector servicios para que manufacturas puedan operar: acueductos, generación y distribución de electricidad, combustibles y aceites, educación técnica, atención sanitaria, entre otros.

En estas condiciones y contexto, se hace necesario industrializar al país desde “cero”, y prácticamente nadie se ha dedicado a estimar cuánto necesitamos para arrancar de nuevo un sector industrial venezolano.

Mientras estos ocurre en Venezuela, debemos de ver o que está sucediendo del otro lado de nuestras fronteras.

Del otro lado de la frontera

Brasil- Indice de Producción Industrial (IPI)

Brasil atraviesa una crisis en su producción industrial. Desde septiembre del 2020, cuando su Indice de Producción Industrial (IPI) registró un +10% mensual, el índice fue cayendo desde entonces -mes a mes- hasta tener un oscilante entre pequeños valores negativos y positivos.

Sin embargo, el gobierno brasilero ha picado adelante con un Plan de Reindustrialización, para lo cual destinó esta semana un plan de financiamiento de inversiones a 4 años. Plan al que se destinaría 21.530 millones de dólares, a una tasa preferencial del 1,9%.

Debemos empesar de “cero”. Antes comencemos, será mejor. No podemos sentarnos simplemente a lamentarnos y para ver lo que pasa frente a nosotros.

Fotografía: Cortesía La Razón

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@ermartinezd

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