Venezuela: entre lo superficial y lo profundo

Por Eduardo Martínez

La realidad de Venezuela es como la autopista del Este y la avenida Libertador: las dos a la vez. Una cosa pasa arriba, y otra cosa pasa abajo. Lo que hace que dos conductores, guiando sus vehículos en dos niveles distintos, tengan visiones distintas sobre el tránsito.

Mientras el que va en el segundo piso diga que todo fluye sin problemas, el que va abajo refiere que los vehículos no avanzan. Ambos, con opiniones diametralmente opuestas, tienen razón.

Venezuela en estos días, luego de los acontecimientos del 3 de enero, también nos ha resultado una autopista de dos niveles. Se gobierna en dos instancias distintas; se interpretan los resultados desde dos ópticas distintas; y como ocurre en estos tiempos de virtualidad, se tienen múltiples puntos de vista. ¿Todos son válidos?… no siempre.

Sin embargo, independiente hacia donde se quiera ir, es difícil creer hacia donde van las cosas.

Tal vez el mejor ejemplo sea el de una “presunta” recuperación económica.

La administración en Washington propaga la idea que Venezuela está en el camino del crecimiento económico y de un cambio radical de las reglas de juego. Eso incluiría la información de que al país estarían llegando miles de millones de dólares en nuevas inversiones.

El gobierno interino de Caracas, heredero de las gestiones propagandísticas de sus dos etapas anteriores, no se cansa de proclamar un cambio total con paz y unidad. Pero aquí estamos acostumbrados a esas políticas de micrófonos y mentiras. Los presos siguen presos, los bienes apropiados siguen en manos ajenas, y los perros de la represión siguen dando mordiscos en las calles.

Además, la circulación del dinero no se manifiesta ni aguas abajo, ni aguas arriba. Lo que se refleja en la opinión cotidiana de la población que no soporta las estrecheces económicas y la falta de oportunidades.

Si se le pregunta a los directivos de las principales empresas de Estados Unidos -que presuntamente realizarían grandes inversiones para recuperar la economía venezolana- sus respuestas ya no son un secreto y comienzan a convertirse en tinta negra en los medios de comunicación.

Los CEO de conglomerados industriales importantes han manifestado su desconfianza en el proceso que se adelanta. Como ha comentado el presidente de una de las empresas más importantes en su sector, “todo lo que hemos pedido, nos lo han concedido tanto en EEUU como en Venezuela”. Solo que aguas abajo, ya en el territorio venezolano, las tramitaciones en Venezuela están detenidas.

Así, sin importar las autorizaciones al más alto nivel, en los pisos de abajo de notarías, registros, autorizaciones locales y ministeriales, entre otras, los trámites van lentamente.

En otro caso, una multinacional “que planeaba venir con todo” y ya lista para desembarcar, sus asesores legales y comerciales les han sugerido detenerse y analizar mejor la situación.

En el caso de esta empresa, reconocen que les han otorgado “todo lo que pidieron”. Sin embargo, no se atreven a tomar la decisión final porque “no saben dónde están las trampas”. Algo que los empresarios locales conocen “de sobra”.

Esta situación que empiezan a visualizar los inversionistas estadounidenses se reduce a una sola expresión: “falta de seguridad jurídica”. Seguridad sin la cual, no hay la confianza necesaria.

… y la desconfianza no para

Cuando un inversionista aterriza en Maiquetía, tan solo al bajarse del avión, sigue viendo los signos del régimen, cristalizados en gigantografías con las imágenes de los apresados el 3 de enero y la frase: devuelvanlos. Lo que se magnifica y extiende en los sucesivos carteles y vallas a lo largo de la autopista.

Ya en Caracas, la lectura de los informes de inteligencia corporativas muestran y demuestran que lo sustancial no ha cambiado: la fiscalía sigue estando politizada, los tribunales siguen teniendo los mismos jueces, etc.

Eso les lleva a pensar: si tenemos una controversia judicial, ¿quién nos garantiza un juicio justo?.

Venezuela se mueve en un momento idílico que es superficial, donde cada quien cree lo que quiere creer. En tanto, se va imponiendo una realidad profunda, arraigada por casi tres décadas de decrecimiento económico, corrupción, lenguaje incendiario sin resultados, y con una pobreza extrema que ha arrasado con la clase media, ha llevado a la miseria a los pobres y convertido en pobres a unos ricos que no se han dado cuenta que ya no son ricos.

Es la Venezuela de la crisis que sale a flote con la llegada de la avanzada del presidente Donald Trump.

Editor, www.eastwebside.com

Fotografía: Cortesía Efecto Cocuyo

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