Por Eduardo Martínez
Durante varias generaciones, fueron las novelas de vaqueros -primero- y luego en las películas de cine -después- que las historias del viejo oeste norteamericano apasionaron a niños, jóvenes y adultos. Para finalmente llegar a las pantallas de los televisores.
Luego, con el tiempo, estas historias que hicieron famoso a Clint Eastwood, irían desvaneciéndose. Los actores que no se adaptaron a las nuevas historias, y a pesar de sus mañas, saltos de talanqueras y malabarismos, hoy en día nadie -de ellos- nadie se recuerda.
Sin embargo, en las cajas olvidadas quedaron arrumadas las novelitas de vaqueros, que podían comprarse en una época en los quioscos a la vuelta de la esquina. Y lo que si quedó para siempre fue la expresión: “cuéntame una de vaqueros”.
Popular dicho utilizado todavía hoy en día para calificar y dejar de lado, esas explicaciones que suelen dar ciertos personajes, para explicar lo inexplicable, y dar pinceladas de verdad a lo que es mentira.

El esquema de las vaqueras
Lo esencial del esquema de las novelas y películas de vaqueros, era simple y repetido en cada historia. Estaban los buenos y los malos, las mujeres maltratadas, el desierto, los pueblos fantasmas, las diligencias con su cargamento de oro, el duelo de pistoleros, y los malechores…. siempre enmascarados.
El remake venezolano
Aunque puede haber bastantes similitudes y analogías de estas historias de vaqueros con la Venezuela actual, en esta ocasión nos ceñiremos únicamente a los asaltos a las diligencias; en un momento en que los venezolanos nos montamos en la carreta que nos lleva a un futuro promisorio y nos aleja del mal y los pueblos fantasmas, controlado por los vaqueros malos.
Apenas iniciado el recorrido por los caminos polvorientos, y no exentos de riesgos y dificultades, aparecen en la distancia una banda de forajidos enmascarados. Con disparos al aire, siempre tratan de amedrentar al carretero, para que detenga los caballos que ponen en movimiento a la carreta.
El objetivo es apoderarse de la caja de caudales que lleva el oro, que no es otra cosa que la esperanza de los mineros. Y dependiendo de lo que dice la “censura” de la historia, hasta abusar de las mujeres que van dentro de la cabina. Después de todo, son malechores sin ley, que escriben a conveniencia sus propias leyes.
Así sucede con esta Venezuela actual y la Primaria del 22 de Octubre, el inicio de una etapa que permitiría a Venezuela salir de este Viejo Oeste en el que estamos.
Y por más «amoroso» que se presente, que el CNE nos cuente otra historia. Y que sea de vaqueros, porque esta, ya la conocemos.
@ermartinezd