Se busca un amigo que le hable claro al Presidente

Por Eduardo Martínez

Las personas, sin importar su posición social dentro del país y pueda que sea un chofer de autobús o el presidente mismo en ejercicio -o ambas, se requiere que de vez en cuando un amigo cercano le hable con claridad.

Todos tenemos nuestras altas y bajas. En ocasiones nos equivocamos, y en otras tantas acertamos. En todo caso, podemos estar ante un desastre personal cuando creemos que “nos la estamos comiendo”, y no hay nadie de nuestra confianza que nos advierta los errores en los que estamos incurriendo.

Cuando la persona en cuestión tiene altas responsabilidades, las consecuencias van más allá de ser un desastre personal para transformarse en un desastre nacional.

Desde que el finado Hugo Chávez se instaló en Miraflores (1999), se empezó a advertir que íbamos hacia un desastre. En el 2013, eso fue lo que heredó Nicolás Maduro: el desastre. Nadie merecía una herencia de esa magnitud.

Aunque también hay que advertir, que la gestión de Maduro ha tenido su cuota parte de responsabilidad en la profundidad de las consecuencias del poder ejercido por Chávez.

Como todo presidente que habita y despacha desde el palacio de misia Jacinta, al final de la avenida Urdaneta en Caracas, no faltan aduladores. A pesar de que la mayor parte de esos aduladores se quedan en las afueras, porque no los dejan entrar. Eso es una tradición, y no es característica exclusiva del actual período presidencial.

Todos esos aduladores, y los que quieren serlo -que como mencionamos anteriormente son más- sin haberlos oídos podemos asegurar que estarán diciendo: “que obra gobierno” … “es extraordinaria” … “todo un timonel en esta coyuntura internacional” … “hay que re elegirlo a perpetuidad, señor presidente”… “el más esclarecido presidente desde que el cacique Guaicaipuro jefeaba a pata pelá el Valle de Caracas”… y otras tantas expresiones de la adulancia donde ya el cielo no tiene límites.

¿Habrá alguien que le haya cuantificado al presidente de como se mide el desastre? Realmente es de dudar, porque los números que nunca engañan son muy grandes:

  • 8 millones y medio de venezolanos que emigraron.
  • Devalución del bolívares con tantos ceros que no sabemos como leerlo.
  • Destrucción de la infraestructura petrolera construida a pulso en 100 años.
  • Minimización de las industrias básicas.
  • Precario servicio de electricidad y agua potable.
  • 9.000 empresas manufactureras cerradas.
  • Hiperinflación de miles de porcientos, que nadie entiende la cifra pero que le vacía los bolsillos.
  • Salario mínimo, que lo único que hace es ser mínimo porque no da para nada.
  • Y paren de contar…

Eso es lo que nos ha ocurrido en Venezuela. Los venezolanos lo ven, lo sienten y es el tema diario de conversación. Mientras al presidente, le hace falta un amigo que se le acerque y se lo diga. Hay que buscar a ese amigo.

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@ermartinezd

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