Se acabó lo que se daba

Por Eduardo Martínez

Ya estamos en los últimos días de la campaña electoral presidencial. Una etapa atípica de nuestra historia republicana.

Lo único que pareciera repetirse, con contadas excepciones, es que se enfrentan de nuevo dos maneras distintas de ver el país y de actuar políticamente.

Por una parte, un candidato a la reelección para extender por 6 años una acción de gobierno. Por otra parte, una oposición que no solo se levanta con un candidato presidencial de ideas democráticas, sino que también viene con propuestas concretas para acabar con la caída libre hacia una miseria -cada vez más profunda- y comenzar un nuevo amanecer hacia el progreso, el desarrollo, la recuperación social y económica, que restablezca el bienestar ciudadano.

Las condiciones siguen siendo las mismas, como cuando en el Siglo XIX el dirigente opositor Mocho Hernández recorría los polvorientos caminos venezolanos, para transformarse en una alternativa popular. Frente al Mocho, se tenía un gobierno con poderes autocráticos. No es distinto en estos tiempos. Aunque no podemos comparar esos personajes con lo que hoy tenemos en la competencia electoral.

En esta oportunidad el régimen no cuenta, con los inimaginables recursos que disfrutaba Hugo Chávez, para comprar voluntades. En sus últimas apariciones como candidato presidencial a una re elección, son todavía motivos para el recuerdo, la flota de camiones que recorrían el país repartiendo electrodomésticos.

Tal vez el episodio más grotesco, fueron los televisores de 65 pulgadas, entregados en los cerros de Caracas y del interior, en viviendas dónde no cabían en ninguna de las paredes ni espacios.

Si, los tiempos cambiaron. Son dos los hechos significativos: La crisis producida por la gestión del gobierno de Nicolás Maduro, por una parte; y el robo despiadado de 27 mil millones de dólares, que mantiene presuntamente en un calabozo a uno de los delfines del régimen.

La verdad es que se quedaron sin los reales, sin lo cobres, como dicen en el Zulia.

Se acabó lo que se daba. Y de eso la contraparte. Para el régimen se acabaron también los votos que el pueblo venezolano les daba. Ese pueblo, en su miseria a la que ha sido llevado, es lo único que tiene para dar: SU VOTO.

Editor, www.eastwebside.comwww.economiavenezolana.com

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