Rosario Orellana: Sobre la privación de derechos políticos y el léxico

Por Rosario Orellana

Las anti democracias utilizan el lenguaje en modo planificado y útil a sus propósitos de colonización de la emocionalidad o lavado de cerebro inhibidor de la racionalidad o ambos, si se prefiere.

¿Acaso no es bonita la auto denominación aquella “sendero luminoso”?

Para un solo botón de muestra más global, el trasnochado comunismo traído de vuelta al tapete pretende obviar el desprestigio generalizado y ligado al absoluto fracaso haciéndose llamar progresismo, expresión inevitablemente vinculada al progreso. Basta pasearse por el DRAE para constatar la bondad de esa palabra. Pero igual se baila con el lenguaje al compás de la fantasía orquestada, olvidando que cada vocablo conocido invoca en la mente sin que sea consciente, una imagen, una idea o un concepto bien con sentido positivo, negativo o neutro.

Los demócratas, al menos los venezolanos, hemos sido y seguimos siendo contribuyentes involuntarios de posicionar, por repetición, el léxico que desea imponer el castrocomunismo vía sus marionetas locales.

Que se diga en forma irónica no me luce que cambie algo.

Con frecuencia y sin percatarlo, se deja de lado que la resistencia más barata porque nada cuesta, más fácil, no violenta y sin riesgo es precisamente evitar prestarse, inadvertidamente, a ser agente de las expresiones que se proponen posicionar.

Para aterrizar en lo nuestro del momento que motiva estas líneas, tal y como ha sido explicado sin cansancio, la inhabilitación a algún ciudadano para ejercer sus derechos políticos es una figura jurídica del ámbito penal.

Que la cosa esa que detenta el poder

llame inhabilitación a una arbitraria, írrita y atrabiliaria decisión de un órgano de vigilancia a la administración que también controla en tanto que parte de la sastrería jurídica confeccionada en modo espurio, es propio de la torcedumbre, la farsa y la manipulación usual aplicada contra cuánto bien da escozor a su perversa naturaleza. En cambio, me luce deseable que sea llamada de otro modo incluso por quiénes analizan e informan con sobrada razón, acierto y sana intención la improcedencia e ilegitimidad del desafuero, aun para destacar que la infame decisión carece de sustento legal, sin contar con uno solo de los supuestos de hecho previstos para que un sistema judicial que medianamente administre justicia la pueda imponer.

Los expertos en comunicación seguro hallarán un montón expresiones apropiadas para emplear en lugar de nombrar lo que no es tal.

Solo para cerrar con algo propositivo, oso mencionar a título de ejemplo algunas posibilidades.

Segregación vil, exclusión anti democrática, discriminación ruin, persecución cruel, una forma más de represión de las libertades.

En fin, seguro que también hay incontables modos de poner en práctica la resistencia más sencilla ante este y frente a cuanto abuso se les ocurra, cada vez más deslucidos.

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