Por Ricardo Israel
Sin duda Venezuela se encuentra en transición. La pregunta es de que tipo. Cuando son enseñadas se distinguen tres modelos: rupturista, institucionalizada y negociada. Toda transición es un proceso y las reglas del juego dictan que se puede tanto avanzar como
retroceder. Rupturista fue la sandinista y hoy la dupla Ortega- Murillo es una dictadura, igual o peor que los Somoza. Negociada fueron tanto la española como la uruguaya, mientras que los casos de Chile y Brasil corresponden a transiciones institucionalizadas.
Desde el momento que el caso venezolano transcurre en una institucionalidad heredada de la dictadura es una transición institucionalizada, con la particularidad que se da una situación donde Estados Unidos ha impuesto un virtual protectorado, por lo que la duda es si podrá transformarse en una negociada, negociada con el chavismo y con la Casa Blanca. Si mencionamos al chavismo es porque en Venezuela hay optimismo sobre el futuro del país, pero el problema es que se fue el dictador, pero se mantiene la dictadura. Además, podría darse una situación similar a lo que tuvo lugar en Argentina con el peronismo, ya que todo indica que el chavismo o sus restos han sobrevivido, por lo que hay que luchar para que sean minoría y no mayoría, como ha sido característico del justicialismo argentino durante muchos años.
Las transiciones son procesos complejos que no son un lecho de rosas y que obligan a mucha autocontención y disciplina, toda vez que existe la necesidad de tomar decisiones difíciles. Por ello, para tener éxito se requiere lo que los griegos del periodo clásico pedían de sus gobernantes, que fueran como un gran timonel que conduce la barca del Estado a buen puerto, tanto en mar calmo como en tempestad. Por ello, para mi persona, una de las mejores definiciones sigue siendo la del expresidente uruguayo Julio María Sanguinetti quien dijo que además de lo señalado en la literatura especializada, “había que combinar los temores de los que salen, de aquellos que se van, con los deseos de quienes llegan”, urgencias que muchas veces no se pueden cumplir en un 100%, por ejemplo, en justicia, a pesar de que, para tener legitimidad, siempre hay que hacer todo lo posible para evitar la impunidad.
Venezuela es una transición cuyo destino final es la democracia, pero que todavía no tiene ni un calendario ni un itinerario, a diferencia del petróleo, donde la claridad es absoluta. Sin embargo, el rol que está desempeñando EE. UU. no es tan extraño, considerando lo que ha ocurrido en otras transiciones, por ejemplo, la chilena donde se convivió por ocho años con el General Pinochet como comandante en jefe del Ejército, o la española hecha por gente que provenía no solo del corazón sino también del riñón franquista, o la sudafricana donde los interlocutores de Mandela fueron exfuncionarios del Apartheid, dicho sin critica alguna, por el contrario, ya que quizás sin esas características no hubiesen sido exitosas.
La historia de las transiciones está llena de diferencias, y, de hecho, no hay una totalmente igual a otra como lo refleja el tema de la justicia, donde en algunos casos se ha transitado al nuevo orden sin juicios como ocurrió en el comunismo europeo, mientras que en Argentina fueron procesados los integrantes de la Junta Militar que dio el golpe de Estado. Por su parte, en Chile la responsabilidad fue entregada a los tribunales, y entre quienes cometieron violaciones a los derechos humanos existen casos donde los responsables acumulan cientos de años, sumadas las distintas condenas.
Una característica distintiva de la transición venezolana es que hubo un proceso electoral anterior por lo que existe un legítimo gobierno, existiendo una dupla reconocible en Edmundo González como ganador del 28-Julio y María Corina Machado como lideresa, y, sobre todo, el caso de MCM es distintivo, ya que Venezuela tiene en ella algo que no se había repetido desde Mandela, es decir, una figura en quien todos tienen confianza, un activo que ojalá no se pierda.
A mi juicio, en el día de hoy hay dos preguntas básicas, siendo la primera que se echa de menos en esta transición, y la segunda, que pueden aportarle a la oposición democrática las transiciones más exitosas. En la variedad de transiciones, siempre fue importante algo que no siempre ha estado presente en la lucha contra la dictadura chavista como lo es la autocrítica y aprender de otras transiciones, tanto para lo que se debe hacer como aún de mayor relevancia, sobre todo, aquello que se debe eludir y evitar.
Si de orientación se toman los ejemplos más útiles, en Venezuela se necesita reforzar el rol de MCM como interlocutora de Washington y del chavismo, para asegurar el protagonismo del camino democrático. Paralelamente, la oposición debe definir qué hacer con lo más complicado, incluyendo la difícil decisión de la justicia transicional, es decir, si se va a perseguir todo crimen de lesa humanidad o el esfuerzo se va a limitar a los casos más graves y emblemáticos.
En esta lucha que ya supera el cuarto de siglo, debido a experiencias pasadas, debe primar la convicción que el único lujo que no puede permitirse la oposición es la irrelevancia. Ello significa mayor protagonismo en las calles para que tanto EE. UU. como el chavismo noten que ellos no pueden ni deben prescindir del gobierno legítimo, aquel electo el 28 de julio y que debe actuar como no siempre lo ha hecho, sin complejos como tal, lo que hoy debe ser percibido no solo por los ciudadanos venezolanos, sino también por los inversionistas extranjeros, la Casa Blanca y su embajada en Caracas, y el chavismo que debe ser obligado a entender que no se le puede marginar de las decisiones importantes, por ejemplo en relación al petróleo,
Lo anterior debe darse, aunque ello signifique a veces tener opiniones distintas a Washington, considerando que los hermanos Rodríguez van a cumplir todo lo que les sea ordenado, sin embargo, la Casa Blanca sabe que solo la democracia puede garantizar el futuro. Además, como gobierno legítimo también debería estar hablando con rusos y chinos, desde ya lo que más les interesa, como lo es la deuda, lo que sin duda sería un aviso oportuno, tanto para la potencia como para el chavismo.
Por último, de las experiencias exitosas surge la necesidad de reforzar el trabajo con los sectores que siguen apoyando al gobierno dictatorial, no solo policía y fuerzas armadas, sino que también la administración de justicia, organismos electorales, sectores de funcionarios públicos, ya que siempre toda pérdida de poder de la dictadura ayuda a la democracia.
Falta un elemento imprescindible como lo es la presencia de masas para ayudar a instalar el empujón final. Es lo que es lo que debiera conseguir María Corina Machado cuando regrese a Venezuela y recorra el país, para que se generalice la convicción que no solo es el momento del petróleo, sino también el de la democracia. Y es, en ese sentido, que tanto la constante revisión de lo que se hace como el conocimiento de otras experiencias pueden entregar pistas para superar los conocidos obstáculos que hoy existen.
Es en ese sentido que experiencias como la chilena son útiles, no solo por la convivencia durante años con el general Pinochet, sino como la transición, tanto en su versión de izquierda como de derecha que se alternaron en el poder durante tres décadas, a través de la Democracia de los Acuerdos le dieron al país los mejores años de su historia. Creo que esta experiencia ayuda más que la española, ya que Chile abordó el enjuiciamiento a quienes violaron los derechos humanos como también existió una Ley de Amnistía dictada por el régimen militar. Sobre todo, tal como lo dijo Felipe González, la transición española
permitió por vez primera en la historia que la democracia llegara a ese país, mientras que al igual que Venezuela, Chile tenía previamente una historia digna que exhibir.
En definitiva, una transición es un proceso complejo, uno que nunca tiene un camino fácil, ya que hay tantas posibilidades de fracaso como de éxito, y donde la dictadura pierde poder cuando a todos les queda claro que la democracia es la estación final del viaje.
* El autor del presente trabajo es el profesor Ricardo Israel, jurista y politólogo,quien es egresado de las Universidad de Chile como abogado. El Dr Israel es Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex) asi como licenciado en Derecho de la Universidad de Barcelona, España El Dr Israel fue candidato presidencial en su país en las elecciones del año 2013.
Editado por los Papeles del CREM bajo la responsabilidad de Orlando Ochoa Cuenca.