Omar Uribe: ¿Qué es el liberalismo? ¿Es Milei un genio liberal?

Por Omar Uribe

Acostumbrados a un liderazgo político sin brillo y contundencia intelectual, sin formación y sin educación, nuestra América Latina ha sido presa de los demagogos desde el siglo XIX. La astucia, el resentimiento y la manipulación social, han sido el arsenal que los distingue y son muy pocos los que han escrito unas cuartillas en las que no hagan saber su pensamiento.

López Obrador, por ejemplo, que sí ha escrito, amén de ordenar una edición de libros para escolares que fueron calificados como veneno para el alma y la mente de los niños mexicanos, ha sido criticado por Enrique Krauze (uno de las más sólidos intelectuales e historiadores de México) por tratar de acomodar la historia de Porfirio Díaz a sus intereses: escribe Krauze: “ AMLO no buscaba el rigor disciplinario del historiador, no se proponía hacer un libro canónico sobre el Porfiriato, sino, precisamente, una pieza propagandística funcional a su visión político-ideológica de la coyuntura que, finalmente, desembocó en su llegada triunfal a la Presidencia de la República”. En este caso, escribir es peor que no hacerlo. ¡La osadía es mayor!

Rómulo Betancourt, el gran caudillo venezolano, también escribió un libro titulado “Venezuela, política y petróleo” del cual destaco su confesión que es “al Estado el que le corresponde las grandes tareas del cambio, porque las ideas de Adam Smith son cosas del pasado”.

Los que no han escrito nada y los que lo hicieron, todos giraron en sobredimensionar el papel del Estado en la sociedad. Desde ese Estado se propició la existencia de los partidos políticos, una forma muy ingeniosa de repartirse el tesoro público y perpetuarse en el poder. Para consuelo nuestro, esto también sucedió en EEUU, cuando a partir de 1836 Andrew Jackson “King Mob” ( rey chusma) fundó el partido demócrata y comenzó el tesoro público a ser el botín a repartir, incluso las tierras reservadas a los indígenas de cuyo expolio se benefició el propio presidente.

Pues bien, la historia del poder es la historia del abuso y la tiranía. Aristóteles al definir la política escribió: “Toda ciudad es una agrupación y se organiza con miras al BIEN, porque el hombre obra siempre con el fin de lograr lo que cree bueno. Si toda agrupación tiende al bien, la ciudad o sociedad política, que es la superior entre ellas y comprende a todas las otras, tiende al bien en mayor grado que las demás y al mejor bien.” Para Aristóteles “la política no era un estudio de los Estados Ideales en forma abstracta, sino un examen de cómo los ideales, las leyes, las costumbres y la propiedad se interrelacionan en los casos reales”. La vida en sociedad ayudó a la domesticación del animal que era el hombre y a su supervivencia. Sin la vida en sociedad, sin la polis, no hubiéramos sobrevivido en estado de naturaleza o, al menos, hubiera sido extremadamente difícil.

Pero esa polis que significaba la liberación del animal que somos, desde muy antiguo se convirtió en lo contrario del ideal aristotélico, en lugar del BIEN, la esclavitud y el sometimiento de unos seres por otros. Pero este hecho despótico implicó luchas de siglos por la libertad. Las “Stasis” griegas, por ejemplo, hasta que floreció una especie de democracia y modo más civilizado de vivir, radicalmente diferente al militarismo espartano. En la oración fúnebre de Pericles, del historiador Tucídides, amén de temas relativos a la libertad, se puede destacar la preocupación sobre la pobreza: “La pobreza es desgraciada, no por la ausencia de posesiones, sino porque invita al desánimo en la lucha por salir de ella”.

Para el análisis que nos interesa daremos un salto hasta la llamada “Revolución gloriosa”. La lucha entre el parlamento y el absolutismo monárquico que venía dándose desde el medioevo. Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra fue un defensor aguerrido del derecho divino de los reyes en dos libros importantes de su autoría. Sin embargo, la onda por la emancipación del absolutismo ya estaba creciendo y con la caída de Jacobo II se selló un capítulo nefasto en la historia de la humanidad como lo fue el absolutismo monárquico y desde entonces (1688), imperó la monarquía constitucional, un atisbo enorme de democracia, que no obstante encontró resistencia hasta que Carlos I fue juzgado y condenado a ser decapitado por delitos de traición. ¡El parlamento había triunfado!

En esa época aparece John Locke, el primer pensador que define el rol del Estado, matriz del liberalismo clásico, que más que una ideología es una conclusión, al estilo aristotélico, del papel del Estado en función de alcanzar el BIEN y no como se creía hasta entonces, una entelequia que estaba por encima de la sociedad para dominarla y sojuzgarla, colmando de privilegios a quienes detentaban el poder. Debemos sostenernos muy fuerte para no caernos con los abusos, crímenes y arbitrariedades cometidos por las oligarquías y tiranías que detentaron el poder por siglos.

Pues bien, para Locke el Estado sólo tiene como misión principal proteger tres derechos naturales: “la vida, la libertad y la propiedad privada de todo cuanto el hombre haya trabajado y pueda utilizar. Agrega un 4to derecho: el derecho a defender los tres primeros derechos”. El derecho a la vida -dice- debe suponerse, pues de lo contrario la especie humana desaparecería y sólo quedarían para poblar la tierra, los asesinos. Si uno tierne derecho a la vida -agrega- debe tener libertad para acceder a la propiedad, pues sin propiedad y sin derecho a disponer de los bienes producto de la iniciativa personal ¿qué sentido tendría la vida? Si no pudieras acceder a la propiedad, entonces el derecho a la vida se convertiría en un permiso revocable según el capricho de un político o un militar y tendrías que aceptar lo que te den sin derecho a discusión. Estos tres aspectos son la clave de lo que son llamados los pilares del liberalismo. ¿Es tan difícil comprender esto?

Aún en el 2023, estos tres pilares son violados de manera astuta y criminal por la generalidad del estamento gobernante. ¿Por qué existe una distancia tan grande entre la prédica y los resultados finales? Y en toda América Latina se violan descaradamente en nombre de “la justicia social” y los pobres. ¿Cuál es el verdadero resultado? Una oligarquía estatal enriquecida en términos descomunales y pueblos empobrecidos, víctimas, además, de las políticas “económicas” devaluacionistas y la inflación, pues la voracidad del gasto público no tiene límites y menos aún su financiamiento fraudulento. Es muy bueno gobernar con una chequera con dinero ilimitado suministrado por el Banco Central.

Luego de Aristóteles y John Locke, apareció en escena un economista, filósofo y moralista llamado Adam Smtih, que descubrió las leyes del progreso económico, y aunque Rómulo Betancourt tuvo el tupé de desestimarlo, no hay un solo país en el cual se hayan aplicado sus recomendaciones que no haya progresado de manera exponencial en pocos años.

El caso más emblemático en Hong Kong, una isla de pescadores pobres que en el 2022 alcanzó un PIB per cápita de 46,175 euros. Ningún país de América Latina se acerca ni remotamente a esta cifra. Los valores más bajos registrados son los de Haití con 1.557 dólares, Nicaragua con 4.111 dólares, Honduras con 4.349 dólares y Bolivia con 5.557 dólares. Colombia, Ecuador y otros, están en el orden de 6 mil a 7 mil dólares, siendo los más altos Uruguay y Chile, superando Uruguay a Chile con unos 30 mil dólares per cápita. Argentina bordeó los 15 a 16 mil dólares per cápita en el 2022. Es decir, una pobreza evidente.

Lo que si es cierto es que el estamento dirigente, incluyendo empresarios “compadres”, sindicalistas, políticos, militares, etc. Están enriquecidos de manera superlativa. Por lo tanto, habría que concluir que no es una lucha entre ricos y pobres a la manera tradicional sino entre burócratas y el resto de la sociedad: lo que Milei llama la casta.

Conservadores

Aunque la historia de la lucha entre liberalismo y oligarquías (godos=egoístas) en nuestra América es difusa y oportunista y nada tiene que ver con ideas de fondo, es verdad que los conservadores han defendido los valores de la tradición católica, el voto selectivo, el matrimonio, la familia, la propiedad, la democracia limitada, sin afectar el status quo, por lo cual, los problemas sociales, especialmente la pobreza, se han acumulado sin solución, llevando a los países a guerras sin fin como la de Colombia, al chavismo en Venezuela y a la “zurdos” al poder en casi todo el continente.

Antonio Leocadio Guzmán, el llamado “apóstol liberal” del siglo XIX venezolano, declaraba que si los “godos” (oligarcas) se hubiesen declarado centralistas, él hubiera proclamado el federalismo, o viceversa. Liberal significaba voto para todos, reparto del dinero público, “justicia social”, amor libre y rechazo a la hegemonía de la iglesia católica, incluso, en el ámbito educativo.

Dos tipos de líderes han ejercido el poder en América Latina: conservadores como Uribe, Duque, Lasso, Piñeira, Macri; socialistas o social demócratas como los Castro, Perón, Betancourt, CAP, Caldera, Correa, Bachelet, Evo, Chávez, los Fernández, AMLO, A. Fernández, Lula, y un largo etcétera.

Los primeros mantuvieron lo existente y fueron anti socialistas. Los segundos, privilegiaron el Estado y el desbocado gasto público, llevando a sus países a la ruina en un cuadro de corrupción sin precedentes. En ambos casos la pobreza y el estancamiento fueron el principal signo de su calamidad social. Los primeros, no fueron capaces de reducir el tamaño del Estado y por el contrario lo hicieron crecer más en nombre de la causa de los partidos políticos, la franquicia más genial inventada por el ser humano.

¿Es Milei, un genio liberal ?

De eso no cabe la menor duda. Es un economista muy bien formado, heredero de un pensador argentino liberal de gran trascendencia: Alberdi.

Amén de algunos aportes que ha hecho el economista Orlando Cuicar hay que destacar que Milei colocó en el debate, con fuerza y sin tapujos, las propuestas del Estado pequeño, esencial, buen administrador, de bajos impuestos, libertad de iniciativa y empresarial, y dedicado a las funciones esenciales que le atribuyó John Locke.

Otro economista como Carlos Ramones, lo califica “derechista” y le niega importancia a la eliminación del banco central, identificado como el causante de la emisión monetaria sin respaldo, mal que tiene siglos y que el obispo Nicolás Oresme había advertido en el siglo XIV, puesto en evidencia por John Law y el regente Felipe de Orleans cuando inundaron a Francia y Europa de dinero falsificado; o, cuando los reyes despilfarradores de España elevaban los impuestos y se endeudaban hasta la coronilla para mantener su boato.

Ramones, le otorga más importancia a los chismes, dimes y diretes de la pelea política electoral, que al planteamiento de fondo de Milei, un hecho histórico sin precedentes, pues es la primera vez que en América Latina un liberal auténtico llega al poder para intentar redefinir la ruta de una nación tan importante como Argentina, secuestrada por casi un siglo por los demagogos populistas herederos de Perón.

También se le olvida a Ramones, tal como lo evidenció el Premio Nobel de economía, Milton Friedman, el origen del CRACK de la bolsa de valores de Nueva York y la quiebra masiva de bancos, tuvo su origen en que la Reserva Federal no actuó diligentemente en auxilio de la liquidez bancaria cuando lo necesitaron. La onda de pánico se extendió y para colmo el presidente Roosvelt decretó vacaciones bancarias, agravando la escasez de liquidez y precipitando la crisis a un callejón sin salida.

Sí Milei, logra sus objetivos liberales de austeridad y eficiencia, libertad y respeto a los contratos y a la propiedad, Argentina, que lo tiene todo, se disparará como la nación más floreciente de América Latina.

* Editado por los Papeles del CREM.  Responsable de la edición: Raúl Ochoa Cuenca.

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