Omar Uribe: El general Páez, moralidad republicana

Por Omar Uribe

Lo único que existía para repartir después de la independencia, básicamente eran los cargos públicos. Antes, la lucha había sido entre criollos realistas y criollos patriotas; entre separatistas y partidarios de la Gran Colombia; entre paecistas y bolivarianos; y, entre civilistas y militaristas, divisiones, todas, circunscritas en la lucha por el poder político.

Constituida ya una república, el héroe de la independencia de mayor prestigio y fuerza, fue el general Páez, quien, independientemente de su origen llanero, su deficiente formación, su tipicidad como machista venezolano ( abandonó a su esposa para dedicarse al segundo frente: Bárbara Nieves) , tuvo una virtud, para aquella época muy importante: los valores y moralidad republicana inspirados por El Libertador, el más grande patrimonio que asumieron con gran autenticidad, hombres como Carlos Soublette, José María Vargas, Urdaneta y el propio Páez.

Rondón Márquez (Guzmán Blanco, el autócrata civilizador) dice que: “la buena sociedad criolla que habían sido la más patriota, sólo mostraba vestigios de su antiguo esplendor;

nacía una sociedad nueva, entre la cual pululaban personas o sus descendientes que habían sido realistas en la guerra. Y entre los flamantes próceres, surgidos de los campamentos, poco eran los que tenían nociones de “buena sociedad”. En las altas esferas habían, pues, más motivos de rivalidades que de unión. Existía, en fin, agudizada la antipatía entre las gentes de abolengo y las nuevas gentes que aspiran a suplantarlas.

Piénsese también en la rivalidad de los que cifraban su orgullo en antiguos pergaminos, y quienes lo apoyaban en méritos de guerra, y en los que lo cimentan en la prosperidad económica recién adquirida, bien por obra de los negocios o por resultados de la actuación política. Si tales diferencias se advertían en el seno de la elite, imagínense el abismo que mediaba entre unas y otras… la esclavitud existía pese a que El Libertador había promulgado la manumisión. Los esclavos liberados durante la guerra por abrazar la causa patriota, unidos a los pardos libres, generaban rivalidades racistas, muy peligrosas, En medio de este descontento poco hacía el Estado para modificar aquellas condiciones tan precarias de vida social. Se dedica mayor atención a la instrucción secundaria y a la universitaria que a la primaria. Sólo, pues, educaban a sus hijos aquellos que poseían medios para pagar. Para solventar, medianamente, este problema el propio general Páez fundó en Caracas el colegio Independencia”.

El 1ero de octubre de 1825 Páez le escribía a Bolívar: “¡MI general! Esta no es la tierra de Washington, aquí se hacen obsequios al poder por temor o interés, como se le han hecho a Boves y a Morillo, y el fundador de la república sería insultado por los hombres más viles, el día que volviese al recinto de su casa.” Palabras propias de un agudo observador de la realidad, qué, desde el poder, algunos años más tarde, dedicaría esfuerzos honestos, a riesgo de su propia vida, para garantizar la estructura de una nación.

Una república sin un tejido productivo en la base social autónomo y masivo, incluso, si el propio Libertador hubiese sido su presidente, a pesar de la honestidad personal y la de su gobierno, tendería, a la larga, a naufragar. El fundador de la república, tal como lo predijo Páez, tuvo un final triste viendo desmoronar su sueño como un castillo de naipes.

Páez fue el primer presidente y jefe militar de la república para el período 1830-1835. Su primer juramento fue el de respetar las leyes, distinguiéndose como un demócrata custudio y defensor de la Constitución republicana. La obra de gobierno fue la mejor posible si se toma en cuenta la realidad conceptual existente que jerarquizaba al Estado como gestor del desarrollo social. Su reto personal fue darle vida y forma a una república en escombros, desolada donde abunda la ruina, el hambre y la miseria, amén de enfrentar las insurrecciones que bajo diferentes pretextos estallaban en el país, la más importante acaecida en 1831, cuando los hermanos Monagas se insurreccionan en el oriente del país y proclaman el Estado de Oriente con el nombre de “República de Colombia”, integrado por las 4 provincias orientales, de las 11 que establecía la Constitución para todo el país.

Para aclarar el concepto de la intervención del Estado en la economía vamos a citar el ejemplo de la compra del Loussiana (1803) impulsada por Jefferson, decisión estratégica desde el punto de vista geo político, pero vital para el desarrollo económico, pues habían millares de agricultores dispuestos a radicarse y trabajar en aquellas tierras bendecidas por Dios, bañadas por las aguas del Mississippi, fértiles, planas y extensas. Al final de su segundo mandato, Jefferson y el secretario del Tesoro habían reducido la deuda nacional a menos de $560 millones. Esto se logró mediante la reducción del número de empleados del ejecutivo y oficiales del Ejército y hombres alistados, recortando, además, otros gastos gubernamentales y militares.

PÁEZ, TERRATENIENTE.

En algunos periódicos se acusó al general Páez de ladrón, usurero y de haberse enriquecido aprovechándose de su poder. Por ejemplo, Páez obtuvo la hacienda La Trinidad, una de las mejores del país, ubicada en los Valles de Aragua, bañadas por las aguas del Rio Guaire, apta para la siembra de distintos cultivos. La hacienda era de origen

colonial otorgada por la discrecionalidad de uso territorial de la corona española, propiedad de Don Antonio Fernández de León, Marqués de Casa León, ubicada en el valle El Limón, que limitaba por el norte con la Cordillera de la Costa y por el sur con el lago de Valencia. En octubre de 1821, el general Jose Antonio Paez, solicita al Congreso de la Gran Colombia le sea adjudicada la hacienda La Trinidad a través de una permuta donde oferta como parte de pago: 1.) El Hato de Yagua, que le habia sido adjudicado por El Libertador. 2.) La suma de sueldos devengados que se le adeuden y liquidarán. 3.) Los sueldos sucesivos; y, 4.) Los ingresos que genere la producción de la misma hacienda. La solicitud fue aprobada de acuerdo a la ley de confiscación y como reconocimiento a los méritos patrióticos en su lucha por la Independencia. ¡Por supuesto fue una compra con todas las ventajas del mundo! ¡Pero legal! De modo similar obtuvo otras haciendas,como lo hicieron la mayoría de lo altos jefes militares. Más tarde, fueron dedicadas a la ganadería, pues al parecer la agricultura era poco apetecida, a diferencia de lo que había sucedido en EEUU que llegó ser y aún es, líder en producción, a escala planetaria, de muchos productos agrícolas.

EL PRIMER PRESIDENTE CIVIL.

El Dr. José María Vargas es el primer presidente civil de la adolescente república (9 de febrero de 1835 – 8 de julio de 1835) derrocado (20 de agosto de 1835 – 24 de abril de 1836 por los militares (primer golpe de Estado), repuesto en el poder (20 de agosto de 1835 – 24 de abril de 1836) por Páez (defendiendo la constitución y la república) y enjuiciados los golpistas, que, acusaban a Páez de traicionar al estamento militar por impulsar un gobierno civil, y exigían se aplicase el fuero militar (todos los cargos públicos para los militares) como un patrimonio exclusivo. Aquí está la cimiente política de lo que se llamaría más adelante el “partido liberal”, y cuyo desarrollador fue Antonio Leocadio Guzmán, el primer gran demagogo de nuestra historia.

En ese descarrilamiento jugó un papel vital el periódico “El Venezolano” fundado por él, quien había sido burócrata del gobierno durante una década y fundador del otro diario “EL argos”, desde el cual demostró su talento para el mal y la intriga: había atacado la Constitución de Cúcuta y la unión Grancolombiana.

¡BASTA DE HÉROES!

Esta consigna fue el slogan principal de “El Venezolano”. Exigía hombres nuevos sugiriendo que ya estaba bien de ser gobernados por los hombres que desde Carabobo detentaban el poder, evidente contradicción, porque quienes pedían esto eran los críticos de Páez por impulsar un gobierno civil y el Dr. Vargas no había jugado un papel importante en la guerra de independencia y ellos sí; por lo tanto, reclamaban el feudo que les pertenecía por haberlo fundado.

CARLOS SOUBLETTE, EL JUSTO.

Advino a la presidencia el general Carlos Soublette (1837-1839), quien siguió las líneas maestras de la conformación de la república con su sello de moralidad y honestidad a toda prueba. Los herederos de Bolívar amaban el país, pero tenían dificultades, pues la población esperaba que el papá Estado les resolviera todos los problemas, que, por cierto, eran muchos.

Había comenzado una oposición frenética e inmisericorde -relata Rondón Márquez- precisamente cuando todos creían que la república estaba encaminada hacia la estabilidad, bonanza y felicidad. Durante la 2da administración del general Páez (1839-1843), Venezuela era considerada el primer país de Sur América: la paz parecía asegurada; se fundaron asociaciones como los “Amigos del país” tendente a fomentar el progreso en todos los órdenes y desde la cual los republicanos, encabezados por el Dr. Vargas trabajaban con desinterés y tesón: se hacían ensayos de inmigración, se crearon colegios en las provincias, los estudios universitarios tomaban vuelo inusitado, y las ciencias y las artes produjeron obras como la Historia de Baralt y Díaz, y la Geografía de Codazzi.. ¡Todo se iba a enturbiar en breve!

PÁEZ TERMINA SU SEGUNDO MANDATO.

El historiador González Guinán, nada sospechoso de ser paecista, sostiene que este período es la época en que todos rindieron el más fervoroso y austero culto al principio republicano. Para Rondón Márquez fue la época más venturosa de Venezuela, hasta el punto -dice- que nuestra patria era juzgada como el primer país de Suramérica, y su armonioso y tranquilo desenvolvimiento, en el seno de la libertad y con entusiasmos progresistas, contrastaba con el estado de anarquía, de despotismo o de estancamiento de otros países del continente.

CARLOS SOUBLETTE Y LA CRISIS.

Carlos Soublette asume la presidencia para el mandato 1843-1847, período lleno de dificultades, pues declinan en el mercado internacional los precios de los exportables (café y cacao) y la aprobación de la ley de Libertad de Contratos llamada de “espera y quita” fueron como leña al fuego, pues liberaba las tasas de interés de los préstamos y establecía la posibilidad embargar los bienes que el deudor que había dado en garantía. Para pedir dinero prestado la gente se comportaba como mansas ovejas y aceptaba las condiciones por onerosas que fueran; pero, para pagar se convertían en fieras que apelaban a todo recurso como hicieron los Kirchner en Argentina cuando se negaban a pagar los préstamos recibidos y acusaban a sus prestamistas de ser buitres y usureros; o, como el caso del Mercader de Venecia de Shakespeare, que recoge la lucha entre un mercader y un prestamista judío a pesar que acudieron a él cuando necesitaron dinero para solventar problemas de liquidez.

LA LIBERTAD DE IMPRENTA (DE PRENSA).

Los herederos de Bolívar eran respetuosos y tolerantes con la libertad de imprenta y desde esas tribunas sus redactores podían decir verdades o mentiras, calumnias o hechos reales. La mayoría de las veces manipulan los hechos de acuerdo a sus intereses políticos.

Escribe -Rondón Márquez citando a González Guinán–: “Dicho sea en honor al general Páez, a quien muchas veces envuelven y confunden en un solo juicio al hablar de dictadores en Venezuela. En su época no hubo dictadura ni cosa parecida.

EL PERIÓDICO “EL VENEZOLANO” Y OTROS PERIODIQUITOS.

Tal era la libertad de prensa, que no sólo “El Venezolano” disparaba sin piedad, sino muchos que como moscas pululaban y eran un trabuco de ataque contra el gobierno o el ministerio como lo llamaba A.L. Guzmán. “El Relámpago” decía el 6 de agosto de 1846 que Páez y Soublette eran dos bribones y los malvados más insignes que ha producido la tierra; ladrones descarados, viejos impúdicos cargados de años y de crímenes, y en alguna de sus publicaciones se les deseaba la muerte que implicaría un paso hacia la dicha de la república.

SOUBLETTE, EL JUSTO.

Antonio Leocadio Guzmán quería que se hiciese lo que desde su periódico planteaba. El gobierno de Soublette esta ahorrando para pagar la deuda externa del país y Guzmán consideró que ese dinero debía tener como destino la creación del Instituto de crédito Territorial, vieja idea de Bolívar para dar créditos a bajos intereses y largo plazo para “fomentar la agricultura”. El proyecto fue aprobado en el congreso en 1845.                                                                                                                                     

Pasado al presidente Soublette, éste utilizó su poder constitucional de veto y lo desaprobó: Dijo “que (de acuerdo a su conciencia, su modo de razonar y sus ideas políticas) en Venezuela las rentas públicas se forman de la contribuciones que indirectamente pagan lo ciudadanos, no se puede considerar como rigurosamente justo, un auxilio que no puede alcanzar a todos y para el cual se comprometen las rentas que todos pagan y que tal beneficio sólo puede alcanzar a un pequeño número de propietarios, insignificante, comparado con la totalidad de los industriales venezolanos, y que los fondos existentes en el tesoro al arbitrio de un empréstito, debían reservarse para el caso de una guerra, para la apertura de caminos y otras empresas de utilidad general …”

Su decisión molestó a liberales y conservadores, especialmente porque los altos jerarcas militares ( nuevos terratenientes) podrían ser los beneficiarios de los créditos blandos otorgados por ese ente financiero. Entonces dijo: “esta gente no se olvida de los Capitanes Generales, y sin advertirlo los echa de menos. La Constitución ha creado un Poder Ejecutivo débil y no puede ser fuerte sin infringirlo, y yo no he venido aquí a eso. ¡El gobierno es nacional y no de un partido!”. Finalmente, acatando las leyes, debió darle paso al primer FONCREI O la primer CORPOINDUSTRIA.

LA PRIMERA INSURRECCIÓN POPULAR.

¡Muera Páez, mueran los oligarcas! ¡Muera Soublette! ¡Viva Guzmán!, pues se rumoraba que había sido detenido. Eran los gritos que se escuchaban en las calles, desafiantes, incluso frente a las casas de los agraviados. Santiago Mariño intervino para propiciar una reunión entre el general Páez y Antonio Leocadio Guzmán a realizarse en La Victoria. Guzmán consultó a la Sociedad Liberal de Caracas y el encuentro fue aceptado. Había alcanzado con la pluma la estatura política para medirse de tú a tú con el general Páez.

PÁEZ, VELA.

Juan Vicente González, otro periodista de fuste, muy culto y con una pluma urticante y brillante, se enfrentaba a Guzmán desde su periódico. Escribe: “Yo miro una nube imperceptible y presagio tempestad. De norte y sur, de este y oeste; por todas partes salen ruidos espantosos que suenan en los aires como lamentos, y van a morir sobre amoratadas nubes: una catástrofe nos amenaza, y lloro sobre mis hijos que acaso… -Disipa tu tristeza, buen anciano, disipa tu tristeza. Páez es el centinela de la Patria. ¡Duerme, que él vela!”.

EL TRIUNFO DEL DEMAGOGO.

La cita de la Victoria se concreta. El 1° de septiembre, Guzmán parte acompañada de 30 hombres, ya son 2000 al pasar por el Consejo, y se estiman 4000 cuando llega a la hacienda del General Mariño. De todos los sectores sociales y razas está integrada aquella marcha. Sobresale en ella Ezequiel Zamora como escudero: “el valor escoltando el talento sin escrúpulos”.

EL INDIO RANGEL SE LEVANTA EN ARMAS.

La reunión entre Páez y Guzmán se frustró porque en Manaure se alzó en armas el famoso Indio Rangel, que realizó tropelías en Yuma y en los linderos de las riberas del lago de Valencia. El general Páez fue designado jefe del ejército. ¡Había estallado la guerra civil!

Guzmán fue acusado de connivencia y el gobierno estimó enjuiciarlo de acuerdo a la ley de conspiraciones, que él mismo Guzmán había firmado unos lustros antes. Aquél juicio generó mucho ruido y atizó la crisis política.

EZEQUIEL ZAMORA, “GENERAL DEL PUEBLO SOBERANO”.

El próximo en levantarse en armas fue Zamora que buscó a los de su calaña: el indio Rangel, Zoilo Zambrano y a José de Jesús Gonzáles “el agachao”, simples saqueadores que los liberales amarillos llevaron como héroes al Panteón Nacional. Formado su “Ejército” dijo que sus metas eran redimir a los pobres, derrocar al gobierno de la oligarquía conservadora, evitar tropelías como las que ejecutaba Boves y enarboló la bandera amarilla, símbolo de los liberales.

PÁEZ, JEFE DEL EJÉRCITO.

De nuevo, Páez es nombrado jefe del ejército que reuniría 10 mil hombres y se designaron jefes militares en varias zonas del país para sofocar la rebelión. El único en negarse fue José Gregorio Monagas, a diferencia de José Tadeo, su hermano, que si cumplió con el mandato de combatir a los insurgentes en el oriente. Zamora sufrió su primera derrota en la Laguna de Piedra y despojado de la bandera amarilla, esta fue llevada a Caracas como trofeo.

GUZMÁN! HE AQUÍ TÚ OBRA.

Juan Vicente González escribió en su periódico al lamentar la guerra civil y el baño de sangre: “¡Guzmán! He aquí tú obra: a esos tú convidaste a beber nuestra sangre y a cebarse en nuestras propiedades; a esos tú los escitas en nombre de la libertad, a destruir el orden público: su crimen fue haberte obedecido. Escoge tú castigo: esa sangre se oreará y en los calores del estío, convertida en vapor, subirá hasta el cielo, pidiendo venganza contra ti.”

MUERE EL INDIO RANGEL Y ZAMORA ES DETENIDO.

Los insurrectos en sus combates siempre mostraron gran valentía, pero la superioridad militar del gobierno se impuso. Zamora se escapó con cien hombres; el indio Rangel también huyó herido, pero fue recapturado y rematado días después. Su cabeza, amputada y salada, fue enviada a Caracas. Zamora, hambriento y enfermo, salvó su vida porque no fue reconocido, puesto prisionero, fue enviado a Maracay. A todas estas, Antonio Leocadio Guzmán tiene cinco meses en prisión. Quien lo descubrió y arrestó fue Juan Vicente González que tenía funciones oficiales, localizando en una casa de caracas, escondido en una cocina cuyas recientes obras de albañilería revelaban una construcción reciente. Allí, en cuclillas, estaba el líder de la insurrección liberal.

¿CUÁL LIBERALISMO?

Aristóteles al comentar lo que se refiere al hecho de dar y recibir dinero, sostiene que el intermedio es la liberalidad y el exceso la prodigalidad. La liberalidad supone el uso prudente de las riquezas, es decir, el justo medio entre la avaricia y la prodigalidad. Lo que proponía Guzmán y que tenía acogida en todos aquellos que resentían sus limitaciones era, por ejemplo: voto universal. Para el momento era un voto selectivo sólo ejercido por quienes tenían títulos, propiedades o rentas. Alternabilidad. Las elecciones presidenciales eran de segundo grado: un colegio electoral muy pequeño elegía y en él los conservadores tenían hegemonía. Gasto público dirigido a ayudar a los pobres en lugar de pagar las deudas de la república. Es decir, liberalidad confundida con prodigalidad. Soluciones políticas demagógicas para apoderarse del Estado, predominio cuestionado desde el medioevo que supuso la eliminación del poder absolutista de los reyes en 1688 con la Revolución Gloriosa en Inglaterra, que cien años después condujo a la frustrada revolución francesa, pero que intelectualmente fue resuelto el tema del papel y tamaño del Estado con los aportes de John Locke, los fisiócratas franceses y Adam Smith. Los liberales amarillos querían más Estado y que les perteneciera en su totalidad.

PÁEZ, COMETE UN ERROR GARRAFAL.

Antonio Leocadio Guzmán y Ezequiel Zamora fueron sometidos a juicio con el debido derecho a la defensa y pese a las brillantes maniobras del abogado defensor de Guzmán, fue condenado a muerte, sentencia apelada por éste, pero ratificada en 2da instancia. José Tadeo Monagas tenía tres semanas de ser electo, propuesto por el general Páez como opción dada la muerte de Rafael Urdaneta, el idóneo sucesor de la moralidad republicana.

Zamora “el ángel exterminador”, entre tanto, rindió su primera declaración en Villa de Cura el 4 de abril de 1847, no quedando dudas de su culpabilidad y la correspondiente de su tutor Antonio Leocadio Guzmán, “pues él se había alzado porque leía en la prensa de Caracas que el gobierno era usurpador y violaba las leyes. Como el gobierno no tomó medidas contra los que estos escribían él lo consideró cierto y consideró patriótico luchar para derribarlo”.

Pese a ser electo con los votos conservadores, Monagas dio un viraje de 180 grados y adoptó al partido liberal como su soporte político. Por petición de doña Carlota de Guzmán conmutó la pena de Guzmán y Zamora y más tarde los nombra sus ministros. Páez pudo haber postulado, por ejemplo, a Santos Michelena, pero escogió a un luchador de larga trayectoria en la guerra de independencia pero que manchó su hoja de servicio al ser de los primeros insurgentes contra la república.

SE ACABÓ LA HONRADEZ.

La “revolución liberal” que debió traer aparejada la igualdad, la justicia social, la eliminación de la pobreza, trajo caudillos y militares de baja ralea a un gobierno que resultó peor que el que criticaban, iniciándose con la disolución violenta del parlamento y la entronización de la familia Monagas (1848-1858) en un acto descarado de nepotismo. Los hermanos Monagas se destacaron por, tratar de satisfacer sus intereses personales, familiares y de sus amigos. También, advino el desorden administrativo y la cancelación de las libertades de las que antes se disfrutaba. Todo, para gestar la antesala de la futura Guerra Federal, otra acción armada, reivindicativa de los “liberales” “para hacer un mejor país”. Ni Guzmán, ni Zamora dijeron esta boca es mía para defender los “principios liberales”. A la caída de Monagas se le vio en Caracas, con la espada en mano, vociferando contra el tirano y los ladrones.

Los Monagas dejaron el país en la ruina, igual le sucedió a la propiedad privada, desmoralizada la administración y pérdida la majestad de la ley por la disolución violenta del parlamento, ordenada por Monagas cuando iba a ser juzgado por los delitos contra la nación. En ese asalto de las hordas liberales, fue herido de muerte uno de los mejores hombres de la república: Santos Michelena.

José Tadeo fue derrocado por un grupo de liberales y conservadores, liderados por Julián Castro, justo cuando Monagas quería reformar la constitución para alargar por dos años adicionales su mandato.

EL GENERAL PIERDE UNA BATALLA.

El general Páez pierde la batalla que en defensa del Congreso y la Constitución libró el 10 de marzo de 1848 en el sitio de Los Araguatos en Apure, contra las fuerzas que defendían el gobierno de Monagas, milicias a las órdenes de José Cornelio Muñoz que había sido su subalterno. Páez se ve obligado a refugiarse en la Nueva Granada.

LA REVOLUCIÓN DE MARZO.

La Revolución de Marzo fue un alzamiento militar sucedido en Venezuela en el mes de marzo de 1858 que logró derrocar la dinastía de los Monagas. Su líder principal, el caudillo Julián Castro, gozaba de la confianza absoluta del presidente José Tadeo Monagas. Las principales causas del movimiento fueron los abusos políticos y problemas sociales acumulados durante el Monagato u Oligarquía Liberal, década en que gobernaron los hermanos. A esto hay que sumar el sectarismo político, la alta corrupción, el mal manejo de la hacienda pública y la falta de preocupación del gobierno central con las provincias. Las consecuencias fueron una violencia política extrema y gran caos social. Hechos similares habían ocurrido en 1848, 1849, 1853 y 1856.

JULIÁN CASTRO UN MENTIROSO MÁS.

Prometió villas y castillos como por ejemplo, liberar a todos los trabajadores, sirvientes y campesinos que tomaran las armas de las deudas que tuvieran con sus patronos, sumas estas que serían financiadas por la Tesorería nacional al triunfar la revolución. Pero, una vez consolidado el nuevo gobierno, se las llevó el viento; además, El 7 de junio de 1858, un decreto del presidente Castro ordena la expulsión de Venezuela de Juan Crisóstomo Falcón, Ezequiel Zamora, Wenceslao Casado, Antonio Leocadio Guzmán, José Gabriel Ochoa, Fabricio Conde y otros futuros jefes de la contienda armada; mientras, en los valles de Aragua, en la sierra de Carabobo y en los llanos de Portuguesa se levantan en armas, bandas de campesinos armados, bajo el liderazgo de mestizos, como Zoilo Medrano, o José de Jesús González, el Agachao, quien había acompañado a Zamora en las insurrecciones de 1846. Esta fue la simiente de la Guerra Federal que asoló el país durante cinco años.

EL REGRESO DE PÁEZ.

Luego de una ausencia prolongada, el 18 de diciembre de 1858, Páez regresa a su país el país que se encuentra con una gran convulsión política y social por los enfrentamientos de los grupos monaguistas, liberales y federalistas, descontentos con el gobierno del presidente Julián Castro. Al estallar la Guerra Federal el 20 de febrero de 1859, en Coro, Páez es nombrado jefe de operaciones de Carabobo pero renuncia al cargo en abril al no obtener las facultades que exige. Retorna a Caracas el 6 de mayo donde recibe el encargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en los Estados Unidos para una misión diplomática que no tuvo éxito.

Al regresar a Venezuela en 1860 gobierna el ejecutivo Manuel Felipe de Tovar, quien lo nombra comandante general de todos los ejércitos del gobierno. Al asumir la presidencia Pedro Gual y designar este como su segundo a Ángel Quintero, antiguo ministro y secretario de Páez, comienza una campaña dirigida por Pedro José Rojas con la consigna de Quintero es la guerra, Páez es la paz como rechazo ante una posible sucesión de Quintero a la presidencia y en apoyo de que Páez asuma el poder. Las pugnas entre conservadores civiles y militaristas terminó en el derrocamiento y prisión de Gual por los militares y la proclamación de la dictadura de Páez el 10 de septiembre. Durante este último gobierno sancionó el primer Código Civil de Venezuela. Durante todo el año 1862 y parte de 1863, conduce Páez la guerra contra los federalistas encabezados por Juan Crisóstomo Falcón. Finalmente se rinde con el Tratado de Coche, poniendo fin a las hostilidades en abril de 1863. Páez gobierna nominalmente en Caracas hasta mediados de junio y el 13 de agosto sale de Venezuela por tercera y última vez, estableciendo su residencia de nuevo en Nueva York. A esa despedida asistió su esposa Dominga Ortiz.

MUERTE EN LA POBREZA.

George Washington no quiso asumir un tercer mandato, pues el Cincinato americano sabía de los enormes riesgos y desconsideraciones que rodean al hombre público. Prefirió regresar a su finca de Mount Vernon.

Páez no supo retirarse a tiempo. “Su muerte – de acuerdo a la crónica de su biznieto el médico Rafael Artega Romero- se produjo en 1873 cuando estaba cerca de los 83 años en una modesta casa de la calle 20, como consecuencia de una bronconeumonía cuadro clínico común en ancianos. Aquel Ciudadano Esclarecido, que al decir del ex contralor José Ramón Medina había manejado los dineros del Estado con la mayor probidad, moría casi en la pobreza, con su vieja ropa remendada y botas gastadas y su cadáver sería sepultado en una parcela municipal del Marble Cemetery por no contar con dinero suficiente para adquirir una privada”.

Muchos críticos de Páez, cuya moralidad y virtudes, no le llegan ni a sus tobillos han querido devaluar la obra de uno de los hombres claves de la república que hoy tenemos y que, aunque parezca mentira, aunque ha existido el culto a Bolívar, ninguno de ellos ha tenido los méritos y menos la honestidad de los padres fundadores. Por el contrario, los Antonio Leocadio Guzmán, los Zamora, se han reproducido como la mala hierba durante toda nuestra historia republicana.

*  Economista, escritor e historiador.

* Editado por los Papeles del CREM.  Responsable de la edición: Raúl Ochoa Cuenca.

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