Por José Hernández
Siempre es dura la verdad lo que no tiene es remedio, creo que dice el fraseo de Sabina. La verdad que vive la nación Venezolana, dentro y fuera de la patria, es feroz e implacable.
No hay forma de recomponer el sistema eléctrico, que ante las emergencias pareciera retroceder y poner en la caverna a un pueblo descoyuntado que opta por reírse ante tanta tragedia.
Desde el 4F1992 se instaló en el inconsciente colectivo venezolano la brujería chavista, encarnada por, Hugo un orate que brincaba de rama en rama. Que con premeditación, alevosía y nocturnidad le arrebató la vida a 36 venezolanos cuyos deudos nunca recibieron la justa noticia de que, quien asumió las culpas de esas muertes sufriera condenas por su barbaridad.
En seis años, en 1998, los venezolanos lo entronizaron rey de reyes y por más de treinta años, destruyó todo, la petrolera más importante de Iberoamérica, la red eléctrica más eficiente del hemisferio y toda la economía venezolana se fue al traste, generando deudas tanto perversas como impagables.
Y, un 3 de enero, los americanos se volvieron a meter dentro del poder, sacaron a Maduro y Cilia e hicieron lo conducente, para que cubanos, iraníes, chinos y rusos abandonaran una nación exprimida, de la que solo quedaba el 20% de lo que llegó a ser.
Todo lo anterior en un marco estrambótico de corrupción de todo, que terminó de llevarse por delante la que fuera la segunda economía de la región.
A todo aquello se agrega un doblete sísmico que arrasó lo que quedaba, para darle más verdad a la perversa realidad que nos toca vivir.
Si, la verdad es durísima y no tiene remedio, algún día podremos narrar lo que pasó y como nos reencontramos con la belleza de la vida.
* Editorialista, Corresponsal en Miami