No todos los caminos que suben, van al cielo

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Por Eduardo Martínez

En la vida nos encontramos indicaciones de que frente a nosotros hay un camino que va en subida. Más adelantamos, más arriba llegamos. Pero eso no quiere significar que alcanzaremos el Cielo prometido.

Llegar al Cielo depende más de nuestra actitud que del camino que tomemos. Se ha dicho que el indicado es el camino lleno de espinas. Porque el camino que puede ser de rosas, un camino grato y bonito, puede alejarnos de ese Cielo.

El Martirio es uno de esos escarpados y terribles caminos. Los hemos vistos en las guerras, dictaduras y en las peores violaciones de los derechos humanos que recoge la historia.

En Venezuela, el Siglo XX estuvo lleno de experiencias aterradoras. Basta citar la Rotunda, donde se mezclaba vidrio molido con la comida que se le daban algunos presos; y el Castillo Libertador de Puerto Cabello, donde cada preso tenía una cadena que le conectaba el tobillo a una pesada esfera de acero de 70 libras.

Menos de 20 años después, también es de recordar la temida Seguridad Nacional (SN), donde se practicaron en los años 50 las más atroces torturas; así como la Isla de Guasina, un campo de concentración tropical en el estado Delta Amacuro.

Dos momentos de antaño para no entrar en honduras de tiempos más recientes.

En estos tiempos, inéditos en la historia de Venezuela, pasamos de vivir a sobrevivir es un ambiente de martirio colectivo y generalizado. Unos cambian de camino y se van, por las más variadas razones. Otros nos quedamos aquí, también por variadas razones.

Sin embargo, lo que está en juego es la actitud. Actitud que debe estar caracterizada por la rectitud y el sentido de pertenencia. Encontrar el camino que nos llevará al Cielo, no puede esperar. Hay que fajarse.

editor@eastwebside.com

Fotografía de autor. (Subida al Guarataro desde la avenida San Martín, en Caracas)

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