No hay peor cosa que tener que meter “el hambre” en la ecuación de la economía

Por Eduardo Martínez

En momentos en que el gobierno se hace el loco sobre la crisis salarial, es la inflación lo que más deteriora la calidad de vida de los venezolanos. Un tema que tampoco parece despertar el interés de los expertos.

Esta situación es un poco bizarra y difícil de digerir. Día a día los precios suben de acuerdo a como se va devaluando el bolívar. Lo cual es automático por cuanto prácticamente todos los precios están fijados en dólares.

Esto ocurre porque los salarios siguen amarrados al bolívar. Lo que hace que en el diario hundir del signo monetario, arrastre a los salarios a una fosa que parece no tener fondo.

Ante esta debacle salarial, el gobierno no se da por enterado. Tal vez estaría esperando el 1º de Mayo -día del trabajador- para decretar un aumento del salario mínimo. Una medida que si bien es poco recomendable, por las consecuencias inflacionarias, a la vez es necesaria por lo bajo de los salarios. La gente tiene que comer.

En la cesta de crisis, se encuentra el  bajo salario, el bajo poder adquisitivo del bolívar, la devaluación que monta al bolívar en un tobogán, y la carestía de los productos básicos. Una cesta donde todo sube, mientras el salario baja.

Como terreno de fondo, se tiene una economía basada en la importación de productos, escasez de producción nacional, en tanto el país no dispone de suficientes divisas para importar esos bienes. Un callejón sin salida que montó el propio régimen.

Es así que esta ecuación o mezcla de variables hace no viable la economía del país.  La economía no crece lo suficiente, sumado a una inflación mordiendo de nuevo la hiperinflación, sin exportaciones, con una masa trabajadora que no devenga lo suficiente para poder adquirir la totalidad de productos básicos, lo que hace que los informes y análisis económicos se hayan convertido en un trabalenguas, como lo demuestra este escrito.

No debe extrañarnos entonces que los burócratas del gobierno estén paralizados ante esta crítica situación. Por ello no han reaccionado. Probablemente, no sepan que hacer o tienen miedo de plantearle a sus jefes los necesarios cambios en las políticas socializantes, o lo que es peor, que cuando se sientan envalentonados para hablarle a sus jefes, estos jefes no les entiendan.

Los riesgos son grandes. No hay peor cosa que tener que meter “el hambre” en los análisis económicos. El hambre logra que las personas reaccionen con violencia, y en ese circunstancia, hasta pueden intentar ser caníbales.

editor@eastwebside.com

 

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