Luis Aparicio: El enemigo como propuesta

Por Luis Aparicio M.

Hasta no hace mucho, las campañas electorales giraban principalmente alrededor de las propuestas que los candidatos ofrecían para mejorar la vida de los ciudadanos. Se discutían programas de gobierno, modelos económicos, políticas públicas y visiones sobre el futuro del país.

Por supuesto, también existían ataques, propaganda y descalificaciones, pero estos no ocupaban el centro absoluto de la conversación política.

El debate público se concentraba, en buena medida, en evaluar quién parecía más preparado para gobernar y qué tan viables eran las soluciones que proponía. Incluso candidatos con trayectorias poco convencionales solían verse obligados a presentar algún tipo de programa o plan que permitiera a los electores juzgar sus capacidades.

Todo esto se coronaba con un cierre propositivo para el país que en algunos casos terminaban en debates para presentar, ante los electores, las ofertas más atractivas.

El fenómeno resulta particularmente preocupante porque los ciudadanos suelen aplicar niveles de análisis mucho más rigurosos a otros ámbitos de la vida. Se discute con detalle quién debería dirigir una selección deportiva, cuáles jugadores merecen una oportunidad o qué estrategia ofrece mayores posibilidades de éxito.

Sin embargo, cuando llega el momento de evaluar a quienes aspiran a dirigir un país, el debate suele reducirse a emociones, identidades o enfrentamientos personales.

En ese terreno, las propuestas pasan a un segundo plano. Lo importante deja de ser la capacidad de gobernar para convertirse en la capacidad de castigar, humillar o derrotar al adversario.

Y para lograrlo, algunos candidatos recurren a una herramienta tan antigua como efectiva: las medias verdades, las simplificaciones y, en ocasiones, la mentira cuidadosamente estructurada.

Así se construyen liderazgos que no necesariamente destacan por la solidez de sus ideas, sino por su capacidad para conectar con los temores, frustraciones y resentimientos de una parte del electorado. La discusión sobre políticas públicas es sustituida por una narrativa emocional donde el adversario se convierte en el principal problema y su derrota en la principal solución.

Poco a poco, la competencia de propuestas es sustituida por una competencia de agravios. Se dedica más tiempo a desacreditar al contrario que a explicar cómo se resolverán los problemas de los ciudadanos. Hemos pasado de comparar programas de gobierno a comparar enemigos.

Cuando eso ocurre, los electores reciben una enorme cantidad de ruido, scandals y enfrentamientos, pero muy pocas respuestas concretas sobre asuntos tan fundamentales como el empleo, la seguridad, la educación, la salud o el crecimiento económico. La política deja de ser un espacio para la búsqueda de soluciones y se convierte en un escenario de confrontación permanente.

Mientras tanto, los grandes desafíos permanecen esperando respuestas. La pobreza, la desigualdad, la inseguridad, la crisis climática, la calidad de la educación o el fortalecimiento de las instituciones democráticas suelen recibir menos atención que las controversias diseñadas para dominar titulares y redes sociales.

Por eso resulta urgente recuperar una política basada en propuestas y no únicamente en confrontaciones. Los problemas complejos requieren respuestas complejas, planificación y liderazgo responsable. Ninguna sociedad mejora cuando sustituye el debate de ideas por el intercambio permanente de insultos.

La democracia necesita ciudadanos exigentes, pero también dirigentes capaces de hablarle a la inteligencia de las personas y no solamente a sus emociones más inmediatas.

Allí comienza, quizás, el camino para recuperar la confianza, reducir la polarización y reconstruir una conversación pública donde las soluciones vuelvan a importar más que los enemigos.

@aparicioluis

*Periodista, exjefe de Prensa de la MUD.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*