La Justicia en entredicho por la política de fichas de canje

Por Eduardo Martínez

Quedamos sorprendidos en Venezuela este miércoles, por la llegada sin aviso de Alex Saab al aeropuerto de Maiquetía, traído de la mano de Jorge Rodríguez.

Al pie de la escalerilla obviamente se encontraban -entre otros- su esposa Camilla Fabri con sus dos hijas menores, otros familiares no identificados, y para aumento de la sorpresa, la primera “combatiente” Cilia Flores.

De allí el expresidiario Saab fue trasladado directamente al Palacio de Miraflores, en donde se encontró con Nicolás Maduro y le agradeció las gestiones adelantadas para su liberación desde el mismo momento de ser detenido en Cabo Verde.

A la vuelta de unos pocos minutos, las cárceles venezolanas más terribles, dieron inicio a la apertura de celdas para liberar a más de una veintena de prisioneros, entre opositores y estadounidenses.

Fue así como nos enteramos de la parte secreta, del Acuerdo firmado en Barbados en octubre. Lo que valió para el mismo Maduro, en su aparición con Saab en Miraflores, agradeciera y alabara las gestiones de Gerardo Blyde, jefe de la delegación opositora.

No estamos claros de los beneficios que el doctor Blyde, recibirá de la oposición, luego de tan excelsos halagos. Está por verse.

También no está demás señalar la alegría que envuelve a una veintena de familias venezolanas y estadounidenses, por la liberación de sus familiares. Sobre todo en estos días previos a la Navidad.

El mecanismo

Sin embargo, yendo al fondo del hecho, nos atrevemos a señalar que la justicia ha quedado en entredicho. Ni más ni menos, por cuanto se ha utilizado el mecanismo del “canje”. Lo que ha sido una especie de intercambio de barajitas pertenecientes al álbum de estampitas, entre dos coleccionistas.

La gran diferencia

Si examinamos las condiciones de ambos grupos, el preso en EEUU y la veintena en Venezuela, encontraremos que presentan grandes diferencias.

El señor Saab fue apresado, trasladado e imputado -fundamentalmente- por el delito de “lavado de dinero” y por ser presuntamente testaferro.

En Venezuela, los prisioneros políticos fueron detenidos, con procedimientos que rayan en el secuestro, por ser opositores al régimen, por protestar y reclamar sus derechos sindicales y laborales -como los seis sindicalistas liberados- y además, sometidos a condiciones de detención denigrantes, sin respeto a los derechos humanos y con procedimientos de juicio no respetuosos de la legislación, según lo han señalado sus defensores y familiares.

Eso establece una diferencia fundamental, una gran diferencia que se debería resaltar.

Las reacciones han sido diversas y encontradas en el caso de la oposición.

Pro una parte no debemos olvidar el factor humano. Conmueve ver la imagen de Saab a su llegada al reunirse con sus dos hijas menores, y que prácticamente no lo conocen por sus cortas edades. Eso, más allá de su culpabilidad o inocencia.

En su caso, tanto a su esposa como su cuñado, se le siguen procesos judiciales en territorio de la Unión Europea. Lo último que se conoce es que la Europol los tiene en la lista de los solicitados.

Por otra parte, mención especial merecen analistas de la oposición que se sienten defraudados por la liberación de Alex Saab sin llegar a cumplir su proceso de juicio y condena en los EEUU. Cuanto más, porque los dineros -presuntamente lavados- habrían provenido del erario venezolano.

Sobre este escabroso tema habría que señalar que todavía hay venezolanos que no terminan de entender que a los “malaconducta”, que están señalados de cometer delitos con los dineros venezolanos, hay que procesarlos en Venezuela. No pedirle a otros países que los juzguen.

Basta ya de llamar a otros, para que hagan el trabajo que debemos hacer aquí. Eso es la comodidad en grado máximo que no debemos seguir permitiéndonos.

A parte de aquella máxima que señala que “los trapos sucios se lavan en casa”.

Cuando esos países, a quien pretendemos que nos resuelvan nuestros problemas, se ven en la necesidad de escoger su camino a seguir, siempre descubrimos que deciden por sus intereses nacionales.

Eso recuerda cuando en la era Guaidó, una respetable cantidad de dirigentes opositores y seguidores, esperaba que los Marines llegaran a Venezuela para que el presidente interino pudiera ingresar a Miraflores.

Nadie va a hacer por nosotros, lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos.

En este sentido, la justicia sea en EEUU o en Venezuela, quedó en entredicho con este canje. Aunque existan razones humanas y humanitarias para haberlo hecho.

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@ermartinezd

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