Por José Rodriguez Iturbe
Henri Bergson nació en París el 28 de octubre de 1859, en el seno de un hogar judío de origen polaco. Su capacidad para las matemáticas durante sus estudios en el Lycée Condorcet hizo pensar a sus profesores que se dedicaría a las ciencias. Fue admitido a la École Normale Supérieure en 1878. Allí tuvo como maestros a Léon Ollé-Laprune [1839-1898] y a Pierre Boutroux [1880-1922]. Ellos lo introdujeron en la tradición espiritualista francesa, sobre todo en la de [Marie François Pierre Gontier de Biran] Maine de Biran [1766-1824] y Felix Ravaisson [1813-1900]. También lo pusieron en contacto con la escuela positivista. El pensamiento positivista y kantiano era entonces el imperante en los medios académicos. Tuvo, como compañeros de estudios, a Émile Durkheim [1858-1917], Alfred Braudillart [1859-1942] y Jean Jaurès [1859-1914]. Obtuvo en 1881 la Licenciatura en Matemáticas y en Letras; y el segundo lugar en la Agrégation en Filosofía. Se dedicó a la enseñanza, primero en Angers (1881) y luego en Clermont-Ferrand (1883), en el Collége Rollin y en el Lycée Henri IV (1889).
En 1889 apareció su tesis Essai sur les données immédiates de la conscience [Ensayo sobre las captaciones inmediatas de la conciencia]. En 1891 contrajo matrimonio con Louise Neuburger [1847-1884], prima de Marcel Proust. Publicó en 1897 Matière et mémoire [Materia y memoria]. De 1897 a 1900 fue profesor en la Escuela Normal Superior.
Seguidamente obtuvo la cátedra en el Collège de France. Fue sucesor en la cátedra, primero de Charles Lévêque [1818-1900] y, luego, de Gabriel Tarde [1843-1904]. Allí fue Profesor hasta 1921, año de su jubilación.
Nunca tuvo oportunidad para enseñar en La Sorbona. Sus clases y conferencias a partir de 1900 tuvieron numerosa audiencia y gran repercusión. Publicó en 1900, en volumen, Le rire [La risa], dos artículos de 1899, en la Revue de Paris. Su Introducción a la métaphysique (aparecido en la Revue de Métaphysique et Moral) es de 1903. L’Évolution créatrice [La evolución creadora] es de 1907.
En una Comunicación al V Congreso de Filosofía, celebrado en Bolonia en 1911, Bergson dijo que un auténtico filósofo sólo sabe una cosa en su vida porque goza de un solo punto de contacto con la realidad. Y rogó a sus colegas: “Piensen como hombres de acción.
Actúen como hombres de pensamiento”1.
Fue Profesor invitado en la Columbia University para unas Lectures sobre espiritualidad y libertad en el curso 1912 – 1913. Bergson fue nombrado Miembro de la Academia de
11 Cfr. MATHIEU, Vittorio [1923-2020], Bergson, en AA. VV., Diccionario de Filósofos, Rioduero, Madrid, 1986, pp. 143-148; COLLINS, James Daniel [1917-1985], A History of Modern European Philosophy, Bruce, Milwaukee, 1956, pp. 809–848; SCOGNAMIGLIO, Eduardo [1951], Henri-Louis Bergson: anima e corpo, Messaggero, Padova, 2005; QUINTANILLA, Miguel Angel [19435], Bergsonianas y política, Fondo de Cultura Económica [FCE], México, 1953; MIQUEL, Paul-Antoine [1959], Bergson dans le miroir des sciences, Kimé, Paris, 2013; SERTILLANGES, Antonin-Dalmace [1863- 1948], Avec Henri Bergson, Sils Maria, Mons, 2002; SCHUMANN, Maurice [1911-1998], Bergson ou le retour de Dieu, Flammarion, Paris, 1995; JANKÉLÉVITCH, Vladimir [1903-1985], Henri Bergson, (Nueva ed.), Presses Universitaires de France [PUF], Paris, 2015; ANSELL-PEARSON, Keith [1960], Philosophy and the adventure of the virtual: Bergson and his time of life, Routledge, London,. 2002; GUERLAC, Suzanne [1950], Thinking in time: an introduction to Henri Bergson, Cornell University Press, Ithaca (NY), 2006; KOLAKOWSKI, Leszek [1927-2009], Bergson, St. Augustine’s Press, South Bend (Ind.), 2001; GODANI, Paolo [1974], Bergson e la filosofia, ETS, Pisa, 2008; LEFEBVRE, Alexandre [1979], Human Rights as a way of life: Bergson’s political philosophy, Stanford University Press, Stanford, 2013; HUDE, Henri [1954], Bergson, Éd. Universitaires, Paris, vol 1, 1989, vol. 2, 1990; VIEILLARD-BARON, Jean-Louis [1944], Bergson, (3a. ed.), Presses Universitaires de Franxce [PUF], Paris, 2007; WORMS, Frédéric [1964], Bergson ou les deux sens de la vie, (2a. ed.), Presses Universitaires de France [PUF], 2013; SOULEZ, Philippe [1943-1994], Bergson politique, Presses Universitaires de France [PUF], Paris, 1989.
Ciencias Morales y Políticas, en 1901. En 1914 fue elegido Miembro de la Academia de Francia.
En 1921 fue sustituido, por razones de salud, en su cátedra en el Colegio de Francia, por su discípulo Edouard Le Roy [1870-1954]. Éste se ocupó definitivamente de la cátedra a partir de 1924.
En los años de la I Guerra Mundial (1914-1918) realizó distintas misiones diplomáticas. Luego, cuando la Sociedad de Naciones constituyó un Comité para la Cooperación Intelectual, Bergson fue designado para presidirlo. En 1925 debió abandonar tales tareas por motivos de salud. En 1928 fue distinguido con el Premio Nóbel de Literatura.
Bergson publicó en 1932 Les deux sources de la morale et de la religion [Las dos fuentes de la moral y de la religión]. Con esta obra se hizo evidente su cercanía al catolicismo. Sin embargo, murió en 1941 sin haber recibido el bautismo. En su Testament, redactado el 8 de febrero de 1937, explica: “mis reflexiones me han acercado cada día más al catolicismo, en el que veo el coronamiento del judaísmo. Me hubiera convertido si no hubiera visto prepararse durante años la formidable ola de antisemitismo que va a arrollar el mundo. He querido permanecer con los que mañana serán perseguidos”.
Falleció en Auteuil (París) el 4 de enero de 1941.
a. La intuición
En su etapa juvenil Bergson estuvo, inicialmente, muy influenciado por el positivismo in genere, y por el evolucionismo de Spencer, que era visto como “filosofía científica”. Bergson se planteó prontamente que la ciencia puede captar las formas estables de la evolución, pero no la evolución en sí misma. La evolución, que es movimiento, sólo puede captarse, según él, por la intuición. Su separación de una visión mecanicista de la realidad se hizo evidente cuando afirmó que los datos espirituales, los “datos inmediatos de la conciencia”, no podían ser reducidos a cantidad y extensión, y que, por tanto, se requería una filosofía que pusiera de relieve la heterogeneidad de la conciencia y de la realidad material2.
“La filosofía —escribe— no es más que una vuelta consciente y reflexiva a los datos de la intuición”. La forma fundamental de la intuición es la conciencia (“conciencia inmediata, visión que apenas se distingue del objeto visto”). Así la intuición es la “simpatía intelectual por la cual nos trasladamos al interior de un objeto para coincidir con lo que tiene de único y, por consiguiente, de inexpresable”. El ser para él será élan vital [impulso vital]. Y el tiempo humano es durée réel [duración real]. El élan vital es el núcleo de todo ser del mundo.
La intuición es intelectual, pero es, también, cercana al instinto. Al conducirnos al interior de la vida misma, la intuición se presenta como el “instinto desinteresado, consciente de sí mismo, capaz de reflexionar sobre su objeto y de ampliarlo indefinidamente”. También es cercana a la voluntad. El objeto de la intuición es la duración. Bergson consideraba la intuición de la duración el centro de su doctrina. La intuición es la única forma de
2 VANNI ROVIGHI, Sofia [1908-1990], Storia della Filosofia Contemporanea dall’Ottocento ai giorni nostri, La Scuola, Brescia, 1985, pp. 261 – 268.
conocimiento que capta la duración. Así, escribe: “La intuición es aquello que alcanza el espíritu, la duración, el movimiento puro”; “Pensar intuitivamente es pensar en duración”. La inteligencia opera una visión de partes de la realidad. Son visiones inmóviles de la duración. No puede alcanzar el movimiento desde elementos inmóviles. Bergson, contra lo que dicen sus críticos, no es un antiintelectualista. Para él, la inteligencia implica tanto una orientación hacia el conocimiento científico de la inmovilidad como hacia el conocimiento metafísico de la movilidad. Así, la intuición aporta “una visión sintética supraintelectual”. Su visión es un intento de superación del empirismo partiendo del empirismo mismo. Véanse sintéticamente sus planteamientos doctrinales sobre el espíritu, el mundo y Dios3.
b. Filosofía del espíritu
En Essai sur les données immédiates de la conscience Bergson estudia la vida psicológica y el problema de la libertad. Para él la libertad es un hecho, claro y comprobable.
En Matière et memoire se ocupa de las relaciones entre el alma y el cuerpo. Para él, la conciencia es esencialmente memoria. Hay dos clases de memoria: la memoria-hábito y la memoria-recuerdo. Lo que hay que explicar no es tanto el recuerdo como el olvido. Toda materia brota de Dios. Dios, para él, no es nada hecho sino plenitud de vida, acción permanente, libertad total.
c. Moral y religión
En L’Évolution créatrice, dentro de un estilo elevadamente poético, pudiera pensarse que Bergson plantea un panteísmo, pues la fuente del élan vital [impulso vital] es el mismo élan vital. Cuando ello le fue señalado, Bergson respondió epistolarmente, en 1912, manifestando que pensaba que en sus obras se planteaba con claridad la existencia de un Dios libre, creador de la materia y de la vida, que sigue creando por la evolución de las especies y por la constitución de personalidades humanas. Añadía que el tema de Dios era, a su entender, inseparable de cuestiones de la moral que aún no tenía claras.
A esas cuestiones morales respondió en Les deux sources de la morale et de la religion. Hablando de la moral se refiere a dos formas que nunca se dan en estado puro: la obligación y la aspiración. La obligación se funda en el instinto y se impone por presión social. La aspiración es una emoción impulsada por el ejemplo de los héroes. La vida social es natural e instintiva, pero los individuos deben aceptar un conjunto de imperativos comunes.
La moral abierta de Bergson es un élan d’amour [impulso de amor]. Lo que lleva a la existencia moral no son tanto las leyes cuanto la ejemplaridad; es una moral de la libertad y del amor.
Para él, la moral no se funda en la razón. La razón sólo aporta justificaciones lógicas a movimientos vitales. La razón no es capaz de engendrar una fuerza moral real. Hay una reacción defensiva de la naturaleza contra la “función fabuladora” de la inteligencia que
3Cfr. VERNEAUX, Roger [1906-1982], Historia de la Filosofía Contemporánea, Herder, Barcelona, 1989, pp. 148 y ss.
tiende a disolver la sociedad con la crítica de las costumbres y la exaltación del egoísmo individual. La religión, por el contrario, facilita la cohesión social, sacralizando las costumbres y protegiendo la vida del grupo. Las creencias religiosas, a su entender, no pueden ser juzgadas por la razón, porque su valor no es especulativo, sino práctico. Sólo los seres inteligentes son supersticiosos. Los animales, con su sola vida instintiva, no son supersticiosos.
La religión dinámica, para Bergson, es el misticismo. La raíz es una emoción, no una doctrina. La doctrina no despierta una emoción, pero toda emoción cristaliza en una doctrina. El misticismo en la historia ha adoptado diversas formas y los grandes místicos, contra lo que afirman algunos positivistas, no son unos enfermos. Son gente de calidad superior cuya voluntad se une con la de Dios y se consumen en el amor a Dios y por el amor de Dios a todos los seres humanos. Los místicos superan el “problema de Dios” pues tiene experiencia de Él.
Si Dios existe, ¿cuál es su naturaleza? Bergson responde: “Dios es amor, es objeto de amor: en esto consiste toda la aportación del misticismo. El místico no acabará jamás de hablar de este doble amor. Su descripción es interminable porque la cosa que hay que describir es inefable. Pero lo que afirma claramente es que el amor divino no es una cosa de Dios, es Dios mismo”. Ese amor es una persona dotada de poder de creación. La creación será siempre una “empresa de Dios para crear creadores, para asociarse seres dignos de su amor”.
Para Bergson, Dios es un constante devenir vida inacabada, total libertad y actividad pura.
Jacques Maritain, una de las personas en quienes Bergson influyó determinantemente en su período de dudas juveniles, distingue en la valoración de su obra entre un “bergsonismo de intención” y un “bergsonismo de hecho”, contrapuestos en aspectos básicos. No son, en efecto, conciliables la trascendencia de Dios y su poder creador con la inmanencia del élan vital bergsoniano.
* Abogado, Doctor en Derecho Canónico de la Universidad de Navarra, Pamplona, España. Doctor en Derecho de la Universidad de Navarra. Actualmente profesor en la Universidad de La Sabana en Bogota, Colombia.
Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa.
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