Por José Antonio García
Durante la Peste Negra, los gobernantes sabían que el hacinamiento urbano expandía el contagio, pero continuaron hacinando poblaciones por decretos fiscales. En lugar de corregir la causa, dejaron que los ciudadanos culparan ciegamente a los astros, los gatos o los castigos divinos. Lo mismo parece ocurrir hoy con las causas de la inflación en Venezuela. Quédate por aquí; te vamos a explicar cómo el mismo encargado de erradicar la inflación es quien inocula el virus que la propaga.
ANATOMÍA DEL PROBLEMA EN VENEZUELA
En economía, las causas que generan inflación son varias; entre las de mayor peso e impacto destacan la inflación por costos, la inflación por demanda y la inflación monetaria.
Analizarla en el contexto venezolano requiere conocer su panorama: una caída económica en la última década cercana al 70 % de su tamaño a causa de un torbellino de políticas erradas, corrupción y sanciones. Cuando analizamos el fenómeno inflacionario, su principal catalizador es la devaluación de la moneda. Pero esta, a su vez, tiene causas estructurales que la sostienen, desde una demanda creciente de divisas hasta la emisión de dinero sin respaldo.
LIQUIDEZ: ¿el germen de la enfermedad?
¿Por qué suben los precios en Venezuela? Al investigar sus orígenes, se aprecia que en el país no ha existido una inflación por costos de energía o materias primas de forma considerable, pero sí una devaluación que en algunos años superó el 100 %. El dólar, al hacerse más caro, traslada su costo a los precios de bienes y servicios. Pero ¿por qué se devalúa la moneda y sube el dólar? Según revelan los registros del Banco Central de Venezuela (BCV), durante el primer semestre de 2026 se emitió dinero sin respaldo en 23 ocasiones: 4 veces por mes entre enero y mayo, y 3 en junio.
La literatura académica explica con claridad este fenómeno. Por un lado, investigaciones del Banco Central Europeo (BCE) y, por el otro, análisis publicados por la Universidad de Harvard a través del NBER, coinciden en una misma conclusión: existe una relación idéntica, de uno a uno (1:1), entre el crecimiento de la liquidez monetaria (dinero sin respaldo) y el ritmo de aumento de los precios. Dicho de forma sencilla: por cada punto porcentual que incrementa la liquidez monetaria, la inflación aumenta en una proporción similar.
Al revisar las cifras históricas de Venezuela, esta correlación se evidencia de manera directa:
•2021: Inflación 686,4 % / Liquidez 620,1 %
•2022: Inflación 234,1 % / Liquidez 348,4 %
•2023: Inflación 189,8 % / Liquidez 268,0 %
•2025: Inflación 482,6 % / Liquidez 512,2 %
Sí, tal como se observa: el porcentaje de impresión de dinero sin respaldo se refleja de forma casi especular en la inflación venezolana. Esta misma tendencia se mantiene en 2026: durante el primer semestre, la inflación cerró en 129,82 %, mientras que la liquidez creció un 143 %.
¿POR QUÉ EMITIR EN ABUNDANCIA?
Entre 2021 y 2025, la expansión monetaria se justificó bajo el contexto de la pandemia y el impacto de las sanciones petroleras. Pero si el escenario financiero de 2026 es radicalmente distinto, ¿por qué la impresión de dinero no se detiene?
Estimaciones independientes proyectan un ingreso adicional de entre 10.000 y 12.000 millones de dólares para el país, derivado de la flexibilización de sanciones y el alza en los precios del crudo tras el conflicto en Irán. En economía, una mayor recaudación reduce el déficit fiscal y elimina la necesidad de recurrir a la emisión monetaria.
Sin embargo, de mantenerse el ritmo actual, la emisión de dinero sin respaldo para este año equivaldría a unos 5.000 millones de dólares, cifra que representa menos de la mitad del superávit petrolero proyectado. Si los nuevos ingresos cubren con creces las cuentas del Estado, ¿por qué insistir en devaluar la moneda imprimiendo un dinero que no se necesita?.
CUANDO EL MÉDICO ES QUIEN CONTAGIA.
La evidencia empírica es clara: la inflación en Venezuela no responde a un fenómeno exógeno ni a un shock de costos, sino a la expansión deliberada de la oferta monetaria por parte del BCV. Continuar inyectando dinero inorgánico es inocular el veneno que alimenta la inflación y la brecha cambiaria. Mantener esta práctica no tiene justificación en un escenario de superávit fiscal. Cualesquiera que sean las razones, el desenlace es el mismo: un impacto severo para la economía y la población en general.
Llevar contra las cuerdas a la inflación requiere asumir una disciplina fiscal y monetaria estricta. Mientras el emisor continúe imprimiendo sin respaldo, la estabilidad monetaria seguirá siendo una ilusión. La solución no es un misterio técnico, sino una decisión política en el marco del incremento de los ingresos petroleros. ¿O será que existen otras razones que involucran a EE. UU. y la administración de los recursos provenientes de las ventas de crudo?
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