José Antonio García: ¿ Es la jubilación un derecho extinto?

Por José Antonio García

Hay un tsunami que lleva años amenazando con arrasar la protección necesaria para una vida digna en la tercera edad. En Europa, la ola ya cayó y sus efectos comienzan a sentirse con fuerza en Latinoamérica. La caída de la natalidad y el incremento de la longevidad colocan hoy sobre el tablero un riesgo existencial: cómo el Estado financia las pensiones. No se trata de una simple decisión gubernamental, sino de una crisis estructural de sostenibilidad. Pero en Venezuela, esa crisis es más profunda, un abismo donde la demografía y la economía colisionaron. Para sortearla, el primer rayo de luz pasa por poner la verdad técnica a la vista de todos.

De Europa hasta Latinoamérica: El colapso de un modelo agotado

Hoy, una noticia sacude Europa y el mundo. Recientemente, Alemania ha anunciado recortes históricos de más de 38.000 millones de euros en salud y pensiones para 2030, una medida abrupta ante la falta de planes a una crisis estructural que lleva décadas tocando la puerta en toda Europa. Durante las últimas cuatro décadas, los nacimientos por mujer ni siquiera cubren la tasa de reemplazo. En 2025, Alemania registró el número de nacimientos más bajo desde 1946, 654.300, mientras que las muertes superaron el millón.

Este efecto dominó ha cruzado el Atlántico. Según datos de la CEPAL, Latinoamérica está envejeciendo a un ritmo sin precedentes: en 1960, el promedio en la región era de 6 hijos por mujer; en la actualidad, la tasa de fecundidad ha caído a un mínimo de 1,8 hijos por mujer. A diferencia de Europa, aquí el tsunami llega con una agravante: la informalidad laboral. Si 5 de cada 10 trabajadores no cotizan, el sistema nace quebrado, convirtiendo la jubilación en un lujo para pocos en lugar de un derecho para todos.

Y es que históricamente, los sistemas de seguridad social fueron diseñados bajo una estructura «piramidal»: una base ancha de trabajadores sostenía las pensiones de un número mucho menor de adultos mayores.

Venezuela en números: Radiografía del Quiebre

Para entender el drama venezolano, es necesario mirar por el retrovisor de la historia. Cuando se implementó el Seguro Social en 1944, Venezuela era el sueño del sistema de pensiones: la relación era de casi 30 trabajadores por cada pensionado. Con el pasar de las décadas la proporción cambió y, para el año 2012, 2,4 millones de pensionados se apoyaban en una fuerza laboral que superaba los 7 millones de personas. El cambio ya presagiaba un quiebre; sin embargo, lo que siguió no fue una transición, sino una demolición estructural.

Al llegar al 2026, la fotografía actual es la de un colapso matemático. Hoy, el número total de trabajadores activos oscila en los 4.400.000 (entre el sector público y el privado), mientras el número de pensionados y jubilados se estima en más de 5,2 millones. Pero la cifra de trabajadores es engañosa si consideramos el casi inexistente aporte al sistema de seguridad social debido a la bonificación del salario.

Además, nuestra expectativa de vida ha pasado de los 43 años en 1944 a los 73 años en la actualidad. A esto se suma que la natalidad ha descendido hasta los 2,2 hijos por mujer, situándose apenas un suspiro por encima del nivel de reemplazo poblacional.

Pero eso no es todo: la migración ha «mutilado» aún más la pirámide poblacional. Según datos de ACNUR, la diáspora supera los 7,7 millones de personas; de ellos, el 95% tiene menos de 60 años, dejando atrás una nación envejecida.

El Camino hacia la luz: Una Hoja de Ruta para lo Inevitable

Para transformar este diagnóstico sombrío en un sistema viable, es imperativo transitar una ruta de soluciones estructurales:

1. Rediseño integral del sistema: Adaptar la estructura a la realidad demográfica del siglo XXI.

2. Restitución del salario: Fundamental para restaurar la base real de los aportes.

3. Sincerar registros: En las nóminas de pensionados y jubilados.

4. Incremento del porcentaje de cotización: Un acuerdo nacional que analice ajustar las tasas de aporte, orientándolas hacia fondos que trasciendan la gestión pública tradicional.

5. Fondos Soberanos de Pensiones: Modelos dinámicos al estilo de Noruega o Australia que utilicen la renta extractiva como respaldo.

6. Tecnología y Productividad: La automatización y la IA son la clave como el «nuevo cotizante»; este es el debate que ya lidera el mundo.

7. Todo trabajo cotiza: Integración obligatoria al sistema de seguridad social de los trabajadores informales.

Veredicto Final

Con cotizaciones casi inexistentes, una longevidad al alza, la caída de la natalidad y una relación real de casi un trabajador por cada pensionado, el análisis es demoledor: la pensión en Venezuela ha dejado de ser un seguro para convertirse en un subsidio profundamente insuficiente. La frialdad de los datos no es un error de registro; es el reflejo de un sistema que colapsó.

El debate sobre el drama del sistema de pensiones no es solo un problema de quienes ya envejecieron; es una amenaza silenciosa para millones de venezolanos que hoy trabajan o estudian, y que marchan hacia un futuro donde la seguridad social es un espejismo.

La crisis no es solo de «voluntad política y de la falta de planes nacionales», es demográfica y estructural. Es urgente que el tema salga de las oficinas cerradas y se ponga, como dijimos al principio, a la vista de todos.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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