José Antonio García: El viraje del superávit petrolero

Por José Antonio García

Un bisturí en manos de un cirujano salva vidas; en manos inexpertas provoca una hemorragia fatal. El crédito y la inyección monetaria responden a la misma lógica. La inflación no es neutra: cuando financia inversión real crea prosperidad; cuando solo subsidia el consumo, destruye el poder adquisitivo. Quédate, porque hoy te explicaremos cómo Venezuela actuó en décadas pasadas ante esta misma realidad y hacia qué camino apuntan las señales en el presente.

LECCIONES DEL PASADO: Cuando los recursos se utilizan de manera equivocada 

Entre 1972 y 1974, los ingresos de Venezuela experimentaron un salto por la crisis del petróleo en Medio Oriente. La renta petrolera pasó de representar unos 2.000 millones de dólares anuales a superar los 10.000 millones de dólares de la época.

Los gobiernos del momento canalizaron el superávit hacia el gasto corriente (sueldos, burocracia, subsidios directos a los precios internos y venta masiva de divisas para financiar importaciones y consumo artificial, entre otros), en lugar de asignar una parte a créditos dirigidos a la industria y a la infraestructura productiva sostenible.

Cuando los precios del crudo retrocedieron en la década de 1980, se desató las crisis inflacionarias venideras, se desplomó el empleo y arrastró a la población a niveles de pobreza que rozaron el 70 % durante la década de los noventa.

EL DILEMA DE LA INYECCIÓN DE RECURSOS: ¿Desarrollo productivo o inflación destructiva?

La literatura económica contemporánea establece una distinción tajante entre los recursos que, aún pudiendo generar una inflación inicial, estimulan el desarrollo, y aquellos que generan inflación destructiva:

1. Inyección orientada al consumo e ineficiencia fiscal: Daron Acemoglu (Premio Nobel de Economía, MIT) y Simon Johnson demostraron en 2003 que, cuando los recursos públicos se dirigen de forma dominante al gasto corriente, la expansión de la burocrácia y subsidios innecesarios, el resultado son espirales inflacionarias prolongadas.

2. Inyección orientada a la infraestructura y producción: Por el contrario, un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) concluyó que la inversión pública en infraestructura, producción y energía, aunque puede generar presión inflacionaria inicial debido al aumento de la demanda de insumos, logra que a mediano y largo plazo la inflación descienda de forma sostenida. 

El TABLERO DE 2026: ¿A dónde van a parar los nuevos petrodólares?

En 2026, Venezuela ha experimentado un crecimiento de su renta petrolera impulsado por la flexibilización de las sanciones, el incremento de la producción y la subida en los precios del crudo por la guerra en Irán. Según cifras oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV), en el primer trimestre de 2026 las exportaciones petroleras sumaron 5.491 millones de dólares. Además, firmas de análisis y economistas proyecta que los ingresos petroleros adicionales superarán la barrera de los 12.000 millones de dólares para el cierre del ejercicio.

La pregunta que define nuestro futuro económico no es cuánto ingresa, sino cómo se gasta. Según datos del BCV, el Estado está utilizando el excedente para la contención cambiaria: hasta la fecha de publicación de este artículo se han colocado aproximadamente 12.000 millones de dólares en las mesas de cambio, triplicando (8.000 millones adicionales) la venta de divisas en comparación con el mismo período del año anterior, mientras que el resto se ha destinado a financiar gasto corriente e inversiones parciales en la infraestructura de PDVSA, no obstánte, la mayor parte del superávit no se está reinvirtiendo en el aparato productivo de la economía no petrolera.

Ninguna autoridad ha presentado aún una explicación de por qué se decidió este manejo de los recursos petroleros, o por qué utilizar una política económica que las investigaciones advierten recurrentemente como nefasta para evitar la inflación crónica y que la misma historia venezolana cuenta estre sus páginas como uno de los errores económicos que más daño causó a la población y la economía.

OIDO AL TAMBOR: El tiempo de corregir el rumbo

La ciencia económica ha dado su dictamen: la inflación, cuando financia inversión real, crea prosperidad; cuando solo subsidia el consumo, destruye el poder adquisitivo.

La historia económica no es un destino ineludible, sino un espejo que advierte sobre los errores repetidos. Repetir el esquema de la «Gran Venezuela», diluyendo el superávit petrolero en consumo artificial, contención cambiaria y burocracia, conduce inexorablemente al mismo abismo inflacionario que empobreció a generaciones pasadas.

Apostar por el desarrollo exige un viraje inmediato en la administración del superávit petrolero: dejar atrás la inflación parasitaria del gasto6 corriente y redirigir buena parte de los recursos hacia créditos estrictos, infraestructura y capacidad productiva real. Venezuela está a tiempo de elegir el mejor destino para sus petrodólares. Perder unos dólares tal vez no dañe a nadie; hacerlo con millones es un daño que tiene como víctima a toda una sociedad y que, en este 2026, ya cuenta con millones de dólares que no se recuperan.

* Economista

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

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