Por José Antonio García
Imagínate un barco del que sale humo por todas las ventanas y en lugar de evacuar, la banda sigue tocando. Eso es hoy Venezuela: la inflación en más de 600%, la canasta alimentaria se dispara y la brecha cambiaria continúa. Mientras tanto, la misma estructura que debería apagar el incendio insiste en una política fiscal que devalúa el salario y alimenta la brecha. Quédate, por que hoy te lo explico con datos, sin alarmismo pero sin la anestesia que algunos prefieren usar, porque quien controla la liquidez puede vaciar los bolsillos del asalariado para llenar los cofres de los grandes capitales.
I. LAS CARAS DEL INCENDIO ECONÓMICO
Desnudar la economía implica ver las dos caras de la moneda. Las sanciones internacionales actuaron como un acelerador evidente al recortar los ingresos del país y la cantidad de dólares en la economía, pero el combustible adicional lo puso la política interna: un encaje legal bancario asfixiante y, sobre todo, el colosal y silenciado, financiamiento del déficit fiscal a través de la emisión descontrolada de dinero digital. Es decir, dinero creado de la nada.
II. La MANGUERA DE GASOLINA: Cómo la liquidez sin control devora el valor de tu esfuerzo
Pese a las conocidas consecuencias de imprimir dinero sin respaldo, en Venezuela la emisión digital por parte de Gobierno promedió alzas de entre 200% y 300% en los últimos años, con un pico de 410% en 2025. Pero lo de 2026 es pura dinamita: en solo cuatro meses la liquidez; el dinero que circula en la calle y en las cuentas bancarias, se disparó un +107,2%, arrojando 1,7 billones de bolívares a la circulación (Fuente: BCV).
Esta aceleración vertical a comienzos de 2026 es una pista infalible de lo que seguirá ocurriendo: inyectar tanto dinero en poco tiempo dispara la inflación, pulveriza el poder adquisitivo y alimenta la brecha cambiaria.
III. LA PARADOJA DEL COLAPSO: El negocio corporativo detrás de la crisis
En 1971, EE. UU. abandonó el patrón oro, abriendo la puerta para que los gobiernos imprimieran dinero sin respaldo para financiar el gasto público. Pasó en la crisis del petróleo de los 70 y se repitió globalmente en la pandemia: los países fabricaron billetes de la nada y el resultado fue fulminante: inflación desbocada y salarios pulverizados, mientras el valor de activos como el oro y las corporaciones tecnologícas se iba a las nubes.
Ese eco mundial se replicó con exactitud en Venezuela; mientras los sueldos y jubilaciones se evaporaban por la emisión descontrolada de dinero, las acciones en la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) registraban ganancias récord.
Refugios millonarios: El auge silencioso de la Bolsa de Valores de Caracas
De acuerdo con los informes de la Superintendencia Nacional de Valores (Sunaval), el dinero real dentro de la Bolsa de Valores de Caracas saltó de $132 millones a $689 millones de dólares, multiplicando por cinco su volumen en divisas durante 2025. Al mismo tiempo, las acciones del sector financiero (como el Banco Mercantil o el Provincial) y las grandes empresas de licores, químicos, cementeras, siderúrgicas y alimentos reportaban ganancias netas en sus balances medidos en «dólares».
Seguro te estarás preguntando: ¿Y cómo se sostiene esta gran contradicción? Pues porque los grandes activos financieros se benefician de la misma lógica que destruye tu dinero. La liquidez monetaria perjudica al trabajador, al pensionado y al pequeño comerciante, pero beneficia a la cúspide financiera y empresarial.
IV. CONCLUSIÓN: El impuesto de los que no tienen voz
Los Estados y Gobiernos controlan hoy el grifo de la liquidez y poseen el poder absoluto de decidir quién se beneficia y quién paga la cuenta al final de la fiesta. Los perdedores de este modelo no son los mercados, ni las grandes empresas, ni el Gobierno; de hecho, ellos son los ganadores temporales. El verdadero perdedor es el trabajador, el asalariado y esa inmensa mayoría que no tiene los mecanismos para indexar su ingreso a un activo real.
Mientras contradictoriamente los ingresos petroleros de PDVSA incrementan en más 1.700 de millones de dólares en cuatro meses respecto al mismo periodo del año 2025 y voceros señalan al salario de generar inflación, el Gobierno continúa imprimiendo, y sin explicación, miles de millones del aire para financiar el gasto público.
En el mundo en el que vivimos, la creación descontrolada de dinero es hoy el mayor método de ingeniería financiera para confiscar la riqueza de la mayoría y pasarla a los bolsillos de las grandes empresas y a la banca. Los ahorros de la población, las prestaciones sociales de los trabajadores y el poder adquisitivo de millones fueron expoliados en Venezuela y trasladados a los bolsillos de la élite económica del país, bajo decisiones tristemente tomadas por el único encargado de administrar la liquidez monetaria en Venezuela. Recordándonos que: quien controla la liquidez puede vaciar los bolsillos del asalariado mientras llena los cofres de los grandes capitales.
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