Isabel Vidal de Tenreiro: Buena Nueva – ¿Ricos o sabios?

Spread the love

Por Isabel Vidal de Tenreiro

Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios” (Mc. 10, 17-30).

¡Vaya advertencia! Pero es que en realidad esta frase del Señor no era la exageración que parece ser, sino que se refería a la dificultad que los camellos tenían para traspasar una de las puertas de entrada de Jerusalén, llamada “El Ojo de la Aguja”.  Con todo y esta explicación, la dificultad para los ricos sigue existiendo.

Pero… ¿es que es malo ser rico? No parece ser así.  Lo que sucede es que los seres humanos tenemos una tendencia muy marcada y muy peligrosa de apegarnos de tal forma a las riquezas que llegamos a poner los bienes materiales por encima de Dios o, inclusive, los colocamos en vez de Dios.

Y ¿quiénes son los ricos de que habla Jesús? “Rico = el que confía en las riquezas”.  No significa que sea malo tener riquezas.  Lo malo es confiar más en las riquezas que en Dios.  Ricos, entonces, son todos los que prefieren las riquezas a Dios… o inclusive hay aquéllos que convierten las riquezas en su dios.

La Sagrada Escritura suele presentarnos las riquezas en oposición a la Sabiduría Divina: “La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza… todo el oro, junto a ella, es un poco de arena y la plata es como lodo”. (Sb. 7, 7-11)

Esa, la Sabiduría Divina, es la verdadera Sabiduría, porque la otra, la de meros saberes humanos, no es que sea mala, pero no es suficiente. Y ¿en qué consiste la Sabiduría Divina para nosotros? Ser sabio como Dios manda es poder ver las cosas, las personas, las circunstancias de nuestra vida como Dios las ve.  ¡Nada menos!  ¡Por eso es que es más valiosa que todas las riquezas!

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos nos apegamos a las riquezas, como si ellas lo fueran todo.  De allí la sentencia del Señor: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos (los que confían en las riquezas) entrar en el Reino de Dios!”.  Los discípulos se asombran y preguntan: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”.   Contesta el Señor: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios.  Para Dios todo es posible”. 

Ahora bien, es cierto que Dios nos salva, pero no nos salva sin nuestra colaboración.  ¿Y cuál es nuestra colaboración?  Pues, el ir aprovechando todas las gracias que Dios va derramando a lo largo de nuestra vida.  Y el Señor, para quien todo es posible, quiere y puede quitarnos muchos pecados.  Puede hasta quitarnos el apego de los bienes materiales.

Siendo el 15 de octubre la fiesta de esa “sabia” Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, recordamos estas palabras suyas: “Aunque duraran siempre los deleites del mundo, las riquezas y gozos, todo es asco y basura comparados con los tesoros divinos”  (Moradas VI, 4, 10-11).

 http: //www.homilia.org

Deja un comentario