Por Eduardo Martínez
Dentro de las tradiciones venezolanas tal vez sea el día de los Santos Inocentes una de las más disfrutadas en nuestro país.
Se inventa un hecho, una noticia o historia, y a toda velocidad se da a conocer a una persona o grupo de personas de nuestro entorno. Al menor atisbo de sorpresa o señal de incredulidad crédula, y antes de que alguien pueda desmentirlo, se le dice “caíste por inocente”.
Todos los años se repite el ardid. Lo curioso es que hay personas que todos los años caen por inocentes, una y otra vez. Ante lo cual señalamos que son “caídos de la mata”.
En estos cambios que introdujo el Socialismo del Siglo XXI, para que todo siguiera siendo igual, se encuentra sin duda alguna el “día de los Inocentes”. Solo que ahora, hay 364 días de inocentes, y solo día en el cual los venezolanos no creemos en nada: el 28 de diciembre, que es el verdadero día de los inocentes. Este día si es verdad que no nos toman el pelo.
La explicación es muy sencilla. Estamos curados con tantas mentiras y promesas. De tal manera que cuando llega el fin de año, estamos preparados para que no nos agarraren en nuestra inocencia.
Esas mentiras y promesas están a la par de las grandes mentiras e incumplibles promesas de un 28 de diciembre.
Como por ejemplo: “vamos a instalar una base en la Luna…vamos a aumentar la producción de petróleo en seis meses… ya se arregló el suministro de agua en el sistema Tuy… no habrá más cortes de electricidad… habrá jamones en Navidad para todos… se acabó el analfabetismo… hay no se cuantos millones de niños en las escuelas… el Esequibo es nuestro… todos los niños con juguetes en Navidad y Reyes… el mejor sistema de salud del mundo… se van a poder bañar en el río Guaire… la red de obras inconclusas de trenes, metros y carreteras… el mejor y más confiable sistema electoral del mundo… y sobre todo, el más grandioso embuste: el Mar de la felicidad, entre otras mentiras.
Esos embustes se repiten todos los días del año, a tal punto, que cuando llega el 28 de diciembre ya no logran agarrarnos por pendejos.
Ilustración: el actor Gustavo Parra en su interpretación del personaje “Bobolongo” en RCTV a finales de los años 80, que siempre reflejaba el lado inocente de las personas.
@ermartinezd