Horacio Medina: Petróleos de Venezuela, S.A.: Doce años después

Spread the love

horacio-medina (1)… Son estados de ánimo colectivos, vehementes impaciencias generalizadas, que resultan muy difíciles de enfrentar, y sobre todo si tenemos en cuenta que en la dirección de nuestro movimiento ha quedado un equipo joven, valiente hasta la heroicidad, pero sin la experiencia de los muchos años de estar conduciendo un Partido. Y debo advertirte que mis objeciones a la rebelión violenta se refieren a la oportunidad de la misma, y no a la rebelión en sí. Si no creo que deba desencadenarse un movimiento inmaduro de esa naturaleza, en cambio considero que cuando a un pueblo le están vedados todos los caminos para la acción cívica no le queda otra vía que trajinar sino la insurrección. Pero que ésta es culminación de un proceso previo y debe lanzarse cuando concurran una serie de actores en el país, objetivos y subjetivos, que le garanticen una margen razonable de éxito… Rómulo Betancourt, extracto de la carta dirigida a Juan Pablo Pérez Alfonzo de fecha 31 de octubre de 1952, escrita desde La Habana, Cuba

Han transcurrido ya doce años desde que ocurrió el Paro Cívico Nacional (PCN), convocado para el 02 de diciembre de 2002 y, de manera original, por 24 horas. A diferencia del paro petrolero convocado el 05 de abril del 2002 desde la Quinta La Esmeralda por los trabajadores de PDVSA, el Paro Cívico Nacional (PCN) fue convocado por FEDECAMARAS y la Confederación de Trabajadores de Venezuela, contando con el apoyo de varios partidos, connotados dirigentes políticos y amplios sectores de la Sociedad Civil.

A diferencia del paro de abril de 2002, en esta oportunidad los trabajadores de PDVSA agrupados en Gente del petróleo y Unapetrol, no convocaron de manera directa a participar en PCN. Se dejó la libertad de criterio, la decisión personal de sumarse o no, a dicha convocatoria. Sin embargo, era evidente que el ambiente crispado y enrarecido por lo que habían sido 7 meses de protestas y manifestaciones multitudinarias y continuas, pidiendo esclarecer lo sucedido el 11 de abril, bajo el lema de prohibido olvidar, a lo cual debemos agregar, por una parte, la extraña y surrealista presencia de numerosos oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional en Plaza Altamira declarándose en “desobediencia civil”, las violaciones y abusos de un régimen que develaba su verdadero rostro, el del autoritarismo, el militarismo y una profunda convicción totalitaria del poder y, por la otra, la notoria intervención militar y de agentes del castrismo en PDVSA, lo cual perfilaba, sin duda, una clara tendencia de un número importante de trabajadores de esa empresa dispuestos a sumarse al PCN, dado su alto compromiso con la democracia y la defensa de principios y valores fundamentales, ya defendidos meses antes.

Así pues, el PCN se concretó el 02 de diciembre de 2002 pero, sobrepasando su objetivo original, se prolongó por sucesivas 24 horas, hasta la declaración de paro general indefinido, sucumbiendo, por una parte, a las provocaciones del régimen que tenía un plan concebido y, por la otra, a intereses de carácter político y empresariales de sectores “democráticos” que luego, ante su inminente fracaso, no dudaron en abandonar la faena.

A pesar de los esfuerzos para detener ese carácter indefinido del PCN realizados por algunos sectores, donde en lo personal nos anotamos, una vez identificada la celada que estaba preparada para tomar PDVSA, urdida por Hugo Chávez y Alí Rodríguez Araque, el paro continuó por la fuertes presiones de los sectores mencionados que NO entendieron que ese no era el momento, aunque era plenamente justificada la acción, tal como, de alguna manera lo podemos relacionar con lo mencionado por Rómulo Betancourt, en el fragmento de la carta que presentamos. Pero esto, será un tema que habremos de profundizar en su momento, ahora nos ocupa la situación actual de una empresa fundamental para un país cuya dirigencia, doce años atrás equivocó el camino a la libertad.

Luego de los más de sesenta días de paro, PDVSA fue tomada por el régimen. Muchos aplaudieron, la nueva PDVSA se abría camino y ahora sería de todos. Muchos, de esos muchos, que aplaudieron ayer, hoy comprenden su error. Muchos de los que pensaron en la factibilidad de una nueva PDVSA, hoy lamentan su ruina. El verdadero mito que ha resultado ser la “PDVSA de todos”, se desvanece y la amarga realidad surge irreverente: la empresa fue secuestrada por una camarilla que la pondría al servicio de una parcialidad política identificada con el régimen castrista, para su provecho y poder apuntalar un proyecto fracasado, tal como habíamos advertido de manera reiterada. La empresa secuestrada, se ha convertido en una suerte de centro de veneración al culto de deshonestidad, liderado por lo que quizás sea, el mayor grupo de corrupción a nivel mundial.

La realidad doce años después, inequívoca, inapelable, cierta, es que la empresa esta arruinada en lo económico, en lo moral y en lo técnico. Ninguna defensa aguanta un debate con hechos ciertos y reales. PDVSA es hoy día una empresa irrecuperable.

Para quienes por mucho tiempo han defendido una gestión nefasta, iniciada por Héctor Ciavaldini, continuada por Alí Rodríguez Araque y agravada por Rafael Ramírez y su pandilla, solo les queda reconocer su craso error. Han sido corresponsables del desastre, es inútil perseverar en defender y excusar lo indefendible y lo inexcusable, a menos que se trate de un acto conveniencia.

Nos referimos, además, a muchos que de manera pública denunciaban y acusaban a la vieja PDVSA, algunas veces con sobradas razones, pero que hoy guardan un silencio cómplice o cobarde, porque no reconocen su error o, sencillamente, como ya mencionamos, se benefician con prebendas provenientes de la empresa.

¿Dónde están los críticos del uso de la flota aérea de la vieja PDVSA que hoy resulta grotesco, abusivo, desmedido e inexcusable?, ¿dónde están aquellos que denunciaron con vehemencia a los espías petroleros (“petroespías” que fueron identificados y penalizados), ante lo que hoy sucede con la firma de convenios comerciales y transacciones sumidas en la opacidad total?, ¿dónde están los que denunciaban hechos de corrupción en las compras de PDVSA, en la asignación de proyectos y contratos, cuando esta nueva empresa revolucionaria no ha hecho ninguna licitación pública desde el año 2002?, ¿qué dicen esos personajes ante los hechos de PDVAL, el hundimiento de la plataforma Aban Pearl?, ¿dónde están los ambientalistas furibundos que defendían de manera correcta a los pescadores por los derrames en el Lago o criticaban de manera justa las fosas de perforación?, ¿qué dicen ante los derrames de Guarapiche, Amuay y la contaminación evidente del Lago de Maracaibo?, ¿dónde están los críticos de la gestión de la vieja PDVSA?, ¿cuál es su posición ante la compra masiva de gasolina y diésel, de crudo liviano, de los continuos accidentes con decenas de fallecidos y centenares de heridos, del endeudamiento, de la entrega a empresa privadas internacionales y empresas estatales, etc., etc., etc., etc? ¿Dónde están?

Como lo hemos dicho mil y una veces, en Venezuela, y eso incluye a la Industria de los Hidrocarburos, nada podrá cambiar, nada podrá mejorar, nada tomará el rumbo del progreso, sino se produce un cambio en el Modelo Político. Nada.

Olvidemos los seis millones de barriles, olvidemos tanto a la nueva como a la vieja PDVSA, debemos concentrarnos, porque la historia nos lo demanda y nos obliga a reinventar la Industria. Sin embargo, es obligante también precisar que para ello necesitamos algo muy difícil de lograr, quizás poco probable: cambiar la mentalidad de la dirigencia política del país, tanto de los que hoy detentan el poder y que mañana serán oposición, como de los opositores de hoy que aspiran a asumir el poder mañana. Caso contrario estaremos condenando a Venezuela, de manera irremediable a sucumbir ante la profecía: Hundirse en el excremento del diablo, esto muy a propósito de Juan Pablo Pérez Alfonzo.

 

Deja un comentario