Por Eduardo Martínez
La vida está llena de grandes hombres. Aunque solo conozcamos unos pocos. No hay espacio para que los recordemos a todos. Sin embargo, hoy es un día para recordar a esos héroes anónimos que individualmente no podemos olvidar una vez que cumplen su ciclo vital. Se trata de nuestros padres.
Anónimos para el resto del mundo, pero no para nosotros que fuimos sus hijos.
Su figura no se inmortalizó en una estatua en una plaza, ni las fechas natales son días de fiestas. Y a pesar de ello, son héroes.
Hoy mi padre, Gabriel Martínez, hubiera cumplido 106 años. Y aunque le faltaron unos meses para cumplir 90 años, tuvo una larga vida llena de logros pequeños y grandes que lo convirtieron en un gran hombre.
Lo que también ocurriría con los padres de nuestros amigos. Gente sencilla de una Venezuela de la segunda década del Siglo XX. Educados por la vida de una Venezuela escasa en las más diversas profesiones. Jóvenes que se echaron al hombro la construcción de un país, y participaron con intensidad y devoción para construir la democracia.
Su mayor logro fue la consolidación de su grupo familiar, a quienes no les faltó cariño, amor, educación al más alto nivel, idiomas, viajes, abrigo, cobijo, hogar, y todo aquello que significó tener una infancia, una juventud y llegar a la adultez en un ambiente de felicidad permanente.
El recorrido por la vida de mi padre, no fue distinto a cientos de miles, millones de padres que silencionsamente fueron posicionándose en su familia sobre el pedestal de buenos padres. Excepcional, si me preguntan más detalles.
Ha debido tener todas las condecoraciones existentes. Tal vez él se hubiera contentado con una sola. Pero su título, su jerarquía, su condecoración en gran cordón, era cuando le decían: Papá.
Hoy en su fecha natal, no puedo dejar de recordar a mi mejor amigo, compañero de viaje, conversador de temas interminables, quien me alentó a emprender los caminos de la vida, que me permitieron avanzar y enfrentar las complejidades de la vida moderna.
Seguiremos en contacto.
Fotografía: en un parque de Frankfurt, 1970.
@ermartinezd
Te felicito por recordarlo con agradecimiento.
El mío también lo fué.
Espero haber hecho lo propio con los míos aunque los millennials son diferentes…