Gloria Cuenca: De la comunicación consciente (III)

Por Gloria Cuenca

Termino la trilogía de artículos sobre la comunicación. Impresiona la actuacIión y la conducta de algunos ¿científicos sociales? ¿serán? con relación a la problemática de la comunicación como cienciareabierto, de manera silente. ¿Contradictorio verdad? La comunicación ¡silente! Existe, también un silencio comunicativo, cargado emocionalmente, mediante miradas y suspiros. ¡Ah, se trata del romance! Otra cosa. Mejor, continuo con lo que motiva a escribir y cerrar la inquietud, surgida a partir de la observación, por la negativa a aceptar a la Ciencia de la Comunicación, la Comunicología, como tal.

Existen colegas (¡?) quienes no aceptan definición alguna sobre el comunicador social, menos sobre la ciencia de la comunicación. Tampoco, están de acuerdo con la homologación que se pretende hacer entre ambas: la comunicación y el periodismo. ¿Tienen razón? Sí, por supuesto. No son lo mismo, la comunicación como ciencia, incluye al periodismo. El periodismo como profesión necesita de la comunicación. Son distintos e inseparables. ¿Cuál es el problema? Lo  que no logro entender, menos comprender, ¿cuál es la razón de semejante conflicto, extendido por décadas? De repente surgen, casi como  clandestinas posiciones diferentes, se reavivan discusiones, en mi opinión bizantinas: ¿la comunicación , ¿ciencia o disciplina?Al referirme al periodismo por supuesto, comienza, una discusión no difícil, sin embargo, tampoco trivial. ¿De qué se trata?  Una profesión práctica, con Ley, Ética y con clara responsabilidad social. Además, una profesión maravillosa,  que tiene una acción social; una profesión práctica, del aquí y el ahora, diariamente. Mientras la otra, la del comunicador social, refiere al científico social, investigador de la ciencia de la comunicación, es decir de la comunicología. También pragmática y concreta. Sencillo y fácil: conozco ambos procesos, los he practicado y estudiado a los dos: soy periodista; estudié y me gradué, también fui reportera, después docente e investigadora. Además hice la primera Maestria en Comunicación Social que se realizó aquí en Venezuela. (1980-82) Obtuve el título de Comunicóloga. Sin duda la comunicación social como ciencia engloba, al periodismo como oficio y profesión. El periodismo, necesita y utiliza la comunicación; existe interdependencia.Más aún, puede decirse, hay co-dependencia entre ambas profesiones.Eso ocurre con otras ciencias, sin ningún problema.Lo incomprensible, es la dificultad para aceptarlo. ¿Qué ocurre? Complicado comprender estos “rollos existenciales” (¿Será?)

Imprescindible entender y ¿conscientizar? que la comunicación, como relación (Antonio Pasquali, dixit) requiere diversos planos de investigación por la vía de las aproximaciones que se deben recorrer para llegar a la plenaria comunicación: la comunicación personal y sus diferentes procesos: directa, indirecta, múltiple.La comunicación humana y la tecnológica, que ahora vía las redes se complica para su definición y estudio.  Los estudios sobre los medios tecnológicos se expanden en la comunicación. Ahora mediante el proceso de digitalización, aparece un nuevo espacio que se ha ampliado progresivamente, será objeto de investigación también. Surgen, postulados éticos y seguramente se promulgarán leyes. El panorama tecnológico cada vez requiere mayor atención. Eso si nada de considerar el “fin del mundo humano con los robots”, entre otras cuestiones alarmistas y de interés. A pesar de todas las advertencias de “los profetas del desastre”, la vida continua en búsqueda de lo mejor. No creer, tampoco aceptar que la ignomínia, la que hace escándalo y mortifica, sea efectivamente la protagonista principal del futuro que nos espera; hay que saber el desarrollo es la constante en nuestros procesos de vida. ¿Insisto en eso? ¿No basta con ver y estudiar la historia? La humanidad, a pesar  de los tropiezos, avanza siempre. No estoy descubriendo nada nuevo, solo lo recuerdo, para quienes con mala memoria creen que estamos detenidos en el tiempo. La comunicación es ciencia. La más trascendental de todas, pudiera decirse es la madre de todas las ciencias,  se la ha denominado: esencia de la ciencia. No solo es ciencia, a través de ella sigue el desarrollo,  el impulso necesario de todas las demás ciencias para validar y aceptarse.  Con el extraordinario avance de la información-comunicación, por vía tecnológica, no hay duda la comunicación es fundamental. (1) ¿Será que estamos, nuevamente, frente aquellas incognitas del comienzos del siglo XX? “Lo que no se conoce, es como que no existe”. Dijeron muchos adelantados, hasta que se aceptó la trascendencia de la propaganda y la publicidad. Finalmente, se descubrió la eficacia y necesidad de ambas disciplinas, ¿hoy ciencias? No se planteó, ni se organizó su estudio, por largo tiempo, con rigor académico y científico, ( ¿por lo relativo a lo económico y a lo político?). Comprender los interesantes e infaltables procesos de los avances en el campo de la ciencia de la comunicación, resulta imprescindible para poder entender  lo que estamos debatiendo. ¿Será que estamos otra vez, en el mismo punto de dudas y cuestionamientos? ¿Detenidos o devueltos en el tiempo? Cuesta trabajo identificar la verdadera cuestión que se debe debatir, a estas alturas.

Surgen nuevos planteamientos epistemológicos con relación a la ciencia de la comunicación, todos han sido resueltos, hasta hoy, a partir de los grandes de la Escuela de Frankfourt. Pregunto: ¿los conocen? ¿los habrán leido? ¿los olvidaron? “Cada cabeza es un mundo”, diría mi sabio tío, (QEPD). Por mi parte, no me inquietan para nada estas “disquicisiones teórico-metodológicas” del grupo de los confundidos. Siempre con la confianza en Dios, Nuestro Señor, saldremos de este atraso: “Amanecerá y veremos”.

 (1) Lo que se debe hacer: organizar y estructurar la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Existe en diversos países de América Latina. En aquellos donde no se cerraron al progreso comunicativo-informativo-periodístico-educativo-artístico.-

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

 

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