Por Eduardo Martínez
En la medida en que la incursión estadounidense se complica en Venezuela, en Washington hay preocupación por el desarrollo de una conspiración política de envergadura bajo el nombre de “Conspiración POTOMAC”.
Como en cualquier conspiración, en esta ocasión participan representantes de los grupos más disímiles: republicanos no trumpistas, demócratas con gríngolas anti trumpistas, los izquierdistas “pink”, y por supuesto, una variada gama de políticos venezolanos.
En cuanto a los venezolanos, el archipiélago es mayor. Congrega viejas personalidades que bajo la amenaza de estar quedando fuera del acontecer político venezolano, jamás pensaron que en su vida estarían unos al lado de los otros. Claro que, todos ellos, bajo alineamiento de los intereses y los “diktate” del régimen interino.
Esta reagrupación, con características conspirativas, se produce en el contexto de un liderazgo popular casi único, rodeado de atemorizados aspirantes que, entre todos, no suman ni el 10% del liderazgo opositor. Eso es una realidad. Y por lo que asoma, a medida que transcurren los meses, inamovible.
La conspiración es también un hecho. Se mueve desde los lugares de poder políticos que frecuenta la diáspora venezolana, y como suele ser, en el terreno patrio.
El nombre POTOMAC -que se toma por un río de Washington lugar donde se asienta el poder que decide lo que pasa en Venezuela- no tiene nada que ver con el nombre de la conspiración. La asociación es casual.
Comprendamos que las siglas de POTOMAC significan: Plan Operativo TOdos contra MAría Corina.
El modus operandi de estas operaciones ya las conocemos. Se han aplicado desde viejas fechas, cada vez que en unas elecciones presidenciales emergía una figura preponderante. El objetivo es desprestigiar, calumniar y poner tropiezos con la idea de disminuir la popularidad y oportunidades de triunfo del lider indiscutible de la oposición.
Editor, www.eastwebside.com
Fotografía: Río Potomac, Washington, EEUU.