Eloy Torres: La Guayana Esequiba y el Factor Geopolítico 

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Por Eloy Torres Román

Celebramos el 55° Aniversario del Acuerdo de Ginebra, hasta allí todo bien, pero ¿y después qué?. Vino la crisis del Rupununi y no se actuó como todo actor que busca maximizar sus objetivos. Por el contrario, en 1970, se firmó el Protocolo de Puerto España, mediante el cual se congeló el reclamo venezolano y se le dio tiempo precioso a Guyana para consolidar su posesión de facto del territorio. Luego vino el proceso de los Buenos Oficios. Se ha intentado negociar infructuosmente frente al inmovilismo de Guyana, y en ello, se nos ha ido la vida.

Venezuela está atrapada, entre su crisis multidimensional y polarización interna, y la ofensiva de Guyana. Venezuela se encuentra hoy sola y desguarnecida por culpa de ella misma, y el idealismo tradicional de sus dirigentes y su Cancillería. ¿Negociar? Sí. Guyana tiene incrustado en su manera de negociar, la paciencia y el carácter flemático inglés. Actúan al estilo westminsteriano de aprovecharse de cualquier debilidad del contrincante para llevárselo todo. Esta política pone en peligro a la República. Venezuela jamás ha ponderado los pasos de los guyaneses que cada vez avanzan más. Mañana, no nos extrañemos si otros actores se aprovechan de las circunstancias y nos colocan contra la pared del Golfo.

Desde el COVRI hemos insistido en reiterar algo ya sabido, pero como “…nadie escucha, es preciso comenzar de nuevo” (André Gide). Nos referimos a cuán importante es destacar que para cada actor internacional, su posición geopolítica, en buena medida, se determina por su geografía. Por lo menos, todo actor debe tener presente su interés nacional y no perderse en divagaciones idealistas. Su desempeño en la relaciones internacionales debe promover su orientación en función fortalecer aquellos elementos generadores de vitalidad existencial.

A finales del siglo XIX se impuso el paradigma, según el cual el dato geográfico cobraba importancia para los actores internacionales. Es así como surge, epistemológicamente hablando, la geopolítica. Hoy, como disciplina, la geopolítica no se reduce exclusivamente a la conjunción de geografía con la política; sino que también describe una forma de percibir las relaciones internacionales, la política y la historia. La geopolítica asume que es fundamental para el interés nacional, el control que se ejerce sobre áreas geográficas clave (ya sean áreas ricas en recursos naturales, como las aptas para la agricultura o la minería, o puntos estratégicos, como el Estrecho de Malaca, Cabo de Hornos, Canal de Suez, el Esequibo, y Crimea, entre tantos ejemplos) Entonces, geopolíticamente, las cosas, en la “política del poder” se reducen a identificar y luego dominar las áreas vitales.

La geopolítica, por lo tanto, da por sentado que la supervivencia y el progreso nacionales requieren tanto el mantenimiento de su seguridad, como el uso de la fuerza militar para controlar los objetivos estratégicos de su territorialidad. Éste, no es sino la puesta en práctica de un poder duro, a diferencia del poder blando: persuasión, cooperación, actividades culturales, cuidado de la reputación nacional, etc. Al mirar el Mundo a través de la geopolítica, el estadista puede decidir usar el poder pacífico si éste, ayuda a su país a dominar regiones vitales, pero la geopolítica tiende a dar prioridad al ejercicio del poder militar.

Halford Mackinder, desarrolló, a principios del siglo XX el concepto del Heartland (una zona central de extrema vitalidad), la cual al ser controlada por cierto actor; le permitiría ejercer un dominio sobre lo que llamó world island. Es decir, para ese entonces, los tres continentes unidos por tierra, a saber: África, Asia y Europa. Era el momento por el cual el factor telúrico se apropiaba de los mares y océanos y se combinaba con el poder talosocrático. Este poderío abarcaba toda una Isla mundial, cuyo corazón se extendería desde Europa oriental hasta la parte occidental de China. Mackinder no incluyo, al Medio Oriente, quizá, porque el petróleo todavía no era un factor dinamizador de las relaciones económicas internacionales. No obstante, la dinámica histórica le condujo a Mackinder, en 1948, a incorporar ese factor geográfico, por los enormes yacimientos de petróleo que están depositados en las arenas de esos países, en su concepto paradigmático de la Isla mundial.

Las ideas de Mackinder desplegaron una influencia real para instituir una corriente de pensamiento en materia acerca del poder en las relaciones internacionales. El mundo angloparlante cultivó estas ideas; como el mundo germánico, especialmente el alemán. Muchos expertos en Alemania se formaron en dicha corriente de pensamiento. Surgió así la Geopolitik. Por lo que sus teorías vieron la luz antes del estallido de la I Guerra Mundial. Posteriormente, esas ideas crecieron en su dimensión y fueron retomadas. Comenzó a vestir pantalones largos. No obstante, fue asumida con distintas intenciones. Hitler estuvo muy influenciado por los seguidores alemanes del concepto de geopolítica, con el objetivo explícito de hacerse con el control de la zona de pivote. Sin duda, su obsesión por la importancia estratégica y económica de Ucrania y el Cáucaso, así como su deseo de conquistar la zona, lo llevaron a tomar decisiones que probablemente iban en detrimento del esfuerzo bélico alemán en lo que se llamó el “Frente Oriental”.

Sin embargo, desde otra perspectiva, los acontecimientos históricos no coinciden perfectamente con las teorías geopolíticas de Mackinder. Hitler había intentado dominar tanto el Medio Oriente como Europa Oriental. Tras los resultados de la II Guerra Mundial, la URSS, con Stalin, al frente ocupó un a los países que fueron “liberados” por sus tropas: Bulgaria, Rumania, Polonia, Hungría, Checoeslovaquia y controló la parte oriental de la Alemania que fue dividida, como resultado de los arreglos en las zonas de esferas de influencia. Toda una negociación con Churchill y el beneplácito de Washington. Toda esa zona fue, hasta el fin de la URSS en 1991, incluso, un poco antes, una especie de “colchón” que le sirvió para amortiguar cualquier ataque terrestre por parte de Europa. Esto es, la URSS al dominar esa zona oriental europea no pensaba que esa dominación serviría para sentar las premisas de una supremacía para controlar del Mundo. No podían hacerlo. Es un problema de recursos. No obstante, Moscú observaba como una potencia emergía con fuerza: EEUU. Esta potencia logró dominar el comercio marítimo mundial y en honor a la verdad, estaba por encima de esa potencia que prefiguraba Mackinder en calidad de paradigma que dominaría al Mundo. El desarrollo de las dos guerras mundiales; luego el desarrollo de la famosa Guerra Fría mostró y pusieron sobre el tapete que el Mundo debe observarse en términos de geopolítica. La diplomacia es un instrumento de ésta. Las creencias religiosas importan poco y el imperio de la ética es muy débil ante la fuerza de la presencia del dato del poder y el interés nacional.

La geopolítica siempre ha supuesto, no solo la teoría precisa de la world island y el Heartland, sino que lo confirma. En un anterior trabajo lo explicamos. La preocupación por ejemplo, es China, la cual aparece como un factor que pretende ampliar su dominación sobre áreas vitales y estratégicas, comenzando con los citados, en el trabajo anterior (las islas de Spratly y Paracel) Esos islotes despoblados, pero con un potencial económico reconocido, lo que parece justificar un replanteamiento en la perspectiva geopolítica del Mundo.

Ese dato acerca de China revive algo que fue rechazado por la visión idealista de las relaciones internacionales, las cuales fueron ideologizadas in extremis por la Guerra fría. Su importancia se debe, en parte, a que esta actuación china revive lo que había sido rechazado de las hipótesis geopolíticas. Se olvida que el enfoque realista de las relaciones internacionales y la diplomacia, están obligadas a observar que la política internacional se mueve de conformidad con el interés nacional que se enfrenta a otros los cuales también tienen sus propios intereses.

Todo esto viene a cuanto, hace pocos días, se celebró el 55° Aniversario del Acuerdo de Ginebra. Hay que reconocer que ello fue una victoria diplomática del Estado venezolano, es verdad, pero lo que vino después de 1969, fueron fracasos tras fracasos. La ausencia de una visión geopolítica para vitalizar al país ha sido nula. El mejor ejemplo lo encontramos en la realidad actual. Desde 1969, Venezuela ha bailado al son de Guyana. Hoy por hoy, cuando celebramos el 55° Aniversario del Acuerdo de Ginebra; me permito preguntar: ¿qué se hizo después? La respuesta es dolorosa: ¡muy poco! Ciertamente actuamos con diplomacia, desplegamos todas nuestras artes y habilidades, pero el resultado es nulo.

Estamos acosados por Guyana, un país cuya población se puede comparar con la del populoso barrio de Petare. Sus elites dirigentes formados en la escuela westminsteriana introdujeron, hábilmente, sus peticiones ante la Corte Internacional de Justicia para validar el robo que nos hizo su madre, la pérfida Albión en 1899 con el llamado Laudo de París. Evidentemente nosotros, en una debilidad institucional somos ahora víctimas de la política de hechos consumados de Guyana. Ésta, se comporta igual que la potencia que los trajo, como esclavos, para poblar ese territorio; hoy, se aprovechan de las debilidades internas de nuestro país y de la reiterada inercia, excesivamente “diplomática” de nuestros decisores en materia de política exterior, para avanzar en procura de desconocer el Acuerdo de Ginebra, y en consecuencia, “legitimar y legalizar” el despojo que hiciera la Gran Bretaña y sus antiguos esclavos, hoy dueños, circunstancialmente de un territorio que le pertenece a Venezuela.

Venezuela en 1966, reconoció su independencia, con un insólito desprendimiento geopolítico. Pocos años después se retrocedió aún más, cuando se firmó el Protocolo de Puerto España. Desde entonces, se ha marchado al compás de Guyana, en lugar de que ellos fueren los que marchasen al ritmo nuestro: ¡Falta de pensamiento geopolítico! Lamentablemente nunca hubo, ni hay, planes para fortalecer el elemento clave en toda geopolítica, el cual daría por sentado que nuestra supervivencia y el progreso nacional requiere el fortalecer su seguridad, para lo cual es válido el uso del instrumento militar a fin de controlar los objetivos estratégicos de nuestra territorialidad.

Ciertamente, se hizo un gran esfuerzo. Se actuó con criterio de racionalidad diplomática para, mediante una negociación con Guyana, alcanzar un resarcimiento del despojo que sufrimos y la seguridad de nuestra salida al Océano Atlántico. Hoy, todo eso está en veremos. Luego, lo inexplicable es la “ligereza” con la que Venezuela “toleró” desde 1975 hasta el final de la Guerra Fría, la presencia de tropas cubanas dirigiéndose a Angola en el marco de la “Operación Carlota”. Es algo inexplicable desde el punto de vista no sólo diplomático, sino geopolítico y de seguridad nacional.

Lamentablemente nos movimos esperanzados en la idea de, como ocurre en toda negociación, no se gana todo. Venezuela al reconocer la independencia de Guyana, promovió la reclamación de 159.500 kilómetros cuadrados. Se sentaron las bases jurídicas para recuperar un territorio, que sería lo suficiente para garantizarnos una cómoda salida al Atlántico. Venezuela, desplegó una diplomacia exageradamente ponderada. Se creía ciegamente que teníamos la posibilidad de obtener una solución pacífica y amistosa. Falso. Guyana siempre se ha burlado de Venezuela y ha actuado, conforme a sus intereses, sin importarle nada.

 

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