Por Eduardo Martínez
Tal vez el título de esta nota puede parecer extraño y fuera de contexto. No es así. Si bien es innovador, es de lo más normal, y además oportuno.
Sabíamos que el régimen tiene un CNE hecho a la medida. Si engordan o enflaquecen, aparece un sastre que le aumenta unas tallas al pantalón, o que le meten si es el caso que enflaquezcan. Lo cual no es secreto, lo hacen sin desparpajos ante la mirada de millones de venezolanos. No tienen medida para ajustarse sin esconderse. Algo así como hacer sus necesidades en medio de una plaza, o de la avenida Urdaneta.
Lo que si es una novedad es que han incluido una especie de “opción de compra” en las elecciones presidenciales del 28 de Julio. Y eso se refiere a la mayor parte de los partidos políticos, sus dirigentes y quien sabe cuanta otras instituciones y gente.
Transitando el camino en sentido contrario, empecemos por la oposición. Esa que hoy en día ha sido catalogada de “alacrán”. Un término del cual desconocemos su origen.
Hasta no hace mucho los veíamos como cualquiera de los dirigentes opositores: desplazándose en vetustos vehículos o en transporte público, ataviados con desgastados trajes y zapatos, y siempre buscando quienes lo invitaran a comer, o al menos, un cafecito.
De la noche a la mañana, en los preliminares del proceso electoral, empezó a mejorar su situación económica: camionetas blindadas, choferes, trajes a la medida o al menos nuevos, y una mejora sustancial en sus hábitos alimenticios, y por decir lo menos y apuntando a las más de las conclusiones.
Ya con opciones de compra en mano, los sastres de Plaza Caracas comenzaron a ajustar un proceso electoral “a la medida”. Para ello, como pasos previos, activaron dos “ateliers” de complicidad necesaria: el del final de la avenida Baralt, a la izquierda bajando; y el que queda frente al Mercado Guaicaipuro, en la avenida Andrés Bello.
Trasladado el sastre principal a la Plaza Caracas, acompañado de su costurero estrella, se dio inicio a las pruebas, el empaque y el pase de las facturas, lo que no es otra cosa que el ejecutar la opción de compra.
Por eso no es de extrañar, que de las sopotocientas tarjetas incluidas en el tarjetón electoral, solo tres (3) hayan podido inscribir a Edmundo González, el candidato unitario de la oposición. Todas las demás, o apoyan a quien hoy luce el traje “a la medida”, o a 10 candidatos ad-hoc.
En este punto hay dos principales preguntas que se hacen los analistas, periodistas y venezolanos en general.
La primera, es de dónde han sacado el financiamiento esa docena de candidatos ad-hoc para hacer una campaña electoral. Y la segunda, de dónde sale ese gentío que recibe y acompaña a María Corina Machado en cada ciudad, pueblo y caseríos a lo ancho y largo de la destartalada geografía nacional.
Para lo que si los venezolanos tienen respuestas -no hay preguntas- es porqué a los actos de Nicolás Maduro va tan poca gente.
No requiere de mayores argumentaciones. La mejor respuesta nos la proporciona el Nuevo Testamento en el Evangelio de Mateo 7,16: “Por sus frutos los reconoceréis”.
Si no hay frutos, no hay reconocimiento. Y si lo que hay son malos frutos, el reconocimiento es de rechazo como señalan todas las encuestas.
Sin embargo, hasta quienes se están ahogando hacen lo posible por salvarse. Eso que llaman “patadas de ahogados”. Y eso describe a la perfección, lo que le está sucediendo a los altos mandos del régimen actual: ¡Se están ahogando!
Dicen que cuando los humanos están acorralados por peligros y amenazas, en segundos pasan por su mente todo aquello que vivieron en su vida, hasta ese momento. Es como una especie de “examen de conciencia” final.
Quienes logran sobrevivir, esa visión resumida de lo que ha sido su vida, es lo primero que relatan al sobrevivir.
Quienes hemos vivido los últimos 25 años en Venezuela, todos sabemos lo que han hecho. No es de extrañar que, en su actual estado político agónico, tengan a mano ese resumen lleno de frutos podridos y de gusanos.
En todo caso, es de reconocer, que no se han amilanado. No han cesado de cambiar sus estrategias de campaña, sin mayores resultados.
Siguen maniobrando en los ateliers. Montan presentaciones ante posibles inversionistas en países extranjeros, ejerciendo las opciones de compra de beneficiados colaboradores; re editando la práctica de las inhabilitaciones de personas y partidos; y en la última semana, emitiendo órdenes de captura en contra de alcaldes y dirigentes varios, en una práctica a la nunca han dejado de recurrir.
Esas acciones de última hora
Las maniobras mencionadas en el pasado párrafo perfilan la desesperación y el temor de tener que rendir cuentas. Perder una elección, no es nada del otro mundo. A menos de que el que haya perdido deba rendir cuentas por la gestión de gobierno desplegada. De eso no tienen duda ellos, y tampoco los venezolanos en general.
En momentos en que el candidato opositor habla de transición y que no habrá “pase de facturas”, la verdad es que no sabemos a dónde llevará un triunfo de la oposición. Entre otras cosas, porque a lo que pueda ocurrir con la justicia venezolana, se ha antepuesto cientos de casos penales que ya se ventilan en otras jurisdicciones, y ante la Corte Penal Internacional (CPI).
En cuanto a la CPI, se ha demostrado que es lenta cuando se trata de gobernantes en ejercicio, y sumamente rápida cuando se trata de ex gobernantes. Las velocidades son distintas.
Por ello el régimen trata de incrementar en los últimos días la construcción de un ambiente que siembre una duda razonable sobre los resultados electorales.
El problema que tiene esta maldad, es que la matriz de opinión nacional e internacional -con proyecciones de un voto para Maduro por cada 10 votos de Edmundo González- es prácticamente imposible de romper a tan pocos días de las elecciones. Nadie les cree, y nadie les va a creer. Así como nadie les cree que “la cosa se está arreglando”.
Seguirán con desespero, alimentados por el temor y el agotamiento de su tiempo.
Lo que nos regresa a la “opción de compra”, término con el cual dimos inicio a esta nota.
@ermartinezd