El sacrificio eterno

Por Eduardo Martínez

Aunque no esté escrito en la pizarra de los recordatorios, el comunismo está íntimamente ligado al sentido patriótico de los regímenes autoritarios y del nacionalismo sin fronteras.

Despertar sentimientos de una Patria idílica, así como también al romanticismo ideológico y/o revolucionario, está casi siempre ligado a los “fracasos”.

Tal vez una de las proclamas indicativas, de ese nacionalismo patriotero, sea aquella que dice: “Cuando el Clarín de la Patria llama, el llanto de la Madre calla”. Una proclama que lleva implícita la derrota, el fracaso y la muerte.

También, la enunciada por Fidel Castro de: “Patria o Muerte”.

En ambas situaciones, tal vez la más apropiada sea la dicha por el general George Patton (expresión también atribuida a Napoleón Bonaparte) que pone de relieve el triunfo: “el objetivo de la guerra no es morir por tu país, sino hacer que otro bastardo muera por el suyo”.

En el caso del socialismo y el marxismo, la promesa de una patria nueva, con el hombre nuevo y la quimera comunista de la igualdad, ha sumido a los países en la miseria, la guerra y la muerte, sin haber alcanzado nunca las quimeras de las promesas de Marx, Engels, Lenin y otros tantos teóricos de los sacrificios eternos.

Eternos, porque nunca las promesas las vieron cumplirse hasta que se sacudieron el romanticismo necrófilo que termina siendo crematístico.

Sin embargo, todavía hay quienes siguen soñando, cuando el Olimpo de esa Patria inalcanzable solo se encuentra en los cementerios.

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@ermartinezd

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