El origen común del comunismo, el fascismo y el nazismo

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Por Eduardo Martínez

En la primera mitad del Siglo XX, hace 100 años, Europa fue el terreno donde tres ideologías orquestaron a igual número de  movimientos políticos que contagiaron a todo el globo: el comunismo, el fascismo y el nazismo. Las ideas, que no eran nuevas, tuvieron un origen común: el socialismo histórico no marxista o el llamado “socialismo puro”.

El socialismo puro comienza a sufrir su primera ruptura, cuando la dirigencia socialista europea comienza a ser penetrada por el marxismo-leninismo, luego de la irrupción de los bolcheviques en Rusia.

El ruso Vladimir Lenin, como pensador político, había tomado la teoría de Karl Marx y le había dado la practicidad que llevaría a la creación del Partido Comunista.

Mientras se iniciaba la conversión de la Revolución Rusa en comunista, en Italia se produjo una ruptura del Partido Socialista. Por una parte, Benito Mussolini funda la primera estructura fascista en 1919. Lo que significó una división del Partido Socialista; y por otra parte se fundaba en 1921 el Partido Comunista Italiano, en respuesta a la Internacional Comunista impulsada por el marxismo-leninismo ruso con sede en Moscú.

En paralelo, y en respuesta a la crisis alemana luego de haber perdido la Gran Guerra (1914-1918), en Alemania se alienta la formación de un partido nacionalista y socialista de los trabajadores. Partido que posteriormente se convertiría en el Partido Nazi, bajo el liderazgo de Adolfo Hitler y de la mezcla de la ideología socialista con el particular nacionalismo alemán de vieja data.

El socialismo histórico, que nunca se plegó ni al comunismo, ni al fascismo italiano, ni al nazismo alemán, evolucionaría hasta convertirse en partidos social demócratas.

En cambio el fascismo, el nazismo y el comunismo pasaron a convertirse en movimientos que tuvieron en común: el uso de las elecciones para hacerse con el poder, acabar con el mecanismo electoral luego de alcanzarlo, reducir la política a un partido único que termina confundiéndose con el Estado­­­, desprecio por la vida humana, y elaborar una ideología que coloca al Estado por encima de los individuos.

Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en todos los países europeos se desataron contiendas callejeras entre los militantes comunistas, los fascistas y los pro nazistas.

El nazismo alemán y el fascismo italiano, aliados en la guerra, culminaron su ciclo de vida con el fin de la II Guerra Mundial (1945). Sin embargo, el comunismo soviético y la Internacional Comunista de Moscú, aumentaron su influencia y poder al haberse aliado con las potencias occidentales que salieron triunfantes de la contienda.

Si bien el partido Nazi y el partido fascista desaparecieron, las ideas permanecieron latentes. Aunque con poca aceptación popular. No así con los partidos comunistas, que sobrevivieron hasta la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética en la última década del Siglo XX.

Sin embargo, en el mundo quedaron algunos hijos del marxismo, como China, Cuba, Corea del Norte, y unos engendros que cada tanto irrumpen en países pobres de Asia y África y en la América Latina.

De todos estos países, ha sido China el único país comunista que evolucionó en su ideario, al abrirse económica al capitalismo, y conservar el control político del partido único. Su socialismo marxista es inexistente.

Cuando este tema se trae a colación, no falta quien se atreva a señalar que es “paja” y “anecdótico”. Olvidándose que la historia sirve para recordar lo que la gente olvida.

Editor www.economiavenezolana.com

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