Cuando hablamos del futuro tenemos la tendencia de plantearlo en términos positivos. Pero eso no es una tendencia, es una esperanza. Somos optimistas. Siempre esperamos lo mejor. Y no está mal, en este mundo convulsionado que nos ha tocado vivir.
También nos enfrentamos, aunque no lo vemos, a esa distancia que denominamos “a la vuelta de la esquina”. Porque «a la vuelta de la esquina», es una medida de distancia. Y el sentido de la expresión, es en tiempo.
Por lo tanto, aunque seamos optimistas, debemos considerar los contratiempos que pudiéramos encontrarnos a la vuelta de la esquina. Y si queremos ser precisos, debemos pensar cuánto tiempo alcanzamos ese futuro.
Esto nos lleva a puntualizar otro pequeño detalle. Y es tal vez, que estamos confundiendo distancia con tiempo, y el tiempo con logros o metas que queremos alcanzar.
Es este contexto en que se mueve la planificación estratégica. Una metodología en la cual los gerentes o líderes visualizan unas metas a futuro, y cuantificando y definiendo sobre qué están parados, trazan un camino para alcanzar esas metas que visualizaron.
En este punto surge un aspecto muy importante, y es que, a parte de trazar un plan, se requiere que se trabaje para llegar hasta la meta.
Henry Ford señaló en una ocasión que, si usted quiere o no quiere hacer algo, en ambos casos tiene razón. La diferencia está en lo que va a lograr en cada uno de esos casos.
Pero lo central de este tema es la acción. No basta con imaginar un futuro. No es suficiente evaluar en qué estamos parados. Y tampoco el trazar un camino. Si no nos movemos, no iremos a ninguna parte.
editor@eastwebside.com
