
Por Eduardo Martínez
El vacío de liderazgo existente en Venezuela se pone de manifiesto cuando nos percatamos que el futuro se define en otras partes. Una situación que se registró hasta 1830, cuando Venezuela -bajo el liderazgo de José Antonio Páez- se retiró de la Gran Colombia.
Antes de eso, Venezuela había sido parte de las Colonias españolas desde el momento en que la Corona española descubre las Américas y ocupa los territorios. Durante más de tres siglos -mal contados- Venezuela dependió de España. Siendo Madrid el lugar desde el cual se ejercía el poder controlador de estas tierras.
Si bien la independencia fue un paso importante, es cuando con Páez que los venezolanos comienzan a decidir sobre sus asuntos y destinos en forma absolutamente independiente de cualquier otro país o lugar.
Hoy en día, Venezuela no exhibe la autonomía e independencia que tuvo desde 1830. Desde hace dos décadas, el modelo político, económico y de control social proviene del ideario marxista, en su versión cubana. En este sentido, no podemos ignorar este hecho si queremos encontrar una solución. El origen, no podemos dejarlo por fuera del análisis.
Ante esta situación, se han constituido alianzas opositoras que lo primero que han hecho -por razones de la magnitud del enemigo ante el cual se enfrentan- es recurrir a Washington para obtener apoyos. Eso no está mal en principio, desde la perspectiva de la desigualdad entre las fuerzas opositoras y la fuerza represiva que exhibe el régimen sin ningún recato.
Sin embargo, resulta que en el camino esa búsqueda de apoyo se ha ido con el tiempo transformando en una dependencia que no favorece para nada el proyecto de restauración democrática de Venezuela.
Es de recordar, como sustento de esta apreciación que, a raíz de la declaratoria de Gobierno Interino en 2019, por parte de la Asamblea Nacional elegida en el 2015, que la máxima aspiración de los dirigentes opositores es que los Estados Unidos enviara a los Marines para sacar de Miraflores al declarado “usurpador”, y le entregara la llave del Palacio de Gobierno a los opositores.
Estos dirigentes opositores no tuvieron limitación alguna para vociferar sobre esta posibilidad. Solo la sensatez privó en la clase política estadounidense, y por suerte, en el Departamento de Estado.
Tal vez la opinión, que proporcionó en privado un funcionario del departamento, haya sido lo más clarificador de la posición de los EEUU: “cuando veamos a los hijos de la dirigencia opositora venezolana – que en gran medida está viviendo en los EEUU- colgarse un fusil de asalto al hombro, nosotros es cuando, y muy cuando, pensar en enviar nuestros hijos a Venezuela”. (palabras más, palabras menos).
En todo caso, eso nos lleva a recordar una célebre frase del presidente Rómulo Betancourt, quien a principios de los años 60 le envió un mensaje a Fidel Castro: “Dígale a Fidel Castro que cuando Venezuela necesitó libertadores, no los importó, los parió”.
Palabras que aplican para los dos lados del problema. Estando claro, que quienes están llamados a resolver la crisis venezolana, son los venezolanos, sin mercenarios ni fuerzas extranjeras. Ya tenemos suficientes, con los que tenemos aquí.
Lo que no quita que se busquen apoyos por la disparidad de las fuerzas. Buscar apoyos, es una cosa. Buscar quien haga el trabajo difícil, es otra.
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