Por Eduardo Martínez
Analizar la actual situación y crisis venezolana encierra una gran complejidad. No existen aparentemente antecedentes de la mezcla de factores. Las metodologías de análisis empleadas normalmente en el análisis político e histórico no alcanzan para sopesar y relacionar los factores. Menos aún, para perfilar posibles cursos de acción y consecuencias.
En ese caso, debemos recurrir a principios más que por sencillos, dado que tienen un origen milenario, no dejan de ser útiles por cuanto reducen -sin perder precisión- el número de las variables envueltas. Menos variables, más fácil no desviar de nuestra atención el centro de los mecanismos que están envueltos.
El átomo
En la vida todo está conectado. Podemos explicar, lo que no alcanzamos a ver, con lo que sí podemos ver. Es una metodología que milenariamente viene siendo aplicada por filósofos y pensadores, primero, y después por los científicos como hoy en día los conocemos.
Hace no se sabe cuándo, pensadores escribieron las “7 leyes o principios universales” del Kybalion. Fue una recopilación que sería publicada a principios del Siglo XX (1908) bajo la firma de Hermes Trismegisto.
Uno de esos principios es el de la correspondencia, que señala que “Como es adentro, es afuera”. Lo que ha sido re escrito como “lo que es arriba, es bajo”, y “como es en grande, es en pequeño”.
Además, dicha correspondencia señala que “este principio se manifiesta en los tres Grandes Planos: Físico, Mental y el Espiritual”.
Los grandes herméticos, entre los cuales destacan los filósofos griegos, hicieron uso reiterado de estos principios cuando analizaban lo que no podían explicar, porque no podían verlo. Para lo cual lograban llegar a explicaciones por la vía de la correspondencia.
Para ilustrar este punto, podemos citar el ejemplo de la electricidad. Nadie ha visto la electricidad. Sin embargo, no es necesario que metamos un dedo en un enchufe para saber que existe. No vemos la electricidad, pero nos la imaginamos por sus efectos: luz, fuerza, etc.
Hace más de 2.250 años, Platón -filósofo griego- logró imaginarse como era la materia. Con gran precisión, con el uso de la imaginación, atinó a visualizar -tal vez desmenuzando un terrón de arena- que la materia estaba “compuesta de algún componente indivisible a la escala más pequeña”. Lo llamó átomo.
Demócrito (450 a.C.) -otro filósofo griego- propuso el primer modelo atómico, al decir que “el mundo estaba formado por partículas mínimas e indivisibles, de existencia eterna, homogéneas e incomprensibles, cuyas únicas diferencias eran de forma y tamaño, nunca de funcionamiento interno.
Platón y Demócrito sembraron la semilla del átomo para explicar que si se desmenuzaba la materia se llegaba a una partícula indivisible, única para todas las materias.
El mundo, en el cual vivieron estos griegos, siguió girando. Y después de más de 2.000 años, el desarrollo de esa idea proveniente de la intuición, alcanzó un punto tal que los nuevos filósofos (científicos) no solo dibujarían y demostrarían no solo cómo era el átomo, sino que también lograrían romper lo que se consideraba milenariamente indivisible.
Pero dividir al átomo tuvo sus riesgos y consecuencias. Se le denominó fisión nuclear, y dio nacimiento a la primera bomba nuclear por la gran energía que libera la división del núcleo del átomo al manifestarse una reacción en cadena.
Esa actividad nuclear, una vez dividido el átomo, tendrá una duración que dependerá del material del cual provendrá el átomo. Los átomos usados para la división suelen provenir de los elementos pesados como el Uranio, el Cesio y otros.
Para tener una idea de la duración de esa reacción en cadena, tenemos el ejemplo de lo sucedido accidentalmente en las instalaciones nucleares de Chernóbyl, Ucrania. Se estima, que los alrededores de la planta estarán libres de radiación dentro de 20.000 años.
Las consecuencias de la división del átomo, considerado indivisible, tienen diversas interpretaciones. Entre ellas, que esa liberación de energía de grandes proporciones es la reacción de la naturaleza. Como han señalado algunos pensadores.
También que, como todo en la naturaleza, existe una “dualidad”. Por un lado, esa energía puede ser destructiva. Por la otra, que puede ser benéfica si se usa en forma controlada y aplicada en tratamientos para erradicar enfermedades, entre otros usos.
Entonces, su uso positivo o negativo, o ambos a la vez, estará en los seres humanos.
La aplicación a los procesos sociales
Haciendo uso del principio de la correspondencia, entre el campo del átomo y lo social, podemos encontrar comportamientos ‘“análogos” -uno del otro. Lo que nos permite visualizar posibles cursos de acción, tanto en lo que nos depara el futuro como en las acciones y reacciones mismas.
Para ello debemos incluir en el análisis la estabilidad como variable de un proceso social.
La sociedad es análoga al átomo. El átomo tiene un núcleo alrededor del cual giran los electrones. Lo que hace la materia una roca o cualquier otro cuerpo que tenemos, es que sea estable. Lo cual es posible por el equilibrio que existe en el átomo.
Recordemos que cada elemento es definible por que tiene un átomo distinto a los otros elementos. El átomo del oxígeno es distinto del átomo del hidrógeno, por la cantidad de electrones que giran alrededor del núcleo. El oxígeno tiene 8 electrones, y el hidrógeno tiene 1 electrón.
No basta con tener más o menos electrones. Lo que da pie a la existencia del oxígeno o del hidrógeno, es que sus átomos que confirman su existencia como elemento, es que estén en equilibrio. ¿Y qué pasa cuándo se rompe el equilibrio?
En los átomos, el equilibrio se rompe cuando se divide el núcleo. En la sociedad. El equilibrio se rompe cuándo se desconocen las normas que rigen las interrelaciones entre los seres humanos constituidos en familias, y en las relaciones entre los hombres-familias y el Estado, como ente que debe garantizar que esas normas se acaten, en función del equilibrio social.
El rompimiento se produce no solo cuando se irrespetan las normas, sino cuando se trata de imponer otras normas que non son aceptadas por la totalidad de la sociedad, y que, por lo tanto, no garantizan la convivencia. Lo que desequilibra la sociedad.
Siguiendo el hilo de la analogía entre el átomo y la sociedad, el rompimiento del núcleo liberará una energía que no controlada termina siendo destructiva. Los ejemplos sobran en la ya larga historia de la humanidad: guerras, mortandades, cataclismos provocados, miseria, éxodos, etc.
Las cosas son así, queramos o no queramos.
Nota: Se han considerado los principios teóricos de manera resumida, para no alejar la compresión de lo escrito de la esencia del tema.
@ermartinezd