Por José Hernández
Me debatí entre este título y el que quería: “y ¿el venezolano?” Entendí que nos divulgamos por acá y que salvando argumentos todos estamos en el mismo problema: el hombre dejó de ser el centro de la conversación y el centro del oficio de vivir, que siempre será humano, pueblo y hombre.
Por los 250 años del experimento americano se han dado, artículos programas y toda variedad de podcast, flyers y hasta señales de humo. Esta forma de gobierno, se inició con una declaración novedosa y subversiva, todos los hombres fueron creados iguales y con los derechos irrevocables a la vida, la libertad y la consecución de la felicidad. Eso en un tiempo en que el Rey podía ser hasta dueño del hombre.
En la evolución de las ideas se hablaba del Leviatan, un ogro que salvaba al hombre del hombre pero siempre terminaba siendo el rey. Apareció Adam Smith y su Riqueza de las naciones, para recordarnos la ética y los principios para poder manejar las riquezas que la revolución industrial generaría.
Pero, de pronto unos señores de 13 provincias americanas del Rey inglés decidieron ser libres y además hacerlo unidas. Se dieron una estructura de República Federal y decidieron que la democracia sería su forma de gobierno.
Todo esa novedad dejando un amplio espectro para poder ir cambiando, conforme a un ambiente de libertad y felicidad que le daría una inmensa capacidad creativa y a una ética de trabajo inagotable que los hizo crecer hasta lo que vemos hoy.
Y, cuando el hombre se salió de la ecuación, llegó un americano más y soltó estas frases en un discurso de responso, en la apertura de un camposanto, en uno de los lugares con más muerte de la guerra civil.
Abraham Lincoln dijo: y “el gobierno del Pueblo, para el Pueblo y por el Pueblo”, jamás desaparecerá de la tierra. En Venezuela hoy hablamos de una deuda de 200 mil millones, de casi dos millones de toneladas de ayuda, de miles de millones dólares en ayuda, de interinos, de gobierno, pero al venezolano ¿quién le dará salud, seguridad, educación y paz?.
Ese venezolano, ese Pueblo tiene que volver al centro de la conversación. Dejar de pelear por los derechos del hombre es perverso e inútil.
Por José Hernández
* Editorialista, Corresponsal en Miami.