Editorial: Venezuela entre la Pandemia y la paralización económica

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No se necesitaba que apareciera en China el CoronaVirus para que Venezuela se paralizara.

El mes de febrero había sido un período de inquietud. El aumento de precios, no se detenía. El proceso de devaluación del bolívar se profundizaba. Y las perturbaciones políticas no dejaban de alterar la tranquilidad de los venezolanos ante el cuadro de deterioro generalizado social, político y económico.

La primera quincena de marzo del 2020 esas tendencias se aceleraran. Es así, que cuando surge la epidemia viral en China, ya las nubes negras se habían consolidado en el cielo de los venezolanos.

Sin embargo, el régimen del presidente Nicolás Maduro empujado –tal vez- por ese ambiente adverso, y preocupado por el estado del sistema de salud público, decretó una severa cuarentena que ya ha sido prorrogada.

Si damos por ciertas, las estadísticas de los contagios que cada día entrega el régimen por boca del siquiatra Jorge Rodríguez, esta adelantada prevención ha brindado sus frutos: Habría tres centenares de contagiados, y tan solo una docena de fallecidos.

Ahora, el impacto en la salud de los venezolanos –por las razones que sean- ha sido leve. Aunque la devastación económica sigue siendo terrible.

Las industrias están cerradas. Así como el comercio y las más diversas actividades profesionales, incluyendo sectores que van de la aviación, las navieras, el sector importador, el transporte, la prensa, la educación y -sobre todo- la comercialización de combustibles, tanto el gasoil como la gasolina de automóviles.

Esta paralización, no solo afecta a estos sectores considerados “no prioritarios” por el gobierno. Afecta profundamente a la producción y el transporte de los alimentos.

Los gremios empresariales, productores bienes y servicios, han empezado a despertar del letargo inducido por la cuarentena. Reclaman al gobierno la reactivación lo más pronto posible.

Otro sector, que ocupa a no menos del 35% de la clase trabajadora, es el de la llamada “economía informal”. Que no es otra cosa que los “buhoneros”, o prestadores de servicio personales, también llamados en la República de Cuba: “cuentapropistas”.

Estos trabajadores tienen todo el período de cuarentena sin ingresos. Pero a ellos también hay que sumarles a los que se redondean con propinas un salario mínimo, como son los mesoneros y los valet parking.

Nuestra economía, que ya estaba pisando niveles de caída histórica, ha sobrepasado las más negativas estimaciones.

Es hora que arranque el sistema económico del país.

Eduardo Martínez

Editor

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