El amanecer del primer día del año no es igual al resto de los días. Suele ser un amanecer tranquilo, luego de todo un año que hemos dejado atrás.
El sol nos parece más grande y nítido. Hay esperanza y optimismo. La brisa la sentimos fresca, y en nuestra cabeza revolotean ideas, proyectos y buenas intenciones.
El 2016 está demás decir lo que fue. Hasta los ciegos funcionales han tenido que aceptarlo. Allá con su responsabilida, si es que algún día la asumirán.
Nosotros también somos responsables de nuestros días y lo que será nuestro año. Emprendamos, no el año, sino cada día como si fuera el primer día del año. Un día en el cual siempre nos reiventamos. Tratemos de hacerlo.
Feliz año 2017.
Eduardo Martínez
editor
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