Por Eduardo Martínez
Las recientes elecciones presidenciales en la Argentina, evidenciaron una similitud asombrosa con lo que ocurre en Venezuela. El régimen peronista se presentó sin poder ofrecer ofertas concretas de cambio, para revertir la profunda crisis económica que afecta al país austral.
En la acera de enfrente, se presentó un candidato “libertario” que como perro de presa fue demarcando territorio con una motosierra en las manos. Demostrando de esta manera, que todo sería lo contrario de ganar las elecciones. Y así ha sido en los primeros días de gobierno.
Frente a la continuidad de políticas que ha llevado de fracaso en fracaso a la economía argentina, se impuso el modelo que es todo lo contrario.
De los últimos días campaña, resaltó la apelación a lo único que podía apelar el peronismo: la política de dádivas, bonos y subvenciones. Un populista esquema distributivo que ha sido ensayado con éxito, siempre y cuando se tenga dinero. Lo que constituyó el “talón de Aquiles” del peronismo en esta ocasión: Ya no tenía más dinero y mucho menos dónde conseguirlo.
Recurso de la demagogia, más que tropical suramericana, es recurrir a intangibles. Esas cosas que careciendo de corporeidad, solo pueden ser citados, proclamados a voz en cuello e insuflados en la psiquis de los que les oyen. Eso si, no pueden ser contabilizados, tocados o percibidos por ninguno de los sentidos.
En ese sentido, la Venezuela de nuestros días no difiere de las pesadillas argentinas. No tenemos cobres, el aparato productivo no alcanza a cubrir la demanda de la población, y a futuro no tiene acceso a las nuevas tecnologías productivas. Y lo que es peor: la gente no tiene los ingresos necesarios para cubrir sus gastos vitales.
Ciertamente, hay diferencias con la Argentina en el aspecto productivo. Sin embargo, la crisis aquí es mayor que la de allá. Lo que aterriza en una pobreza igual o peor.
Este año 2024, deberíamos tener elecciones presidenciales. Hay que utilizar el término incondicional “deberíamos” por cuanto el régimen tiene una tradición interpretativa de las normas que cambia de acuerdo al momento. Así ha sido con cada principio, derecho o imposición constitucional. En lo que ha impuesto la principal, si no el único, principio que orienta a los poderes del Estado: “Como va viniendo, vamos viendo”.
Es ente supuesto calendario electoral, que todavía no tenemos, que se pone en juego la relación “Que me vas a dar si te doy el voto”. Una cruda expresión, que resumen lo que está planteado.
El régimen de Maduro, sea el candidato o sea otro, no puede ofrecer lo que no ha hecho. Por cuanto la pregunta elemental es: ¿Por qué no lo hiciste si tenías todos los poderes y durante 25 años?
Es así, y no puede ser de otra manera, que recurrirá a los intangibles: la revolución, el comandante Chávez, las sanciones, el imperialismo, el hombre nuevo, etc. Terminolog[ia que deberemos tener en cuenta, a la hora de filtrar el discurso y la retórica del que será el candidato del régimen.
¿Y las promesas?. Habrá que observar con qué se vienen en estas elecciones. Aunque tienen una larga lista de obras inconclusas que ameritan que sean terminadas. Monte adentro, por llamarlo de alguna manera, todavía pueden con poca vergüenza resucitar algunas de esas obra del cementerio de concreto y oxidados fierros, para prometer cualquier cosa. Inclusive, prometer la estación lunar.
Dicho esto, Venezuela aguarda con atención lo que será la oferta de la oposición y su abanderada presidencial: la oferta concreta.
Infografía: Cortesía de Manuel Berumen, publicado en Pinterest.
@ermartinezd