“No se puede derrotar a quien nunca se da por vencido”. George Herman Ruth (Babe Ruth, 1895 – 1948), famoso beisbolista norteamericano.
Desde el año 2004 la oposición venezolana viene sospechando que los resultados electorales no corresponden a los votos contenidos en las urnas. Venezuela es el único país del mundo en donde un gobernante supuestamente democrático, pero con métodos groseramente violatorios de las libertades individuales y colectivas, aumenta exponencialmente su votación en lugar de disminuirla por efectos del natural desgaste de popularidad causado por la larguísima permanencia en el poder.
Llegó a la Presidencia en 1998 con poco más de 3 millones de votos y ganó su cuarta elección con más de 8 millones. Estamos hablando de un crecimiento del 166% en la votación de un candidato nacional e internacionalmente cuestionado. Y si lo comparamos con el número de habitantes la relación es aún más incongruente: en 1998 la población rondaba los 18 millones y medio, mientras que según el censo 2011, Venezuela tiene más de 28 millones de habitantes, un salto de 33%, una multiplicación de pobladores semejante a acures desesperados.
Las explicaciones estadísticas del INE y del CNE son una alabanza hacia la eficiencia del SAIME para localizar y legalizar cuanto ser humano esté dentro del territorio nacional, así como al REP que ha logrado incluir en sus listas hasta el último votante vivo o muerto.
Desde hace años hemos escuchado a la organización Súmate, expertos en procesos electorales, pedir revisión del REP. Y cada vez que hay elecciones oímos lo mismo: el oficialismo exigiendo a la oposición que reconozca los resultados y a la oposición protestar por las condiciones desiguales en que concurre a un proceso electoral.
En las elecciones de 7 de octubre la misma situación se potenció: desde el candidato a la reelección sempiterna hasta el último de los corifeos seudo periodistas, presionaban a los voceros de la oposición para que declarasen que sí reconocerían los resultados electorales, fuesen los que fueren.
La Mesa Técnica de la MUD, compuesta por técnicos reputados, incluso ex funcionarios del CNE, se hicieron cargo de la situación y exhibieron logros en el REP, al revisar parcialmente el mismo, sacar muchos muertos y ancianos de más de 100 años y por lo menos, tener un contacto institucional con el Registro Electoral.
El candidato y la MUD tenían dos opciones: dejar en la duda el reconocimiento de los resultados, lo cual de ser perdedores los tacharía de malos jugadores (si gano reconozco, si no gano, desconozco) o aceptar los resultados que diera el CNE, como debía hacer un competidor democrático.
Por eso, dieron un voto a los técnicos de la Mesa y a la palabra de transparencia dada por el CNE, y decidieron comprometerse públicamente al reconocimiento. Por eso y porque confiaban en que iban a ganar. Estaban contra la pared pero creían en el triunfo. Como creyó la mayoría de los venezolanos, incluso chavistas. No había otra opción para el sector democrático a meses de una elección. Y como dijo el rector Vicente Díaz: “Una vez que yo acepto las condiciones no se puede decir que el resultado es distinto”.
Una oposición que quiere cambiar un gobierno, si es democrática debe cambiarlo con votos. La otra manera es la vía violenta, mediante un golpe de estado o un movimiento que implique eyectar al gobernante del poder. Lo cual no es democrático y la oposición venezolana ya aprendió la lección de 2002, que aunque no organizó formalmente un golpe de estado, la salida por horas del Presidente de Miraflores ocasionó que cargara con el San Benito de golpista hasta el sol de hoy.
Por lo tanto, si dar un golpe no es la opción, entonces el único camino es el electoral. Lo malo es que Chávez aprendió esa lección antes que nadie. No le dio resultado un golpe, ganó el poder mediante elecciones y ya le agarró la caída al Poder Electoral.
Yo tengo confianza en la honorabilidad de Henrique Capriles: lo ha demostrado ampliamente con esa campaña donde iluminó la esperanza de un país con palabras nobles y rectas. Su reconocimiento de la derrota es lo que debía hacer un caballero que aceptó reconocer los resultados y sin duda lo hizo con el resultado de las actas en las manos. Porque será bueno, pero no pendejo. No hay nada ni nadie que le hubiera impedido protestar si tuviera duda razonable de que esos no eran los resultados de las máquinas. También confío en ese hombre serio y responsable que es Ramón Guillermo Aveledo, experto en no dejar que la sangre llegue al río.
Vamos a explicar algo a los ciudadanos que opinan y no son políticos de oficio: no puedes asomar una duda si no tienes los pelos en la mano, ¿está claro? Capriles no podía hacer otra cosa sino lo que hizo: reconocer gallardamente los resultados y salir adelante para la próxima batalla que es el 16 de diciembre, dando ánimo a los votantes para que sigan en la lucha.
Porque el riesgo de todas estas teorías de conspiración acerca de un fraude electoral (teorías que en el corazón de muchos tienen categoría de certeza) es que los votantes se nieguen a concurrir a las urnas para las elecciones de gobernadores con las mismas condiciones.
En estos momentos en que los rumores acidifican aún más el sabor de la derrota haciendo al votante un renegado electoral, es indispensable que Henrique Capriles y la MUD tomen acciones para que esto no desemboque en una derrota por abstención. Estos son los puntos a resolver:
1) Solicitar, presionar, exigir, que el CNE actúe como árbitro objetivo impidiendo las violaciones inescrupulosas a la igualdad de condiciones por parte de los candidatos oficialistas. Esto significa: a) impedir que el Presidente en sus cadenas nacionales haga publicidad a sus candidatos a elección y reelección. b) vigilar los gastos de todos los gobernadores a reelegirse para detectar el uso de recursos públicos en la campaña c) prohibir el abuso publicitario a favor de candidatos oficialistas a través de la red nacional de radio y televisión, perteneciente a todos los venezolanos u ordenar que todos los candidatos tengan el mismo acceso. d) hacer seguimiento a los operativos de movilización que recogen puerta a puerta a los votantes en vehículos pagados con dineros públicos e) impedir el amedrentamiento y condicionamiento que hace el gobierno a los votantes para obligarles a votar a su favor f) alejar radicalmente al Plan República y a sus milicias del interior de los centros electorales y de la disputa electoral.
2) Exigir, como parte activa en el proceso, la entrega del 100% del REP y el registro de las cedulaciones realizadas por el SAIME en los últimos 10 años.
3) Aunque esto no opere a corto plazo, la oposición debe promover un referendo para regresar a las elecciones manuales. Habría que preguntarse por qué los países más desarrollados del mundo no son automatizados (la respuesta la dio Bill Gates: todos los sistemas de computación son intervenibles) y por qué si Chávez ganó sin máquinas ahora tiene tanta pasión por el “sistema electoral más confiable del mundo”.
La oposición necesita ver a Henrique Capriles y a los técnicos de la MUD respondiendo la cantidad de interrogantes y teorías de la conspiración que la atormenta y hace dudar de concurrir a las elecciones de diciembre. Nadie puede alegar fraude sin pruebas fehacientes, los votantes que siguieron esa campaña triunfante y esperanzadora quieren saber si la MUD está estudiando los resultados y las denuncias. Quiere saber si están revisando las actas una a una o si pasaron definitivamente la página para no desmotivar a los votantes. Quiere que le den razones confiables para movilizarse nuevamente. Desmontar la sombra del fraude o confirmarlo. Y debe ser rápido. Si no, la debacle en las gobernaciones es previsible
Estoy segura, como la mayoría de la oposición, de que tenemos los votos. Seguiré votando indefectiblemente porque la lección del 2005, cuando entregamos la Asamblea Nacional sin votar ha tenido consecuencias catastróficas. Creo que hay un camino, que Henrique Capriles lo marcó, que es un tremendo líder y será un gran Presidente. No podemos dejar todo al destino o a Dios, que nos da la guía pero otorga libertad para seguirla o no; vamos a actuar, investigar, dar respuestas, brindar confianza, motivar a la lucha. Perdimos una batalla que creímos ganada. Necesitamos respuestas y aliento. Y a seguir con las gorras tricolor puestas.
Esta carta a mí me sirvió para renovar mi fe en esa Venezuela que soñamos y que sólo con nuestra fuerza es posible. Permítame su autora reproducirla aquí:
“Señor Capriles: Sé que esta será tan sólo una de miles de cartas que va a recibir, pero confío en que lleguen a usted mis líneas.
Un martes cualquiera, mi esposo llegó a la casa con un dx de cáncer renal. Uno a tres meses de vida de expectativa y sólo 33 años. Luchamos y nunca desistimos. Tres años después vi salir a su médico de la última de tres cirugías confirmando una segunda metástasis en pulmón. Supe que ya no había manera de vencer a ese monstruo y ese día mi alma se partió en mil pedazos. Pero seguí, seguimos luchando. Durante siete años Jorge peleó, creyendo siempre que tirar la toalla no era una opción.
Ayer cuando me confirmaban los resultados electorales, estuve de nuevo en esa puerta de quirófano, con frío, con miedo, con dolor infinito e impotencia. Con una terrible soledad. Pensaba en mis niños, futuro, en mi país y pensé en usted, con una preocupación inmensa por el dolor que podía embargarle en ese momento. Después de todo ese peso que nosotros pusimos sobre sus hombros. Sentí vergüenza de no haber podido ayudar más, mi voto y el de los que convencí no fueron suficiente, seguimos siendo un país que no es capaz de actuar para cosechar a largo plazo, que no siembra, que no cría. Ayer le escuché hablar. Y quise abrazarle, cuidarlo, decirle que descansara. Sentí orgullo por su comportamiento y pensé que no lo merecíamos.
Hoy mi amanecer siguió de largo, gris y solitario, hasta que le leí esta mañana en twitter. Y, Sr. Capriles, confieso que lloré muchísimo. Pero ahora, ya dejando el pañuelo al lado y con la cara lavada le doy las gracias, por todo, por dejarnos soñar otra vez, por hacernos creer.
Muchos me preguntan cómo puedo sonreír y hacer felices a mis niños teniendo el dolor de haber perdido a Jorge hace tan poco, siempre les digo que nunca voy a dejar que el cáncer gane el combate, ganó una batalla, se llevó a mi mejor guerrero, pero hundirnos en la tristeza sería regalarle todo. Después de leerle, he sentido la misma fuerza de antes, cuente conmigo. Le pido disculpas por estas horas en que me sentí desfallecer, ya lloré, ya suspiré y ya estoy lista otra vez para trabajar por Venezuela, con usted.
Ya no quiero cuidarle, no lo necesita. Quiero caminar a su lado, con la frente en alto, segura de no haberme equivocado al creer en usted y en su camino, que no nos llevará a un absurdo mago de oz, sino a la maravillosa realidad de un país libre.
Charitorojas2010@hotmail.com
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