Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…
¡Hoy creo en Dios!
Rima XVII: Hoy la tierra y los cielos me sonríen.
Gustavo Adolfo Becquer
Por Eduardo Martínez
Este poema de Becquer nos alegra el ánimo hasta en los peores momentos. Y los venezolanos, de esos ánimos tristes y caídos… tenemos experiencia. No es para menos. Sobre todo, con los dos terremotos que nos azotaron el pasado 24 de junio.
Fue un día en el que amanecimos en la tarde. Un amanecer extraño, porque amanecimos antes del anochecer temprano. Muy rápido después de los sustos, movimientos, carreras y el tronar de las estructuras.
Pero aquí estamos de pie y recogiendo los vidrios rotos. Tratando de retornar a una cotidianidad que estamos conscientes que no será la misma. Tenemos ausencias y pérdidas de familiares, amigos y hasta de personas que nunca tuvimos la oportunidad de conocer.
Lloramos sus partidas inesperadas, pero aquí estamos. Sobrevivimos. Y debemos cargar todo aquello que sobrevivió con nosotros. La vida continúa y continúa con nosotros. Debemos levantar los ánimos para proseguir. Es lo que nos toca.
Y en ese poema de Becquer, siempre hemos pensado que es una mujer las que nos miró. Sin embargo, en esta ocasión, es la vida que nos bendice con su continuidad: los ciclos de la naturaleza, los nacimientos, el canto de los pájaros, la lluvia, el sol, la luna, las noches frías y los días cálidos, las nubes y los cielos azules, los árboles, sus frutas, y el aire que respiramos.
¡Estamos vivos!, y debemos celebrar la vida. Es lo mínimo que podemos hacer por nosotros mismos, por los que nos acompañan, y también por los que se fueron.
Dios bendiga Venezuela.
* Editor, www.eastwebside.com