Por Carlos Torrealba Rangel
Estamos frente a un mercado inmobiliario muy pequeño como pequeña es hoy la economía del país. Al cierre de 2023, el tamaño de la economía venezolana equivaldrá al 37,6% del que tenía hace 10 años, según el IIES/UCAB.
La capacidad de compra del venezolano está limitada al consumo de bienes esenciales, básicamente para la sobrevivencia. En el 2023 la remuneración promedio mensual del sector privado fue de US$ 202, según el Observatorio Venezolano de Finanzas. Este nivel de ingreso es insuficiente para cubrir la cesta básica familiar estimada por el CENDAS/FVM en US$ 531,95 para el mes de diciembre de 2023. Dichos factores explican la contracción del consumo y su incidencia en la caída del PIB.
Para el 2024 se espera un crecimiento económico moderado, entre 5% y 6%, según estimaciones de algunas firmas consultoras nacionales. Pero este será, como hasta ahora, un crecimiento precario, localizado básicamente en la región central y capital, absorbiendo Caracas más del 45% de la actividad económica del país, concentrado en pocos sectores de la economía, principalmente vinculados al consumo, las importaciones y los servicios.
A cuanto al sector inmobiliario, éste sigue afectado por la continuidad de la crisis económica del país. En este sector el nivel general de actividad es muy pobre y no puede ser de otra manera si se toma en cuenta la pérdida brutal de poder adquisitivo del venezolano y la ausencia de crédito hipotecario, dos variables claves que determina su crecimiento y desarrollo.
Con un ingreso promedio de 202 dólares al mes para trabajadores del sector privado, ¿cómo se puede acceder a una vivienda cuyo costo, por ejemplo, es de 20, 25 o 30 mil dólares?; ni soñar con las que superan ese nivel de precio. Por ello, para la mayoría adquirir casa propia es una aspiración casi inalcanzable. A decir verdad, el mercado actualmente se sostiene sobre un segmento muy reducido de la población localizado en urbanizaciones de clase media o media alta con poder de compra.
En el 2024 la falta de crédito hipotecario, la pérdida de poder adquisitivo y la sobre oferta de inmuebles colocan al mercado en una situación de retraso o ralentización en su nivel actividad.