por Boris Ackerman
Sin duda en la última década, Padre Rico Padre Pobre y en general todos los libros escritos por Robert Kiyosaki han terminado por convertirse en importantes referencias en lo que respecta al manejo de las finanzas personales.
Sin querer quitar méritos a un escritor que en verdad le ha cambiado la vida a muchas personas, hoy deseamos hacer ver tanto lo bueno como lo malo de los planteamientos de Kiyosaki.
En principio lo que le pediría al lector antes de darle más detalles sobre el tema es que se quite de encima cualquier sesgo favorable o desfavorable hacia el autor, lo realmente importante en la construcción del conocimiento no es la memorización sino la crítica, el tomar las ideas que se consideren razonables y dejar de lado aquellas posiciones que podrían no coincidir con principios, conclusiones o evidencias generadas en nuestra vivencia personal.
Lo relevante es sacar provecho de las ideas de Robert Kiyosaki, pero nunca convertirnos en ciegos predicadores o seguidores de una fe que ya ha mostrado su lado oscuro.
¿Qué plantea Kiyosaki? El afamado autor de origen japonés y nacido en el estado norteamericano de Hawai en 1947 tiene una visión bastante sólida en cuanto a que lo que separa a los pobres de los ricos es el círculo vicioso o virtuoso en la relación con el dinero.
El pobre o la clase media se ve limitada a lo que Kiyosaki denomina la carrera de ratas, es decir, a vivir para pagar cuentas y gastos y no generar excedentes. Luego, la pobreza personal quedará como un estigma pues será difícil salir de estos ciclos de ingresos para pagar gastos a menos que se realice un cambio profundo en la forma en que se hacen las cosas.
Eso implica comenzar a obtener ingresos de mecanismos distintos al salario o el autoempleo. Es decir los provenientes de empresas propias y de inversiones. Para que este cambio pueda darse, una modificación profunda en los paradigmas de quien pretenda mejorar sus condiciones de vida debe darse.
En principio, no debe enfocarse tanto en la educación formal sino más bien debe encaminarse hacia trabajar para aprender y adquirir experiencia en negocios y sobre todo en conocer los mecanismos de inversión. Kiyosaki en sus primeros textos hace mucho énfasis en las inversiones inmobiliarias y da bastante peso a mecanismos como los multiniveles y las franquicias.
El autor prefiere la concentración del riesgo antes que la diversificación por considerar que diversificar es también diluir el potencial de ganancias. Y finalmente hace un gran énfasis en que no resulta tan malo fracasar en las iniciativas pues eso representa un aprendizaje y es finalmente lo que permite avanzar hacia la salida de la carrera de ratas.
Para el escritor de temas de finanzas personales, la salida final y el éxito definitivo se produce cuando el individuo pasa a vivir de las inversiones, es decir cuando su dinero viene fundamentalmente del ingreso no generado ni por el trabajo personal ni por empresas a las cuales debe dedicar tiempo y esfuerzo sino más bien de un sólido portafolio de inversiones.
El pasar esa frontera de la carrera de ratas, es quizás cuando logra vivir o tener ingresos que le permitan cubrir todas sus necesidades con dinero proveniente de fuentes que no impliquen trabajo alguno para la persona. Y esas fuentes son las rentas inmobiliarias, dividendos por acciones, cupones de bonos, comisiones por encabezar organizaciones de multinivel, etc.
¿Funcionan las teorías del Padre Rico?
La mejor respuesta a esa pregunta es a veces, pero no siempre o mejor dicho, casi nunca funcionan como lo plantea el autor. Por qué nos atrevemos a ser tan contundentes con la respuesta. Sencillamente porque la realidad amigos lectores, es bastante terca.
No todas las personas por más que se esfuercen logran salir de la omnipresente carrera de ratas. En las clases medias, las necesidades se crean en forma constante y resulta por demás difícil escapar a ellas, la presión social sobrepasa en la mayoría de los casos la voluntad de cambiar y es así como la gente vive viviendo al tope de sus posibilidades y eso impide la posibilidad de ahorrar y prosperar.
Para muchos, otra grave falla en Kiyosaki es su inmensa carga de discursos motivantes calificados dentro del género de la autoayuda, lo cual genera un inmenso impacto en la psicología de quien desea comenzar un negocio, si bien ese estilo ayuda a mantener el interés en sus libros, puede crear expectativas imposibles de cumplir en los lectores, y resultar contraproducentes al desligar la ilusión de la realidad. Sus textos además están llenos de anécdotas e historias que muchos críticos observan como inventadas, ese es otro de los ataques que recibe Robert Kiyosaki, pero la veracidad de sus relatos no ha sido ni comprobado ni desmentido, luego difícilmente se le podría acusar de inventarlos.
Una reflexión final sobre la obra del Hawaiano viene dada por su adaptabilidad a la realidad local. Está claro que una parte relevante de su obra no pertenece a nuestra realidad, sus ejemplos en cuanto a la inversión inmobiliaria difícilmente no son repetibles en ambientes como el nuestro.
La simple existencia de la inflación genera distorsiones importantes a las recomendaciones que efectúa el autor. Es así como su obra debe ser tomada con bastante cuidado y no contemplada al pie de la letra sino más bien con bastante cuidado sobre todo, en nuestra realidad.
Una crítica final, y quizás la más contundente, es que muchas de las personas que tomaron a Kiyosaki como guía, perdieron importantes sumas debido al estallido de la burbuja inmobiliaria que vivieron los Estados Unidos.
La caída en precios de los bienes raíces y la dificultad para venderlos le estropeó los planes a muchos de sus seguidores que pretendían salir de su carrera de ratas usando las rentas generadas por alquileres de inmuebles. Igualmente esos mecanismos de generación de rentas ya no están presentes en la actual realidad del mundo desarrollado. Por cabe decir que ha llegado el ocaso del padre rico.