Boris Ackerman: El enchufado

por Boris Ackerman

El día de hoy, queremos mostrarle a nuestros queridos lectores, un perfil de personalidad que atenta en contra de su patrimonio personal y familiar, se trata de un nocivo grupo de individuos que se ha ocupado de empobrecer a la sociedad durante muchísimos años. Nuestra labor de hoy es la de identificar a esos detestables seres, describirlos, denunciarlos y señalar el daño que le hacen a la sociedad, que es extremo. Los enchufados no son solamente un producto de este estatus quo, son una consecuencia de una forma de hacer las cosas, del clientelismo, de la irresponsabilidad, del amiguismo, y son un mal que nuestra sociedad debe erradicar si es que quiere mejorar su condición de vida algún día.
Desenchúfalos
Un personaje por demás común en la sociedad venezolana contemporánea es el enchufado, muchas veces izquierdoso y acomplejado, esta secta de individuos destaca por su doble moral, su bajísima autoestima y su devoción y hasta fetichismo por bienes de consumo y por ostentosas camionetas, mansiones o apartamentos de super-lujo en suntuosas urbanizaciones, actitud que extrañamente a veces convive con la proclamación de trasnochados mantras asociados con ideologías fracasadas. Esas lacras se hinchan al portar objetos lujosos y muy costosos, pero su capacidad intelectual se limita a seguir instrucciones y guías de ideólogos de corte totalitario o populista. Su nivel educativo es mediocre, en muchos casos fueron estudiantes universitarios durante periodos que excedían con creces los años programados para sus carreras, en otros, simplemente tipos grises y tramposos que copiaban exámenes o se enchufaban a personas con poder con tal de culminar sus estudios . Otra característica de esos inmorales es el “diez es nota y lo demás es lujo”, la ley del mínimo esfuerzo, el hacer las cosas para salir del paso, la poca profundidad y la labia predominando por encima de sus capacidades. Se trata de sujetos que nunca han vivido de crear o de esforzarse en el logro de metas sino más bien de manipular y embaucar a las demás personas.Hay excepciones, pues existen enchufados que quizás tengan algún tipo de méritos, pero que por alguna razón, su ilimitado resentimiento y sus numerosas carencias los hace seres absolutamente aberrados y antisociales que usan su inteligencia en contra de la gente.Ese grupo lamentablemente cada vez está más enquistado en posiciones clave tanto dentro del estado como en una intrincada red de contratistas, toma decisiones que le hacen a usted más y más pobre, a ellos es a quienes debemos desenmascarar y claro está, comenzar a hacer el mayor esfuerzo posible para que salgan de sus privilegios y que dejen de afectar nuestras vidas.
¿Por qué le afectan a usted?
Sin duda los efectos nocivos de esos especímenes sobre sus vidas es enorme, su ineficiencia administrativa y sus actos de corrupción son inmensos, piense nada más en los bienes públicos no concluidos, en los pésimos servicios públicos, en empresas del estado que han recibido millones y que no han siquiera arrancado. Piense en las medidas económicas empobrecedoras, en las inmensas dificultades en su vida cotidiana por las severas carencias causadas por la corrupción e ineficiencia de los enchufados. Pero más allá de eso, la enorme incompetencia de la mayoría de los enchufados sacrifica y niega su futuro y el de su familia al envilecer y limitar más y más a la sociedad y al potencial de los individuos dentro de esta para desarrollarse y surgir por medios honestos.
¿Cómo identificarlos?
No es tan difícil identificar a un enchufado, la riqueza súbita con poca educación, el uso de bienes ostentosos sin justificación de haber generado valor para la sociedad y en consecuencia los ingresos suficientes. El fetichismo por las modas pasajeras, la necesidad de hacer que todos sepan lo que tienen debido a su bajísima autoestima, las evidentes carencias en educación, modales y valores familiares. Son clarísimas señales de que tratamos con enchufados. Si usted ve a una persona absolutamente cursi, ridícula e ignorante llena de bienes materiales no justificados con su trabajo y conocimientos. Amigo, ese es un enchufado.
¿Qué hacer con ellos?
Una vez detectados, nuestro deber como sociedad es claramente el de negarles la aceptación, no tratarlos, negarles el saludo, divulgar su condición a quienes conozcamos. Usar los medios que tengamos para dar a conocer lo que son. Y así conseguir que la sociedad en su conjunto los señale y aisle, pues se trata de lacras que atentan en contra de nuestra calidad de vida. Son en los más de los casos hasta más nocivos que la delincuencia común, pues claramente defienden un status quo que saca adelante a esa delincuencia y a muchísimos otros vicios. Nuestro deber con los enchufados es el de darles la espalda, que sientan que la sociedad simplemente los repudia y no cree en ellos, que perciban que son y serán vistos como indignos de ser tratados con respeto. Si hay oportunidad mediante mecanismos que no violen la ley de hacérselos saber y sentir, háganlo sin dudarlo. Ni siquiera merecen saludos o deferencias. Son simplemente seres indeseables.
¿Cómo hacer para que no surjan?
Para que no surjan ese tipo de individuos ni tomen posiciones de poder, nuestra sociedad se debe orientar a premiar el mérito y la trayectoria mucho más que el contacto personal. Las instituciones deben estar obligadas a seleccionar personas capaces por sus méritos propios, los mecanismos de nombramientos, promociones y búsquedas de personal en todas las instancias deben estar regidos por clasificaciones objetivas en cuanto a la calidad de los títulos y además deben ser auditables y del conocimiento público. Así mismo, los procesos administrativos tienen que ser transparentes, objeto de severas auditorías y tanto los resultados como los criterios, decisiones y la información que conllevó a dichos resultados, deben ser abiertos a la ciudadanía.
Inclusive, se puede ir más allá y exigir que cualquier persona que haya traspasado determinado nivel de poder o riqueza, debe estar obligada a divulgar públicamente sus decisiones, acciones y condición financiera, sin la existencia de testaferros o empresas falsas. Es decir, si alguien ostenta un cargo de poder o logra determinado umbral de riqueza, de alguna forma debería renunciar a su privacidad en nombre de la transparencia pues será proclive a usar muchos beneficios y a sacar provecho de información privilegiada a la que todo el mundo debería tener derecho.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*