Por Beatriz Pineda Sansone
Leonardo da Vinci nos ofrece valiosas lecciones sobre cómo abordar la imprecisión, es decir, la voluntad de aceptar la paradoja, la incertidumbre y la ambigüedad, principalmente a través de su enfoque conocido como «sfumato» y su mente inherentemente curiosa y abierta.
Algunas ideas clave que podemos aprender de él:
Abrazar la incertidumbre y la ambigüedad (“Sfumato”) como principio: este término italiano, que significa «esfumado» o «desvanecido como el humo», se refiere a una técnica pictórica que Da Vinci perfeccionó para crear contornos suaves y transiciones graduales entre luces y sombras. Sin embargo, el «sfumato» va más allá de una técnica artística; representa una disposición mental para aceptar la falta de límites definidos y la coexistencia de diferentes interpretaciones.
Tolerancia a la falta de respuestas claras: da Vinci no se sentía incómodo con las preguntas sin respuestas inmediatas. Su mente inquisitiva lo impulsaba a explorar lo desconocido, incluso si eso significaba vivir con la incertidumbre. Podemos aprender a cultivar esta tolerancia, a no sentir la necesidad de tener todas las respuestas de inmediato y a permitir que las ideas se desarrollen con el tiempo.
Ver la ambigüedad como una fuente de creatividad: en lugar de ver la ambigüedad como un obstáculo, da Vinci la consideraba un terreno fértil para la exploración y la innovación. La falta de definiciones rígidas permitía que su mente hiciera conexiones inesperadas y concibiera ideas originales. Podemos aprender a reinterpretar la ambigüedad como una oportunidad para la creatividad y el pensamiento lateral.
Aceptar la paradoja:
Coexistencia de opuestos: da Vinci era consciente de que el mundo a menudo presenta situaciones paradójicas, donde dos ideas aparentemente contradictorias pueden ser verdaderas de forma simultánea. Su arte, como la sonrisa enigmática de la Mona Lisa, a menudo refleja esta capacidad de capturar la complejidad y la multiplicidad de la realidad.
Profundizar la comprensión: al aceptar la paradoja, podemos evitar el pensamiento binario simplista y alcanzar una comprensión más profunda y matizada de los fenómenos. Da Vinci no buscaba resolver las contradicciones, sino más bien explorarlas y aprender de su tensión inherente.
Lidiar con la imprecisión:
La observación como punto de partida, no como límite: si bien da Vinci era un observador meticuloso, entendía que la percepción humana es inherentemente limitada e imprecisa. Sus estudios de anatomía y naturaleza estaban llenos de detalles, pero también reconocía la dificultad de capturar la realidad en su totalidad.
Énfasis en el proceso y la exploración: Para da Vinci, el proceso de investigación y experimentación era tan importante como el resultado final. La imprecisión era una parte natural de este proceso, un estímulo para refinar la comprensión y buscar nuevas perspectivas. Podemos aprender a valorar el viaje del descubrimiento, incluso cuando no conduce a respuestas perfectamente definidas.
De Leonardo da Vinci podemos aprender a desarrollar una mentalidad abierta y curiosa que no tema lo desconocido
Cultivar la paciencia y la tolerancia hacia la incertidumbre y la ambigüedad.
Ver la paradoja no como un problema que debamos resolver, sino como una oportunidad para una comprensión más profunda. Aceptar la imprecisión como parte del proceso de
aprendizaje y exploración. Enfocarnos en la observación y la experimentación continua para refinar nuestra comprensión del mundo.
Al adoptar estos principios, podemos desarrollar una forma de pensar más flexible, creativa y resiliente frente a la complejidad inherente de la vida.
* Licenciada en Letras, LUZ.
Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa Cuenca.
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».