Por Arturo Meléndez
A más de quince días del terremoto que afectó a buena parte del territorio nacional y causó los efectos más devastadores que sismo alguno haya producido en toda la historia conocida de Venezuela, debo confesarles que mi único contacto directo con el cataclismo fue aproximadamente a las seis de la tarde del 24 de junio de 2026, cuando sonaron las alarmas de terremoto de los teléfonos digitales advirtiendo el peligro de un movimiento sísmico de importante intensidad y el sobresalto que nos produjo la sacudida durante la eternidad que me pareció nunca acabaría, angustia que aumentaba por que al momento del evento telúrico conversaba con mi hija quien también sentía la remezón que causaba en la estructura de su vivienda la onda sísmica.
Al nomás cesar el ruido de los vidrios de las ventanas a punto de estallar y los sonidos de las cosas que caían de mesas y estantes, corrimos a buscar espacios seguros todos los que me acompañaron física o telefónicamente en esos momentos tan angustiosos (particularmente debo decir que en toda mi vida jamás había sentido un episodio telúrico de esa intensidad). Al salir a un descampado que nos pareció seguro, comprobé con alegría que ninguno de mis vecinos habría sufrido consecuencias más serias que el susto que nos produjo a todos el intenso movimiento sísmico que acabábamos de sentir. Pasé luego a comprobar que el edificio y los del vecindario no habían sufrido ningún daño y que habían resistido, edificaciones nuevas y viejas, las ondas sísmicas que las remecieron con aquella violencia inusitada. Pero la angustia no se iba porque al intentar contactar a amigos y familiares, tuvimos problemas de señal telefónica y comunicación electrónica, lo que aunado a la llegada de los primeros partes noticiosos y anuncios de la intensidad del sismo, los cuales no eran generados por ningún ente oficial salvo algunas notas de las alcaldías de Chacao, Baruta y El Hatillo, pude sentir el abandono en que deberían hallarse todas las personas que se encontraban tapiadas por las ruinas de sus casas o que no recibían señal algún de sus familiares y amigos que se encontraban en las zonas afectadas o de riesgo.
Esa noche fue de un susto compartido muy intenso y de una solidaridad entre vecinos que ponían a disposición de todas las cosas que habían bajado de sus apartamentos para las contingencias de la emergencia que comenzaba esa noche.
Cuando el sentido común nos permitió subir a nuestros espacios de habitación, comenzó la búsqueda de información a través de los diversos canales de los que se disponía en ese momento, y en todas las notas que llegaban la condición más notoria era la de la angustia solidaria de los vecinos de la Guaira, Carabobo, Miranda, Falcon, Aragua, Caracas y otras partes de Venezuela que, a mano limpia y con linternas y herramientas improvisadas, comenzaban a buscar entre las ruinas de las numerosas edificaciones derruidas los signos de supervivencia de las victimas tapiadas.
De allí en adelante mi contacto con el fenómeno natural y sus consecuencias fue por intermedio de conocidos que formaban parte de las cuadrillas de rescate o de suministro de ayuda, por propietarios de bienes en la zona o con familiares en ella y por las redes sociales, así supe de la llegada a los diferentes sitios de brigadistas nacionales e internacionales que, con los medios que disponían, se dedicaban a las labores de rescate y ayuda asistencial a las víctimas del sismo y a sus familiares. Lo que no pude percibir, fuera de algunas alcaldías involucradas en rescate y ayuda, fue la presencia eficaz y activa de ningún ente público nacional prestando servicios de rescate y protección a las víctimas y su patrimonio.
El primer parte oficial del gobierno de Venezuela tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026 se produjo durante la mañana del 26 de junio de 2026, según agencias internacionales y, antes de ese momento, el 24 de junio solo se habría producido la declaratoria de emergencia que anunció el ministro de Salud, sin que ello estuviese acompañado por manifestaciones efectivas de un acompañamiento eficaz por parte de los organismos del poder central, como quedó manifiesto en redes sociales y medios de distintas orientaciones y tendencias. El mismo día 26, hubo declaraciones del hermano de la presidenta interina en las que, con el carácter de presidente de la Asamblea Nacional (un órgano al que no corresponde informar sobre estas contingencias y, menos aún, disponer la forma en que se aplicaran las medidas de asistencia a las víctimas que se quedaron sin techo, trabajo y servicios). Estas declaraciones debieron ser brindadas por los organismos del poder central encargados por constitución y ley de la atención a desastre, y no ocurrió así.
Nada de esto parece importar al interinato, que a falta de planificación se encarga de administrar la contingencia con el estilo de gerencia compulsiva al que el chavismo quiere acostumbrar a un país que se desacostumbró a los planes estables.
Nada extraño para un país que no tuvo planes de desarrollo definidos sino hasta la segunda mitad del siglo XX, concretamente en 1960 con la creación de Cordiplan y la implementación de planes nacionales de desarrollo y crecimiento institucional, y que fueron abandonados por el régimen psuveco que orientò la actividad del estado a la implementación de un invento exógeno llamado Socialismo del Siglo XXI. Proceso que condujo a que el país fuera gobernado por un ciudadano desdoblado en comic y que se hacía llamar Superbigote, con unos “planes” que motejó como “motores” (personaje que pareció olvidar que los motores funcionan con combustible y que en el caso venezolano nuestros hidrocarburos dejaron de producir la fuerza económica necesaria para mover los tales motores) los cuales, por haberse, fundido, no funcionaron en esta contingencia lamentable que desgració a nuestra patria, aunque, como dicen algunos, la desgracia comenzó en 1998..
¿Como planificará el relevo psuveco tolerado por Washington las políticas para solucionar las consecuencia inmediatas y lejanas del terremoto?, ¿Habrá planes a plazo inmediato, intermedio o lejano?, nada parece indicar, por ahora, que se vaya a implementar una política coherente. Todo tiende a señalar que la respuesta será la de implementar ciudades dentro de la ciudad, como las ideadas por el nefasto Farruco Sesto, quien convirtió los espacios del Plan Rotival (vid. De Sola Ricardo, Irma. Contribución al Estudio de los Planos de Caracas) en una aglomeración de ranchos verticales habitados por militantes psuvecos que alterarían la composición electoral de las parroquias del centro de Caracas para favorecer al chavismo.
Las soluciones a los problemas que trajo el sismo en diferentes localidades deben ser diferenciadas, planificadas e implementadas por comisiones de expertos independientes que se alejen de la mala costumbre psuveca de sobrevivir a las contingencias pero sin solucionarlas, por lo que muchos damnificados del deslave de 1999 en el estado Vargas volvieron a ser damnificados del terremoto de 2026 y, por ahora, solo vemos algo así como atisbos de una campaña electoral para lavar la imagen de Delcy, Jorge, Diosdado o un eventual outsider chavista, sin proteger a las víctimas de la tragedia, que son colocadas bajo techos de lona hechos con pañitos calientes, mientras el país comienza a exigir, irreversiblemente, se establezcan responsabilidades por el inepto manejo de la tragedia.
* Historiador, Escritor
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