Arturo Meléndez: Destino Manifiesto

Por Arturo Meléndez

El imperio británico, o concretamente Inglaterra -pues hasta 1707 no hubo formalmente Reino de la Gran Bretaña- llegó tarde al Nuevo Mundo y por ello debió escoger ocupar en él las tierras que no habían sido descubiertas o reclamadas por ninguna otra de las potencias navales del viejo mundo que habían llegado antes, por lo que le tocó ocupar con mucha modestia y dificultad espacios ubicados al norte de la costa este de los actuales Estados Unidos de América.

Primera Parte

Inglaterra no tuvo presencia en América hasta finales del siglo XVI, cuando con conocimiento y autorización de la Reina Victoria, en 1585 se intentó establecer una colonia en la actual Carolina del Norte, pero el proyecto fracasó y sus habitantes desaparecieron misteriosamente sin dejar rastro, constituyendo el hecho histórico que investigadores y opinadores denominan el misterio de la colonia perdida de Roanoke.

En esas primeras avanzadas inglesas metieron baza personajes tan peculiares como  Walter Raleigh, uno de los favoritos de la Reina Virgen, en cuyo honor se denominó Virginia a ese territorio mal fundado, y que luego sería encomendado en desarrollo a compañías privadas autorizadas por el rey Jacobo I. Empresas  que abandonaron el camino de la búsqueda de oro y metales preciosos que, a semejanza de las primeras expediciones españolas, habían emprendido los primeros navegantes ingleses que incursionaron por las costas de este hemisferio desde los tiempos del legendario John Cabot (realmente Giovanni Cabotto porque era italiano).

Una de estas sociedades mercantiles, la Virginia Company of London, funda en 1607 la ciudad de Jamestown (en homenaje al rey James de Inglaterra), en la cual se asientan con éxito los colonos traídos por la compañía y que se asientan allí tras múltiples contingencias (hambre, enfermedades desconocidas y guerras con los aborígenes) que llegaron a diezmar la población. Pero el descubrimiento del cultivo del tabaco por John Rolfe convirtió a Virginia en una colonia altamente rentable, lo que atrajo a miles de nuevos colonos, y dio pie a nuevos poblados estables.

Mas tarde, y por motivos de libertad y creencias religiosas, llegaron a territorio americano las expediciones de los peregrinos y los puritanos, quienes huían de la intolerancia del anglicanismo, convertido en religión oficial del Reino de Inglaterra, y pretendían ejercer su fe en un ambiente de libertad religiosa que no podían tener en su país de origen.  Fue así, como un grupo de devotos religiosos y trabajadores que los acompañaban, partieron en agosto de 1620 desde el puerto de Plymouth buscando llegar a Jamestown, pero el destino y las condiciones de la naturaleza desviaron su curso de navegación atlántica hasta el sitio denominado Cape Cod en la costa del actual estado de Massachussets, donde desembarcaron el 9 de noviembre de ese año y fundaron Plymouth, muy cerca del invierno y en condiciones desfavorables que gracias a la providencia pudieron vencer.

Estos colonos llamados por la historia estadounidense los Padres Peregrinos, llegaron a América en un barco bautizado como Mayflower, y a su llegada, los pasajeros y tripulantes varones (peregrinos y “extraños” como se llamaban entre ellos), firmaron un acuerdo que se cocerá como Pacto del Mayflower, en el que los colonos, sin respaldo del reino o sus concesionarias comerciales, firman un acuerdo voluntario dirigido a establecer una forma de gobierno basada en leyes justas e igualitarias para el bien de la Colonia. Una primera aproximación a una constitución que regiría la actividad de quienes la firmaron y su descendencia.

Con el tiempo fueron llegando nuevos colonos y la corona inglesa fundó nuevas colonias para ellos y adquirió de Holanda sus posesiones de la Nieuw Nederland en 1664, una parte de la cual pasó de ser Nueva Ámsterdam a Nueva York como se le conoce actualmente, la Nueva Holanda comprendía los actuales estados de Nueva York, Nueva Jersey y Delaware, en donde regían principios de pluralismo y libertades civiles.

Para finales del siglo XVIII las trece colonias comprendían buena parte de las posesiones británicas de norte de América, y en ellas coexistieron los principios de libertad y justicia con la supremacía racial y la práctica del uso de mano esclava como fuerza de trabajo, las primeras producirían la constitución de 1776 y las segundas la guerra de secesión de 1762 y sus secuelas ideológicas y éticas que se mantienen en buena parte de la actual población de los Estados Unidos de América.

Desde antes de la independencia hubo una tendencia a que los nuevos colonos que  venían solo de las islas británicas, buscaran asentarse en territorios al oeste del conformado por las 13 provincias originales de la federación americana, hizo que estas personas y las de otras nacionalidades que llegaron después hicieran productivos los territorios que el gobierno federal americano hiciera suyos y que por ende debiera preocuparse del destino de los bienes que allí se generaban (pieles, granos, madera y otros) los cuales deberían ser transportados por vía fluvial hasta el puesto de Nueva Orleans, que era hasta 1803 territorio francés. Por lo que Thomas Jefferson, presidente en ese momento, fue alertado de esa necesidad, y propuso al gobierno de Francia la adquisición de parte del territorio de Luisiana. Negociación que, por razones de suerte, oportunidad política y la miopía de Bonaparte en querer centrar la influencia económica francesa en la producción azucarera de Saint Domingue, condujeron a la compra de ese territorio por la unión americana y la anexión de más de dos millones de kilómetros cuadrados a su territorio original y la adquisición de un puerto fluvial con estratégica salida al mar, lo que aumentó su importancia económica y militar. 

La adquisición de Luisiana dio inicio a la expansión estratégica gringa, la búsqueda de la costa del Pacifico y la anexión y compra de nuevos territorios, con ideales que esta vez iban más allá de la libertad y la democracia, ahora habían nuevas motivaciones de estrategia económica y fundamentación ideológica, siendo la principal de ellas la doctrina del destino manifiesto elaborada principalmente por el editorialista John O ‘Sullivan (quizás llamado Jack por sus amigos). Doctrina cuya línea principal es la creencia del siglo XIX de que Estados Unidos recibió de Dios la misión de expandirse por el continente americano. Esta idea justificó el crecimiento territorial, las guerras y el poder político del país. Y sus consecuencias inmediatas fueron, pues en base a ese mandato divino E.E.U-U. impulsó la expansión hacia el oeste de Norteamérica, provocó la guerra contra México entre 1846 y 1848, ocasionó el desalojo y daño grave a los pueblos indígenas. Y sirvió de base ideológica para influir en otros países de América y el mundo.

Así hemos llegado hasta este momento en el que los Estados Unidos de América se ha convertido en la primera potencia del mundo después de adquirir territorios por negociación económica, anexarse en guerra los de sus vecinos, enfrentarse a potencias europeas y apoderarse de sus territorios ultramarinos (así fueran los del decadente imperio español en Cuba, Puerto Rico y Filipinas,) hasta su innegable presencia dominante en Venezuela y su influencia en todo tipo de foros internacionales (políticos, humanitarios, económicos, culturales, ideológicos y militares) en los que el actual presidente norteamericano Trump, quizás viendo más hacia adentro  de su país que hacia afuera del mismo, pretende aumentar la influencia global de USA con fundamentos en una doctrina que se inició en una época de limitaciones democráticas y una economía en la que buena parte de su producción era generada por  mano de obra esclava. Pero es innegable que la actual administración quiere complacer con ello a un electorado formado mayoritariamente por blancos pobres que ven una amenaza en el pluralismo democrático y la multipolaridad internacional.

De ello seguiremos hablando, si no les molesta, en una segunda parte de esta apretada síntesis que tuve que escribir casi de memoria y sin soportes documentales (salvo la valiosa ayuda de la IA para alguna fechas y comentarios puntuales) en razón de que me encuentro convaleciente de una operación para corregir el desprendimiento de la retina de mi ojo izquierdo. Así que les pido disculpen los errores que mi limitación oftálmica pueda haber causado.

Segunda Parte

En 1803, el presidente Thomas Jefferson dirigió un innovador acto de diplomacia extranjera a través del Senado de los Estados Unidos: la compra del territorio de Luisiana a Francia, en la que tuvo mucho que ver James Monroe, un personaje que llegaría a ser presidente de los Estados Unidos y un abanderado de su política internacional. Luego del finalizar el Tratado de Compra de Luisiana, en 1804, Jefferson inició una exploración del territorio recién comprado y de la tierra más allá de las “grandes montañas rocosas” en el oeste.  Eligió a Meriwether Lewis para dirigir la expedición con la ayuda de William Clark. Juntos formaron un original y diverso cuerpo de descubrimiento militar que emprendería un viaje de dos años hasta las costas del Océano Pacifico.   Con lo que Estados Unidos exploró y se anexó territorios continentales que luego se convertirían en estados integrantes de la unión americana.

Así fue como Estados Unidos logro integrar e ir desarrollando la totalidad de los territorios de su frontera con Canadá, lo que le confería fortaleza e integridad territorial, pero no se conformaron con esa frontera, así que comenzó a mirar más al Sur. Casi que por accidente, Méjico en 1821 se independiza de España y para fundamentar su dominio sobre el territorio de Tejas, actual Texas de USA, donde está acosado por la nación indígena comanche, decide regalar tierras cultivables a colonos estadounidenses para que funden en ellas explotaciones agrícolas que desplacen a los comanches que dominaban una gran extensión del territorio tejano. Es así como cientos de colonos y sus familias se desplazan a territorio mejicano, reciben sus tierras y comienzan a explotarlas, estableciendo pequeñas fortificaciones administradas por milicias familiares que las protegen de los ataques de unos indígenas que se sentían amenazados por mejicanos y estadounidenses.

Un par de décadas después, los mejicanos deciden abolir la esclavitud en todos sus territorios, lo que recibe la oposición de los colonos americanos que habían llevado mano esclava para cultivar algodón en las tierras cedidas por Méjico, así comienza la guerra entre los colonos estadounidenses dirigidos por Samuel Houston y el ejército mejicano, la cual concluye con el triunfo de los colonos en la batalla de San Jacinto y da origen en 1836 a la llamada República de Texas, que no logró inmediatamente incorporarse como estado de la unión americana para evitar romper una línea de equilibrio político en el congreso norteamericano entre estados esclavistas y opuestos a la esclavitud.

Después de la derrota mejicana USA busca más territorios, impulsada por los vientos de la doctrina del destino manifiesto, es así como el presidente Polk, firme creyente que Estados Unidos debía controlar toda Norteamérica, reconoce a la Republica de Texas y la incorpora como estado federal. Este reconocimiento irritó al gobierno mejicano y USA responde con una invasión militar que llevó a ambos países a una guerra entre 1846 y 1848. Guerra que concluyó con el tratado Guadalupe Hidalgo en el que México cedió formalmente Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado y Wyoming, consumando de forma práctica el Destino Manifiesto en el continente.

Desde ese momento los Estados Unidos de América, con el pretexto de llevar la libertad y la democracia a otros territorios, se valen de cualquier mecanismo de guerra o negociación para adquirir nuevos territorios, justificándose en declaraciones como la doctrina Monroe o el corolario Roosevelt, en los cuales fundaron intervenciones que les permitieron operaciones internacionales de apropiación y dominio territorial o estratégico no solo en América, sino en todo el planeta.

En base a esos postulados que iban desde su seguridad interna hasta la protección de intereses económicos estadounidenses o de aliados estratégicos, EEUU se permitió intervenir en diferentes escenarios en formas nada sutiles y que ahora parecen ser reivindicadas como modelos políticos por la administración de Donald Trump para “reengrandecer” a una América que parecía no tener cabida en un mundo multipolar.

El 3 de enero de 2026 un raid de fuerzas armadas norteamericanas se llevó prisionero al personaje que ejercía la jefatura del poder ejecutivo en Venezuela y permitió que una señora de apellido Rodríguez continuara ejerciendo esas funciones tan “delcimente” que no puedo escapar a la tentación de reproducir un extracto de la carta que en 1829 Simón Bolívar le escribió a Patrick Campbell, advirtiéndole que: «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad». Esta por verse si El Libertador acertó o exageró en su pronóstico. 

* Historiador, Escritor

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

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