Dedicado al Dr. Heraclio Atencio Bello, un inspirador venezolano, de gran imaginación y empuje.
Por Eduardo Martínez
Los venezolanos ya conocemos la historia. Realmente, no necesitamos descubrir nada. Decir esto no es producto de la soberbia, y mucho menos de una exagerada expresión de nacionalismo o de creernos superiores a nuestros vecinos geográficos.
Los que somos de una generación intermedia, a las puertas de la tercera edad, tuvimos la una experiencia única en la historia venezolana. Tuvimos ante nosotros las oportunidades que la generación de nuestros padres no tuvieron, y que por lo visto se fueron desdibujando después con las generaciones que vinieron luego de nuestros hijos.
Sin ser petulantes podemos decir que conocemos lo que es vivir bien, o por lo menos mejor, de como se vive hoy en día en Venezuela.
Somos de la etapa de un país en que los extranjeros venían , y prácticamente a nadie se le ocurría irse. Ni siquiera quienes se iban a estudiar a las mejores universidades, y que por su desempeño académico se les abrían oportunidades de trabajo y vida en el primer mundo. Regresaban.
Si conoces el mejor mundo, y si además recibiste en Venezuela y/o en el exterior la educación punta del momento, sabes como son las cosas.
No necesitamos diseñar y construir cohetes para viajar al espacio exterior. Pero si podemos satisfacer las necesidades de la Venezuela trabajadora para ir a su trabajo en la mañana y regresar en las tardes a su hogar.
No necesitamos tener conocimientos de bioingeniería para clonar plantas y rebaños. Pero si podemos resembrar las grandes extensiones de terrenos de cultivos abandonados que una produjeron lo que nutría las mesas.
No necesitamos traer rusos, bielorusos, chinos o iraníes para construir viviendas. Desde hace décadas aprendimos de la inmigración italiana a como construirlas.
No necesitamos volver a traer a Venezuela a los músicos italianos que fundaron las bandas militares a principios del gomecismo, y los que luego vinieron a impartir clases en los conservatorios y formar parte de las sinfónicas nacionales. Solo tenemos que traer de vuelta a los músicos venezolanos, que regados por el mundo, integran y dirigen las mejores orquestas del primer mundo, y de otros mundos.
Asimismo, no tenemos que construir escuelas, liceos y universidades. Tenemos la infraestructura sembrada por todo el país. Solo tenemos que darles el mantenimiento requerido y el aggiornamento para que funcionen a la par de los tiempos.
Igualmente, con la infraestructura de salud, en esa red diseminada por todo el país con grandes hospitales, centros clínicos y ambulatorios que no atienden paciente por que toda la acción del gobierno desde Caracas tiene otros intereses.
El aceite que hará funcionar estas y otras áreas pasa por un salario justo a los profesionales. Educadores que puedan asumir los gastos para que sus familias tenga una vida digna. Igual que los médicos, los productores agrícolas, los criadores, y todos los demás trabajadores que producen el bienestar a la población.
¿Qué hay qué hacer?. Lo primero es tener conciencia que NO debemos descubrir nada. Lo qué queremos lograr, la meta, la conocemos. Sabemos cuáles son las ideas centrales para empujar al país hacia adelante. Ya lo vivimos en nuestras vidas.
Estamos en deuda con las nuevas generaciones y las que vienen. Debemos no dejarnos apabullar por la inmensidad de las tareas. Uno a uno, iremos resolviendo los problemas para salir de la crisis. Ya llevamos 25 años de crisis, una tras otras. Pasemos a la acción. Y hagamos lo que hay que hacer. Tenemos la oportunidad ante nosotros, no la dejemos pasar de largo.
@ermartinezd