A 45 años de la muerte de Rómulo Betancourt, su archivo pasa a Human Rights Foundation

Human Rights Foundation (HRF) anuncia que Alfredo Coronil Hartmann, hijastro del expresidente de Venezuela Rómulo Betancourt —hijo de su esposa, Renée Hartmann— y heredero de sus bienes, transfirió en mayo de 2023, en la ciudad de Nueva York, a Thor Halvorssen, fundador de HRF, la custodia y administración del archivo completo, la memorabilia y la mitad de los derechos sobre la herencia intelectual de Rómulo Betancourt Bello, el Padre de la Democracia venezolana. La otra mitad de los derechos permanece en manos de la única hija de Betancourt, Virginia Betancourt Valverde. El anuncio se hace hoy, cuando se cumplen 45 años de la muerte de Betancourt (Nueva York, 28 de septiembre de 1981).

Rómulo Betancourt presidió Venezuela en dos períodos fundamentales: de 1945 a 1948, cuando estableció el sufragio universal y se realizó la primera elección libre de la historia del país, y de 1959 a 1964, cuando consolidó la democracia civil, fundó la OPEP junto a Juan Pablo Pérez Alfonso, promulgó la Constitución de 1961 y realizó la primera transferencia pacífica del poder entre presidentes electos en la historia republicana de Venezuela. Su legado no se limita a sus años de gobierno: es el andamiaje moral e institucional sobre el cual descansa toda la tradición democrática venezolana, y su doctrina —la negativa a reconocer a todo gobierno nacido de un golpe militar, fuera de la izquierda o de la derecha— sigue siendo la posición moral más clara de la diplomacia latinoamericana frente al régimen que hoy ocupa Venezuela.

Alfredo Coronil Hartmann —escritor, abogado y profesor universitario— fue durante décadas el guardián de la memoria de su padre, a quien consideraba no un recuerdo familiar sino un bien público venezolano. Falleció en Caracas el 27 de enero de 2025. Esta decisión había madurado en él durante años: en una carta de febrero de 2017 escribió a Halvorssen que los bienes de Rómulo “no merecen para el futuro de nuestro país quedar encerrados en closets a mi muerte”, y que “Betancourt será el referente moral de la nueva democracia que se tiene que hacer cuando saquemos a estos delincuentes”. Custodiar y difundir ese legado es, en las circunstancias actuales, un acto de resistencia.

Entre los tesoros que ahora administra HRF se encuentran la medalla presidencial, la banda presidencial y la bandera de Rómulo Betancourt. La fundación ha comunicado su disposición a prestarlos a la nación venezolana para la investidura del próximo presidente legítimamente electo de Venezuela.

La elección de Thor Halvorssen como depositario de esa herencia no fue casual. Es venezolano —descendiente, por línea materna, tanto de la familia del libertador Simón Bolívar como del primer presidente de la República, don Cristóbal Mendoza— y ha consagrado su vida a la misma causa que definió la existencia de Betancourt: la defensa de los derechos humanos y la lucha por la democracia frente a las dictaduras. En el año 2005, Halvorssen fundó HRF, organización que en más de dos décadas se ha convertido en una de las voces más influyentes del mundo en la defensa de las libertades fundamentales, con especial atención a la crisis venezolana.

Según Halvorssen: “El acuerdo alcanzado en Nueva York con Alfredo es más que una transferencia de derechos sobre un archivo. Es la transmisión de una responsabilidad histórica: la de custodiar, difundir y reivindicar la memoria del estadista cuya obra mayor fue demostrar que Venezuela —con todo su petróleo, sus caudillos y sus cicatrices— era capaz de gobernarse con libertad. Betancourt lo logró desde el exilio, desde la cárcel y con las manos quemadas por una bomba ordenada por un dictador. Lo logró porque nunca creyó que la democracia fuera un lujo o una concesión, la entendió siempre como la única forma legítima de organizar la convivencia entre seres humanos libres”.

“En un momento en que Venezuela atraviesa una de las crisis más prolongadas y devastadoras de su historia, la vigencia de ese legado no es nostálgica: es urgente. La Doctrina Betancourt (el principio según el cual ningún gobierno surgido de un golpe de Estado merece reconocimiento diplomático ni legitimidad internacional) es hoy más pertinente que nunca. Y la obra de Human Rights Foundation, que ha documentado, denunciado y combatido el deterioro de la democracia venezolana durante más de dos décadas, es la expresión contemporánea del mismo espíritu que llevó a Betancourt a fundar Acción Democrática, a pactar en Puntofijo y a entregar el poder con la Constitución intacta”.

“La memoria de Rómulo Betancourt no pertenece a un partido ni a una familia, pertenece a Venezuela. Esperamos que ahora, desde HRF, organización que ha hecho de la defensa de esa Venezuela libre el eje de su existencia, esa memoria encuentre fiel custodia”, concluyó Halvorssen.

Fuente: Human Rights Foundation (HRF)

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