En los años 30 del Siglo 20 París era el centro del exilio venezolano. Se reunían amigos y enemigos de Juan Vicente Gómez para conversar sobre Venezuela: intelectuales, diplomáticos, exiliados, entrados en desgracia, famiias uno de otros, y estudiantes venezolanos de la alta clase política venezolana.
Entre esos expatriados – expatriés, como dicen los franceses- se encontraba Laureano Vallenilla-Lanz, quien luego tuviera destacada figuración en el decenio pérezjimenista (1948-1958).
A continuación, incluimos el tema del exilio con extractos de la autobiografía “Escrito de Memoria” de Vallenilla-Lanz. Lo que se narra, es ilustrativo de como pensaba la privilegiada intelectualidad de principios del Siglo XX:
“Vuelvo a la rutina de la vida universitaria. Falta un año para que terminen mis estudios. Después, regresaré a Venezuela. Aspiro a trabajar, casarme. Mi novia y yo hacemos proyectos para el porvenir. Mi padre desea que ejerza la profesión de abogado. Más tarde, si persisto en la idea podré dedicarme a la política hacia la que me observa marcada vocación, Primero, es necesario ganar la independencia económica para quedar a salvo de claudicaciones. Además, la carrera pública entre nosotros es un tormento. Los hombres exponen vida y patrimonio”.
(…)
« Si usted se dedica a la política, espere dos o tres destierros y cuatro o cinco saqueos. En la adversidad, los políticos venezolanos pierden de un golpe Patria, Hogar y Hacienda. Para ellos no existe piedad y mucho menos Ley. Les acechan la traición y la ingratitud. Sea político si usted se siente con fuerzas para soportar todo eso. De lo contrario, instálese como cirujano dentista y viva de la clientela sin hacer referencias al gobierno de turno. Quizás así lo dejen en paz”.
(..)
“Zumeta abunda en reflexiones similares”.
“Busque cierto bienestar económico y dedíquese a las Letras o a la Historia. Una persona culta no debe aspirar a más en nuestra Patria donde las altas posiciones oficiales no son para los mejores. El intelectual venezolano es un perseguido de todos los gobiernos y debe mantenerse en la oscuridad para sobrevivir. A veces, por casualidad, le arrojan un mendrugo de un consulado o de una función diplomática y se lo enrostran toda la vida como un crimen. Los ministerios son entre nosotros para los brutos, a quienes llaman sus congéneres discretos, serios o ponderados. Los plumarios, como se nos califica despectivamente, somos locos, perversos, amargados y peligrosos. El General Gómez me hizo Ministro, pero se arrepintió. Formé parte de un gabinete ateniense, con Pedro Emilio Coll y Díaz Rodríguez, presididos por Gil Fortoul, pero contra nosotros hubo una protesta casi unánime y nos sustituyeron por Generales y Doctores serios, de chaleco y leontina de cochanos …”
Fuente: Escrito de Memoria, Laureano Vallenilla-Lanz, pag. 122-123, Ediciones Garrido, Caracas, 1967.
Fotografías: el Cafe de la Paix, 1935; y, Laureano Vallenilla-Lanz el día de su matrimonio en Caracas, 1936.
Redacción ews.