Transición educativa en Venezuela: de  la educación bolivariana a la educación democrática

Por Ramón Alexander Uzcátegui  y  Carmen Arelis Uzcátegui

Presentación

El mejor modo de caracterizar la Venezuela y la educación de los últimos años es que funciona en modo colapso1, fenómeno caracterizado por el deterioro de la institucionalidad estatal y de la estructura que lo administra, rasgo propio de los estados fallidos. La acción gubernamental se ha centrado más en la acción por la supervivencia de un sector político que ha monopolizado el Estado desde 1999, que por la atención de los principales problemas que afectan al conjunto de la población venezolana. Partiendo del hecho de que el texto constitucional dejó de ser referente de acción de gobierno, sobre todo en lo referido a los asuntos educacionales (artículo 102, 103, 104), pese a la estruendosa publicidad que sostiene que lo mejor que se ha hecho en tiempos de revolución, y sus distintas prolongaciones hasta la situación actual, es la de extender la educación a modo de milagro educativo o bajo la idea de que Venezuela es récord mundial de escolaridad, incluyendo en educación superior.

De la situación actual a la situación en transición

La educación pública venezolana ha venido sufriendo una constante deserción en cuanto a docentes se refiere en todos los niveles. La migración masiva, el abandono del cargo por salario insuficiente han dejado miles de aulas abandonadas; muchos, por la insuficiencia de sus ingresos económicos, se han visto obligados a recurrir a otras actividades informales, el comercio independiente o el dictado de tareas dirigidas desde el hogar. Ante esta falla de docentes, profesores titulados, muchas instituciones recurren a personas profesionales de otras áreas y personas de las comunidades, muchos de ellos  (bachilleres), para suplir la marcada ausencia de profesionales de la educación que asuman la responsabilidad de enseñar debido a la falta de docentes especialistas. Aunque estos profesionales puedan dominar los contenidos, suelen carecer de las herramientas pedagógicas y didácticas necesarias para la enseñanza a niños, niñas y adolescentes.

La realidad nos indica que los docentes se encuentran en estado vulnerable; su situación económica es crítica y en precariedad extrema, marcada desde cuatro años sin aumento en el salario base. El ingreso mensual promedio oscila entre 2$ y 15$, un monto que no cubre ya la cesta básica alimenticia, sin contar con servicio de salud, calzados y vestimenta, el aumento del pasaje que se hace mensualmente. El sustento depende de una bonificación a través de una plataforma Patria y el Ministerio de Educación, que no tiene incidencia en los bonos vacacionales y jubilaciones. Muchos docentes se han visto en la obligación de reducir los días de clase a un esquema de contingencias de solo tres días, lo que produce un conflicto con directores de la instrucción educativa y supervisores que les obligan a cumplir con los días y las horas establecidas, amenazándolos con despidos, viviendo en una lucha constante. Sumado a esto, también enfrenta otra situación y es la de la infraestructura de las instituciones educativas; las mismas se encuentran actualmente en una situación precaria en lo que se refiere a lo estructural, por el deterioro o abandono de las plantas físicas, falta de mobiliario en las aulas, fallas constantes de electricidad, así como también carecen de un suministro regular de agua potable. Los docentes tratan de mantener y cuidar para el bienestar de los niños y niñas; acuden a los entes gubernamentales sin respuesta alguna. Muchos docentes están enfrentando agotamiento físico y mental.

Los sindicatos han venido realizando una serie de acciones, luchas, conversaciones con el Ministerio de Educación para el aumento de sueldo, que durante hace cuatro años, por más que el gobierno asigne una bonificación sin incidencias y paguen cestaticket, eso no es suficiente debido al aumento de la inflación. EL gremio docente se encuentra esperanzado en que en Venezuela surjan cambios políticos que logren estabilizar la situación económica del país, así mejorar la calidad de vida de los docentes, tanto activos como jubilados y pensionados, mejoren las condiciones dignas de trabajo, actualización de la contratación colectiva.

La principal demanda unitaria de los sindicatos es la firma y discusión de la III Convención Colectiva Única y unitaria del sector educativo. Exigen la restitución de la escala salarial y de los tabuladores que reconozcan los años de servicio, la profesionalización, postgrado y maestrías, los cuales aseguran quedaron aplanados; advierten que la falta de un salario integral adecuado destruye el cálculo de las prestaciones sociales, fidecomiso y jubilaciones; esto provoca que docentes con 20 o 30 años de servicio pasen al retiro en condiciones de vulnerabilidad económica.

La principal quejas sindical y gremial se centra en que, al mantenerse congelado el tabulador salarial de base el cálculo monetario del bono vacacional de 60 días no ha experimentado aumentos reales acorde con la tasa de cambio o el costo de la canasta alimentaria y de seguir esto no desean imaginar los aguinaldos estén en la misma situación, es muy desesperante la que se vive el gremio docente, también obreros, personal administrativo están sufriendo esta situación, los representantes sindicales no descartan en hacer un llamado la paralización y no inicio a clase como medida de presión de no darse una restitución real del poder adquisitivo ni una respuesta a las solicitudes salariales durante el receso vacacional, el inicio del nuevo año escolar en septiembre/octubre se verá seriamente comprometido por la imposibilidad física y económica de los docentes para incorporarse a sus aulas, ya que muchos a igual que el personal obrero, administrativo son padres y madres, viven con un rosario en la boca para que sus niños y niñas, familiares no se enfermen porque esa es otra situación los medicamentos cada día aumentan, los hospitales están sin nada, sumado a esto la compra de uniforme, útiles escolares, compra de alimentos que aunque no hay aumento salarial, las bonificaciones no salariales en divisas (indexadas) ayudan a amortiguar el gasto del mes se agota rápidamente, sumado a esto también el aumento de pasaje que mensualmente sube y que hay maestro que tiene que agarrar como mínimo un trasporte o dos para trasladarse a su lugar de trabajo, da tristeza que el salario mínimo lleva cuatro años establecido en 130 bolívares, esperemos que en este nuevo año escolar los decentes no deserten, dejen las aulas de clases por que no aguante más la situación, dedicarse a otra forma de trabajo que les pueda garantizar una mejora de vida.

Elementos a considerar en un escenario de transición

Frente a este diagnóstico sobre la situación docente, ¿qué se puede plantear en un contexto de transición, aun sin tener rumbo cierto del proceso? Lo primero es exigir condiciones adecuadas para el ejercicio de la profesión docente; la transición en algún punto debe considerar las condiciones sociales en las que se mueve el trabajo en Venezuela, particularmente el trabajo en educación. Esta mesa de asuntos sociales debe estar en sintonía con la recuperación económica de la que se habla en la “transición de tres pasos”.

En el proceso de transición deben avizorarse los nuevos valores a los cuales transite el proceso educativo y la articulación del sistema educativo- escolar. Pasar de la educación bolivariana, cerrar el ciclo al culto histórico y abrir paso a una educación republicana. No podemos pensar que estos temas sean ajenos a la comunidad escolar cuando lo que precisamente se está definiendo es su futuro. La historia de las transiciones en Venezuela ha visto en la educación una fórmula de regeneración y avance social. Las transiciones de 1936 y de 1958, cuyo sustento fueron los ideales de una sociedad democrática, vieron en la educación y en sus docentes el liderazgo necesario para acompañar en el contexto concreto, local, el liderazgo para el avance de la cultura.

Mientras que 1936 constituyó el nacimiento técnico y profesional de la pedagogía moderna venezolana (pasando del aislamiento gomecista a la formación científica del docente), 1958 significó la democratización masiva del sistema y la consolidación de la autonomía académica y del Estado docente. La transición educativa de 1999 llevó al colapso al sistema educativo, pese a los buenos deseos del discurso autocrático que se instaló en lo que va de siglo.

La extracción de Nicolás Maduro en enero de 2026 al parecer cierra un ciclo de crisis y abre un proceso de transición, aún incierto, para muchos venezolanos. Las condiciones que permiten comprender este desenlace remiten a un proceso acumulativo de tensiones nacionales e internacionales, disputas geoestratégicas y mecanismos de presión internacional, intensificados desde mediados de 2025 en el marco de agendas vinculadas al control del narcotráfico y a la situación institucional venezolana. Ahora, los actores políticos estarán bajo la tutela y observación. Más allá de las narrativas justificadoras en disputa sobre los acontecimientos del 3 de enero, la intervención marca el cierre de un ciclo político y la apertura de otro, igualmente complejo e incierto, cuyas consecuencias aún se encuentran en fase de configuración. En el plano de los más obvios, la profundización de la economía Chevron (extracción petrolera), hasta ahora funcional a los intereses de quienes detentan el poder en el país. En el plano interno, este episodio interrumpe una secuencia de continuidad política establecida tras el proceso electoral del 28 de julio de 2024, inaugurando un escenario de redefinición institucional. Una de ellas, la reinstitucionalización de los partidos políticos y con ello la posibilidad de apertura del escenario electoral en el mediano plazo.

El escenario abierto a partir de enero de 2026 plantea, por tanto, interrogantes centrales sobre la reorganización del país y sobre el lugar que la educación puede ocupar en un eventual proceso de transición y reconstrucción institucional. La educación debe ser un espacio de diálogo que haga posible la democracia. La democratización del país necesita gestos y hechos. La educación aparece aquí no solo como un sector afectado por la crisis, sino como un componente estratégico para la recomposición de la vida democrática, entendida como un conjunto de prácticas, reglas e instituciones capaces de canalizar la pluralidad social y política del país. Una educación que reedifique la república se hace necesaria; una política y gestión pública que vele por la dignidad del maestro, el estudiante y la comunidad educativa se hace hoy un imperativo. Reinstitucionalizar la educación (con ello la formación, la carrera y el trabajo docente) sería una buena consigna para insertar la educación en el proceso de transición que estamos transitando.

Referencias:

1 Bravo, L. y Uzcátegui, R. Aproximación al lugar (histórico) que ocupa la educación en el conjunto demográfico del país desde una perspectiva de seguimiento (follow up) Paulo Freire. Revista de Pedagogía Crítica, Año 22, N° 32, julio – diciembre 2024, pp. 63 – 81 https://revistas.academia.cl/index.php/pfr/article/view/2732

Fuente: Uzcátegui, R. y Uzcátegui, C. (2026). Transición Educativa en Venezuela. L. Bravo Jáuregui (Eds.). Reconstruir la docencia para el (nuevo) amanecer democrático. Contribuciones a la reforma educativa(pp.127-133)

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