Por Gloria Cuenca
De pequeña, cuando nos mandaban a hacer algo que no queríamos usábamos esa técnica, hacíamos como si, no habíamos oído lo dicho. Era una manera de eludir la responsabilidad: “No te oí, no escuché que me hablaste.” Así nos librábamos de cualquier responsabilidad.
Me dice mi brillante e inteligente hijo, también bastante contundente al hablar, “hay otra manera de decir lo mismo: `hacerse el h…..´”. Como saben no me gusta escribir con groserías, aun cuando sea moda y se haya permitido en el habla corriente; y también las use, apenas aparece la incontrolable rabia. No obstante, son bastante gráficas, no requieren de mucha explicación. Eso de hacerse el sordo, es corriente entre la gente para no atender algo, se volvió un “lugar común”. Según me informan los jóvenes, ha sido sustituido por lo que me dijo mi hijo. Puede tener implicaciones importantes: no comprometerse, por falta de audición.
Sin embargo, fui siempre de carácter fuerte, peleé muchas veces porque me decían “gorda”, también cualquier otro insulto; ciertamente, mi conducta en la escuela, me bajaba la nota. Se lo comenté a mamá, ella lo pensó un segundo, dijo: ” Cuando pretendan fastidiarte, puedes usar el refrán que dice: `A palabras necias, oídos sordos.´” Gran recomendación. De seguida la adopté y comencé a utilizar la frase. Reflexioné sobre la misma, su ventaja y me sirvió de mucho en las diferentes controversias, debates y discusiones que enfrenté en la vida. También, nos sirve en este crítico y complejo momento existencial, que afrontamos los venezolanos; lo he vuelto a utilizar.
Observo, con sorpresa: ¡Dios mío! ¡Qué cantidad de gente con el “ego” disparado! Con ¿hiper inflación del ego? ¿cómo en la economía? ¿tal vez? Hay demasiadas “palabras necias” circulando por allí. Sorprende, especialmente, al observar como se dicen, inventan, manipulan datos, informaciones, sucesos y circunstancias, sin pensar ni por un momento, en la confusión que generan o incrementan en nuestros estimados lectores y ciudadanos. Suficiente con saber que los siguen o, les das “like”; ¡basta! con esa mediocridad se sienten bien. A esta edad, convencerme de la maldad me cuesta, también de la inconsciencia del humano. Me doy cuenta de la perversión, la hipocresía, la falta de consciencia de quienes actúan de esa manera; al lado de los extraños comportamientos de quienes se han auto proclamado: el régimen “interino”.
En medio de la locura colectiva que vivenciamos, observamos a estos ¿entes? actuando, “como sí” todo está ocurriendo dentro de una normalidad absoluta. Son sorprendentes en realidad. Creo que lo saben, pasé más de 25 años en terapias humanistas: Gestalt, Análisis Transaccional, Bioenergética, terapia Rogeriana, (de Carl Roger) Bio danza, Renacimiento, Dinámica de Grupo para la Educación, entre las más importantes. Todas me marcaron e influyen; en algunas, obtuve certificación para ejercerlas. No soy, tampoco quiero ser psicóloga, sin embargo, esas enseñanzas las tengo presentes y sirven para ayudarme en determinadas circunstancias. Son aprendizajes y contribuyeron a esta situación de serenidad y paz,lo que permite afrontar las complejas vicisitudes en soledad y, además siendo una anciana, las recuerdo, son un soporte constante. Muchas veces pensé en la trascendencia de la ética al vivir con esos aprendizajes, si se crece para bien, es un camino correcto, no olvidar lo que afirmaba el Libertador: “El talento sin probidad es un azote”.
He concluido, gracias a los muchos procesos terapéuticos vividos: “para poder seguir adelante y ser feliz en la vida” hay que: “perder el miedo a hacer el ridículo”. Eso pensamos por años. En aquella época, me pregunté, si en efecto, el sentirse “ridículo/a” impedía la felicidad o, al menos la serenidad. En esa época, pensaba en el ridículo más por la forma de vestirse y actuar, qué de otra manera. Resulta que, existe un programa de televisión, llamado “Ridículos”. Con gran éxito, además demuestra que “hacer el ridículo” ya no es un problema. Esta reflexión surge como consecuencia de observar la actuación de los “jefes del interinato”. Hacen cosas, ridículas, extravagantes, delictuales y fuera de lugar.
Al observar sus caras, no denotan molestia, mucho menos vergüenza o preocupación. Dicen y hacen cuestiones irregulares, su semblante se muestra neutro, hasta con una sonrisita. ¿No están mínimamente preocupados por la imagen que proyectan mediante sus acciones, tampoco por sus palabras? El pueblo, el país, la nación, observa la incongruencia manifiesta de los mismos. ¿Qué les pueden decir a sus seguidores? ¿Qué mienten? ¿Cuándo lo hacen? ¿Ahora, antes? Estamos enfrentados a un monstruo de muchas cabezas: ser capaces de pensar con serenidad, analizar todo lo complejo de esta situación, es complicado.
Imprescindible tener la paciencia, sabia y profunda de nuestra gran líder MCM, marca la ruta para el regreso a la democracia y la libertad. Bajo el impacto de miles de situaciones confusas, no obstante en la ruta segura, de la Libertad y la Democracia. A paso de vencedores: por ser de vencedores no implica que sea rápido, fácil, o directa. Avanzamos con confianza, estamos en el camino adecuado y correcto. ¿Se necesita hacerse el sordo, ante tantas necedades? Saber discernir cuáles son las palabras necias; buscan confundirnos y desviarnos de los propósitos necesarios, correctos y justos.
No perder la energía de la victoria, la confianza en el final democrático, la certeza de que tenemos la razón y ¡Nuestro amado Dios nos cuida y protege, junto a la grandiosa Virgen de la Coromoto!
Fuente: reportecatolicolaico.com
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